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Trump acusa al autor de ‘Fuego y furia’ de ser un mentiroso... y no le falta razón
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“LAS ESCENAS QUE RECREA salen DE SU IMAGINACIÓN”

Trump acusa al autor de ‘Fuego y furia’ de ser un mentiroso... y no le falta razón

Quienes le conocen dicen que Trump y Wolff “son como gemelos unidos por el ego”. Los artículos purulentos del periodista han hecho de él un hombre temido. Y famoso por 'estirar' los hechos

Foto: El periodista Michael Wolff durante una entrevista en la NBC sobre su libro, en Nueva York, el 5 de enero de 2018. (Reuters)
El periodista Michael Wolff durante una entrevista en la NBC sobre su libro, en Nueva York, el 5 de enero de 2018. (Reuters)

Hace seis días que ‘Fuego y furia: dentro de la Casa Blanca de Trump’ encabeza las ventas de libros de Amazon, el puesto más codiciado del mundo editorial. La casa que lo publicó, Henry Holt, tiene a las librerías pidiendo más y más como mastines hambrientos y las imprentas están al rojo vivo. Incluso libros de título parecido, como ‘Fuego y furia: el bombardeo aliado de Alemania’, publicado en 2009, vuelven a vender gracias al efecto colateral de los lectores despistados.

El autor del bombazo, Michael Wolff, de 64 años, se ha convertido en una de las personalidades más solicitadas del momento. La leyenda dice que se paseó por la Casa Blanca igual que Aníbal por Italia; un guerrero que venció con artimañas a los miembros del gabinete Trump y compuso, al final, cual batalla de Cannas, cerrando sus alas sobre la administración, un retrato inolvidable de la intimidad presidencial.

Su actitud recuerda a la del general cartaginés o a la del propio Donald Trump, que también actuó como un león en territorio enemigo. Un día de 2015 salió armado con un relato de campaña sensacionalista, visual, imposible; tendió un lazo al cuello de Estados Unidos y desde entonces todo el mundo habla de él todo el rato, da igual en qué términos. Wolff habría hecho lo mismo, quizás para vender millones de libros.

El periodista planeó su obra con total frialdad y determinación, cruzando todas las líneas rojas de la profesión para torpedear al presidente. “Lo hizo halagando vilmente a la Casa Blanca, ganando acceso, acogiendo cenas raras, y luego aprovechándose completamente de la falta de conocimiento básico de la administración de cómo funciona el periodismo”, escribe Drew Magarin en GQ. “Y gracias a Dios por ello” (...). Lo logró porque, al final, ha habido un reportero ahí fuera dispuesto a dejar de lado el decoro y quemar puentes como hace Trump”. Para hacer daño a Trump hay que ser como él, y Magarin no es el primero en observar paralelismos.

“Donald Trump y Michael Wolff se merecen el uno al otro. Son como gemelos unidos por el ego”, dice James Warren en ‘Poynter’. Dos personalidades propias de un ambiente muy particular: el Manhattan de las estrellas mediáticas. De un lado, el magnate inmobiliario y showman metido a político; de otro, un reportero afilado que transforma cualquier detallito en una historia de poder, sexo, dinero, auge y caída.

Foto: El exjefe de estrategia de la Casa Blanca, Stephen Bannon, durante una reunión entre Trump y líderes del Congreso. (Reuters)

Ambos nacieron afuera del cogollo neoyorquino: Trump en Jamaica Estates, Queens, y Wolff en Paterson, Nueva Jersey, una localidad que fabricaba paracaídas durante la segunda guerra mundial. En su mundo New York-céntrico, los dos serían B & T, acrónimo de “puente y túnel”: un insulto clasista para los que vienen a Manhattan desde la periferia y luego se dan grandes ínfulas para disimular su falta de “pedigrí”.

