REGLAS PARA NO MORIR EN EL INTENTO

Cinco consejos esenciales para los españoles que invierten en Cuba

La isla antillana sigue siendo una enorme oportunidad de negocio, y España parte en posición de ventaja frente a otros países. Pero hay que conocer las reglas para no morir en el intento

Foto: Un trabajador monta un andamio frente al Capitolio de La Habana, en marzo de 2016 (Reuters)
Un trabajador monta un andamio frente al Capitolio de La Habana, en marzo de 2016 (Reuters)

Hace pocos días fue noticia la firma de los acuerdos que derogaron la Posición Común de la Unión Europea respecto a Cuba. El hecho, en sí mismo, marca un cambio de época para los empresarios de ambas orillas del Atlántico, que ven facilitado su camino para el establecimiento de vínculos mutuamente ventajosos. Se trata de un escenario en el que España puede jugar un papel protagonista, de la mano de sus hombres de negocios, que en la isla tienen aún mucho campo por explotar. Estos son cinco consejos básicos para comenzar con buen paso cualquier empresa.

1. Usted parte con ventaja. Aprovéchela

Ser español en Cuba es ya una ventaja. A la identidad de idioma y en muchas de las costumbres, se suman “aliados” tan inesperados como el fútbol, que en los últimos años se ha convertido en tema de conversación recurrente para los jóvenes: la eterna disputa entre “madridistas” y “barcelonistas” es solo una de las muchas facetas en las que La Habana y Madrid parecen estar más cerca en lo cultural que en lo geográfico. A los efectos prácticos, el español que pretenda probar suerte en la isla tendrá a su favor la connivencia implícita del gobierno, que por décadas ha visto en España una aliada imprescindible en sus relaciones con Europa.

“Existen vínculos especiales que nos unen al empresariado español, y no olvidaremos a los amigos que nos tendieron la mano y que estuvieron junto a nosotros durante los años duros de la crisis económica”, declaró en mayo de este año el ministro cubano para el Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca, durante un encuentro con hombres de negocios españoles en Madrid. “España es el tercer socio económico de Cuba a nivel global, y abarca el 38 por ciento de su comercio con la Unión Europea. Al cierre de 2015, el intercambio bilateral sobrepasó, por tercer año consecutivo, los 1.000 millones de euros, con un crecimiento de un 15 por ciento respecto a 2014”, apunta el sitio Cubainformación. Desde hace años, en la Feria Internacional de La Habana, las firmas ibéricas son las que contratan mayor espacio expositivo.

2. Los cubanos no buscan mentores, sino socios

Uno de los errores más comunes de muchos extranjeros es manifestar cierta superioridad, en particular cuando proceden de un país desarrollado y pretenden asentarse en una nación más pobre que la suya. Con los cubanos esa filosofía es fórmula segura para el fracaso. Mucho más si el forastero llega desde los Estados Unidos o España, dos países con los que la isla ha mantenido una relación compleja –matizada por acercamientos y desencuentros– a lo largo de su historia.

El ciudadano de a pie se identifica, en buena medida, con esa premisa. Como extranjero usted podrá encontrar muchas personas que lo adulen, le brinden sexo o souvenires, pero conseguir que lo respeten es ya otra cosa. Entre quienes verdaderamente pueden ayudarle a avanzar no le resultará tan fácil encontrar aliados genuinos, pero cuando lo haga, las relaciones que establezca serán tan firmes como las de un familiar cercano. Evite dárselas de “civilizador” o moralista, no se inmiscuya en las decisiones ajenas y, sobre todo, aplique esa sabia máxima de que “donde fueres has lo que vieres”.

3. El Partido Comunista es incuestionable

De la mano del presidente Raúl Castro, La Habana emprendió en 2009 un profundo programa de reformas económicas que, dos años después se organizaron de forma genérica bajo los llamados Lineamientos. Esos cambios han abierto las puertas a la propiedad privada pero han evitado cuidadosamente modificar la estructura política que rige en el país desde hace medio siglo.

