la estrella de syriza palidece

Varufakis, domado

La imagen del ministro de Finanzas griego se deteriora en medio de las críticas por su tren de vida y ante la incapacidad del Gobierno de Syriza de cumplir sus promesas electorales

Foto: Pierre Moscovici (centro), conversa con el ministro griego de Finanzas, Yanis Varoufakis (dcha), y el ministro italiano de Finanzas, Pier Carlo Padoan. (EFE)
Pierre Moscovici (centro), conversa con el ministro griego de Finanzas, Yanis Varoufakis (dcha), y el ministro italiano de Finanzas, Pier Carlo Padoan. (EFE)

“Ojalá no hubiera hecho esa sesión de fotos… no me gusta la estética de esas fotografías”, dijo Yanis Varufakis este fin de semana en la televisión griega. Él, convertido en estrella de la política griega para lo bueno y para lo malo, se ha visto salpicado por la polémica a raíz de las instantáneas publicadas en la revista francesa Paris Match. Publicación conocida por el preciosismo de sus imágenes, han tenido un efecto pernicioso al mostrar a un Varufakis burgués, una imagen disonante con el estilo de la izquierda radical que mantienen otro miembros de Syriza.

Sus defensores arguyen que tomarse una ensalada con pescado en la terraza de su casa no es tan grave y que estar luchando por mejores condiciones para los más desfavorecidos en medio de la crisis no está reñido con mostrarse contento y disfrutar junto a su mujer. Para sus detractores –entre los que se encuentran el diario ABC, que le dedicó una portada con bastante inquina– hacer alarde de un piso en el centro de Atenas al pie de la Acrópolis no concuerda con las soflamas contra los potentados y los mensajes favorables a subir los impuestos a los ricos.

Algo en lo que coinciden ambos grupos, con matices, es en que el momento de la publicación del reportaje no es el mejor, con un acuerdo con los acreedores internacionales sin cerrar y con el pueblo griego ilusionado pero con la misma soga que tenían en el cuello antes de las elecciones.

Esto ha sido lo que ha reconocido Varufakis, si bien ha matizado que la entrevista que acompaña a las fotos ha sido positiva para que su mensaje llegue a los franceses. Más habitual en él habría sido una respuesta sardónica contra sus críticos y una feroz contrarréplica. Pero mientras que la ofensiva intelectual no le incomoda, la personal –sobre todo si se trata de hablar de su estatus social– parece ser que sí le molesta, ya que pone luz sobre una evidencia: el héroe de la izquierda no es un purasangre.

Manifestacion de solidaridad con Grecia en Berlin (Reuters)
Manifestacion de solidaridad con Grecia en Berlin (Reuters)

Hijos de la casta

Es sorprendente, visto con perspectiva, que los dardos disparados ad hominem contra Yanis Varufakis por las fotografía a lo gauche caviar sean tan similares a los que se lanzarían contra una persona del perfil de Pablo Iglesias si hubiera aparecido en la misma situación. No en vano, si Podemos examinara –aunque fuera superficialmente– la historia familiar del ministro y de su actual cónyuge, seguramente no podría evitar calificarlos de "casta".

Si bien es cierto que la madre de Varufakis fue muy activa sindicalmente y luchó por la igualdad de las mujeres junto a miembros del PASOK y que su padre fue encarcelado por la dictadura por su condición de comunista, este último llegó a ser un directivo muy importante, lo que se diría un pez gordo de la industria del acero: director de la segunda acerera de Grecia, Halyvourgikí.

Un sector clave si tenemos en cuenta el peso de las navieras en la economía helena. Eso explica la asistencia de un joven Varufakis a la exclusiva escuela privada de Moraitis, algo que le abrió las puertas a la universidad británica y estadounidense. Una trayectoria que, no obstante, palidece ante la de Danae Stratou –su mujer, a la que conoce desde 2005–, goza del reconocimiento del mundo del arte contemporáneo en el campo de las instalaciones, estudió en la Central St. Martins School de Londres y trabajó durante largo tiempo en Texas.

Stratou es el producto perfecto –y bien remunerado– de la bohemia y de la alta burguesía. Su madre es un mito del arte griego, Eleni Potaga-Stratou, y su familia cuenta entre sus filas con varios de los "oligarcas" más importantes de Grecia, contribuyentes en gran parte al sistema clientelar heleno, como explica Takis Pappas en su libro Populismo y políticas de crisis en Grecia.

El autor aborda cómo Chistophoros Stratos se convirtió en el segundo empleador de Grecia con la empresa textil fundada por su padre, dictando políticas gubernamentales –como el subsidio para que la producción agrícola se centrara en el algodón– e incluso pasando a la política con Nueva Democracia, ayudado por su candidatura en su región natal, donde su compañía daba trabajo a miles de personas, que a su vez le daban su voto.

El primer ministro griego, Alexis Tsipras (Efe)
El primer ministro griego, Alexis Tsipras (Efe)

Las promesas de Syriza

Causa y consecuencia de que su actitud desafiante se esté suavizando –algunos le ven cada vez más como un "fusible" en el Gobierno de Alexis Tsipras– es que el ministro de Finanzas sigue siendo el encargado de dar las malas noticias al electorado.

Entre la marea provocada por las fotos, su última declaración no ha hecho tanto ruido. Llegar a un acuerdo antes del 20 de abril es prioritario, dijo en una reciente reunión en Italia, incluso si para ello se deben poner en suspenso algunas de las medidas sociales de Syriza. Y con esto se cierra el telón de las líneas rojas que se había marcado la izquierda radical.

“Si llegar a un acuerdo significa que por unos meses, mientras negociamos, tenemos que retrasar las promesas de campaña, debería hacerlo para crear confianza en nuestros socios”, aseguró. Los bramidos del socio nacionalista del Gobierno, Panos Kammenos, con los que intenta asustar al resto de Europa –”si Grecia cae, España e Italia irán detrás”, ha declarado– son vanos, pues la retórica de Varufakis muestra cada vez más que ya no queda sarcasmo en el haber heleno tras demasiados golpes contra el muro de Schäuble, apuntalado por, entre otros, España.

Ha desmentido también que Grecia vaya a acudir a pedir dinero a China o Rusia, como insinuó en su momento Kammenos. Y es que las últimas informaciones que mostraban que el Estado heleno anda corto de liquidez y que anda pagando lo imprescindible no beneficia la de por sí débil posición negociadora griega.

A buen seguro que ya no le quedan muchos más gestos retadores tras ver que su última y única pequeña victoria parcial se quedaba en nada esta semana. El fin de la troika que había augurado se convertía en realidad de manera amarga, pues a los tres representantes –del Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea– se unía uno más, el del Mecanismo Europeo de Estabilidad.

Varufakis pide al BCE que haga un gesto después de tanto ceder como hizo en 2012 con Andonis Samarás nada más llegar al Gobierno. Draghi, de momento, dice que no, contento de ver cómo se apacigua el lado impertinente y rebelde del ministro heleno.
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