Wolff ha escrito crónicas mediáticas para New York Magazine, Vanity Fair o Hollywood Reporter; tiene seis libros, dos premios National Magazine y fundó el agregador de noticias Newser; en 2016 ocupó el puesto 90 en la lista Forbes de los más ricos. Hoy se deja ver en Manhattan “como un pavo real”, con gafas de pasta, labios abrillantados y bufandas extravagantes. Sus artículos gráficos y purulentos han hecho de él un hombre temido, eléctrico en su voluntad y calculadora influencia. Un cronista que “absorbe la atmósfera y el cotilleo que se arremolina sobre él en los cócteles”, según Michelle Cottle, que escribió un crudo perfil de Wolff en 2004.

Cottle habló con diferentes periodistas y entrevistados para diseccionar el trabajo y la personalidad de Wolff. El resultado no fue halagüeño. “Las escenas de sus columnas no son tanto recreadas como creadas: emanan más de la imaginación de Wolff que del conocimiento real de los sucesos”, escribió. Un editor afirma que el “gran talento [de Wolff] es la apariencia de acceso íntimo. Es hábil haciendo creer al lector que ha pasado horas y días con su sujeto, cuando en realidad quizás no haya pasado nada de tiempo”. Para David Carr, fallecido periodista del New York Times, Wolff “dirá cualquier cosa de cualquier persona. No tiene miedo de una manera que la gente atribuye a la sociopatología, pero siempre creí que eso era una estrategia empresarial”.

Estas palabras, escritas hace década y media, resuenan en las advertencias que se han hecho sobre Wolff en los últimos días. “Provocador y polemista mediático, Wolff tiene afición a desencadenar discusiones y a estirar los hechos tanto como sea posible, y a veces más allá de lo que pueden tolerar”, escribió Paul Fahri en ‘The Washington Post’.

placeholder Copias del libro  ‘Fuego y furia: dentro de la Casa Blanca de Trump' en una librería de Washington. (Reuters)
Copias del libro ‘Fuego y furia: dentro de la Casa Blanca de Trump' en una librería de Washington. (Reuters)

Michael Wolff, que fue empresario de las punto com en los noventa, reconoció en su libro ‘Burn rate: cómo sobreviví a los años de fiebre del oro de internet’ que, para mantener a raya a los banqueros que le pedían cuentas, se inventaba historias sobre su padre siendo operado a corazón abierto. “¿Cuántas mentiras bastante graves conté?”, escribió. “¿Cuántas caídas morales cometí? ¿En cuántas violaciones éticas caí?”.

Cuando Wolff publicó una columna en New York Magazine sobre su antigua compañera de estudios, la editora Judith Regan, esta negó las declaraciones que el periodista ponía en su boca. Según la supuesta entrevistada, llevaban 30 años sin hablar. Ocurrió con otros citados. Respecto a ‘Fuego y furia’, la exjefa de gabinete de la Casa Blanca, Katie Walsh, ha negado las declaraciones que supuestamente le hizo a Wolff, igual que Tom Barrack, viejo amigo y consejero informal del presidente.

La reportera Maggie Haberman, principal corresponsal del 'New York Times' en la Casa Blanca y autora de perfiles detallados de Donald Trump, se ha mostrado escéptica respecto a ‘Fuego y furia’. “Delgado pero legible”, tuiteó. “Bien escrito. Varias cosas son verdad y varias cosas no lo son. Liviano con la comprobación de hechos y con las correcciones”.

Quienes conocen a Wolff identifican su modus operandi en ‘Fuego y furia’ y se preguntan cómo es posible que, con su historial, nadie no lo viese venir. El magnate Rupert Murdoch, cercano a la Casa Blanca, había sido “víctima” de Wolff en un libro que el empresario denunció. “Trump ha sido ‘wolffeado’”, tituló ‘Politico’. “El presidente tendría que haber sido más listo. Michael Wolff no se anda con tonterías”.

Hace seis días que ‘Fuego y furia: dentro de la Casa Blanca de Trump’ encabeza las ventas de libros de Amazon, el puesto más codiciado del mundo editorial. La casa que lo publicó, Henry Holt, tiene a las librerías pidiendo más y más como mastines hambrientos y las imprentas están al rojo vivo. Incluso libros de título parecido, como ‘Fuego y furia: el bombardeo aliado de Alemania’, publicado en 2009, vuelven a vender gracias al efecto colateral de los lectores despistados.

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