Trabajadores del sector sanitario marchan en la Plaza de la Revolución de La Habana durante el Primero de Mayo, en 2014 (Reuters)
Trabajadores del sector sanitario marchan en la Plaza de la Revolución de La Habana durante el Primero de Mayo, en 2014 (Reuters)

En el escenario ideal, para la actual dirigencia nacional se podrían llegar a cambiar muchos aspectos de la realidad económica, pero en cuanto a elecciones, partidos políticos y otras libertades “burguesas” no hay nada de que hablar. Es, detalles más o menos, el mismo modelo adoptado por aliados privilegiados del castrismo –como China y Vietnam– donde se puede hacer prácticamente cualquier cosa, salvo cuestionar el orden imperante.

Los mismos derroteros valen para Cuba; si usted espera asentarse allí, y si además le interesa echar a andar un negocio, evite cuidadosamente toda referencia al Gobierno y sus decisiones. Si cumple esa sencilla máxima, tendrá luz verde para aprovechar hasta el límite una de las manos de obra más calificadas y baratas del mundo, moverse en un mercado casi virgen y contar con la colaboración estrecha de la mayoría de los funcionarios públicos.

4. No, señor, usted no conoce la burocracia

Si imagina que conoce la burocracia y que está preparado para lidiar con ella, destierre esa idea. Tal vez no haya en todo el mundo burocracia como la cubana; incluso los mismos nacionales, con todo y los años de “entrenamiento” que cargan sobre sí, saben que cualquier trámite puede convertirse en una odisea. Tanto que, ya en 1963, uno de los líderes más importantes de la Revolución, el argentino Ernesto "Ché" Guevara, le dedicaba uno de sus discursos más combativos esos “funcionarios aferrados al esquematismo de un papel, muchas veces intrascendente”. Años después calificaría el fenómeno como un enemigo mortal del socialismo.

Cinco décadas más tarde la hidra parece haber multiplicado sus cabezas. Así lo reconocía el presidente Raúl Castro durante una sesión parlamentaria a finales de 2015, cuando se quejaba de la lentitud con que se aplicaban la mayoría de las nuevas disposiciones promulgadas para favorecer la inversión extranjera y el trabajo por cuenta propia (privado). El ejemplo más tangible de esa realidad se ubica en la Zona Económica Especial del puerto de Mariel (la gran esperanza de desarrollo de La Habana), donde son proverbiales los retrasos en los trámites para la aprobación de nuevas obras y las decisiones contradictorias que cada cierto tiempo toman los administrativos del enclave.

Aunque en otros países puedan funcionar los sobornos y 'coimas', en Cuba su mera mención es una ofensa. Es preferible contar con alguien que se ocupe de establecer las mejores relaciones con los funcionarios a cargo del asunto que se desea tramitar, y a través de esa persona, hacerles llegar algún “regalo” o “detalle”, atención que se considera de mejor gusto y resulta siempre más efectiva. Otro dato a tener presente: en Cuba se superponen infinidad de resoluciones, leyes y disposiciones ministeriales que se contradicen entre sí con una facilidad pasmosa; intente dominar solo las referidas a su actividad.

Estudiantes cubanos pasan delante de un mural en La Habana, el 22 de noviembre de 2016 (Reuters)
Estudiantes cubanos pasan delante de un mural en La Habana, el 22 de noviembre de 2016 (Reuters)

5. El embargo no es un mito

Si invierte en Cuba, o tan solo realiza operaciones bancarias, usted puede estar violando de alguna forma las leyes del Embargo. Pese al actual proceso de acercamiento entre La Habana y Washington, sobre la Cuba pesa una copiosa legislación norteamericana orientada a entorpecer cualquier actividad comercial o financiera del gobierno comunista. Solo en la última década, los tribunales estadounidenses han impuesto a los bancos europeos multas por valor de cerca de 14.000 millones de dólares, como sanción por sus relaciones con países como Irán, Corea del Norte y la propia Cuba.

El mejor consejo en este sentido es invertir en instituciones que hayan sido creadas tras el triunfo de la Revolución, las cuales no están sujetas a las medidas de represalia contempladas en la Ley Helms-Burton. Entre las opciones más atractivas están el turismo en la zona de archipiélagos al norte del país y la pujante industria biotecnológica (que hace un par de meses recibió luz verde para comercializar sus producciones en los Estados Unidos). Otra recomendación válida es “desembarcar” en la isla lo antes posible, pues con todo y su retórica incendiaria, no sería una sorpresa que el presidente Donald Trump mantenga –o incluso profundice– el actual acercamiento entre ambas naciones.

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