"CHANTAJEAR A BERLÍN NO ES FÁCIL"

Tragedia griega, óptica alemana: la calle cree que Merkel ya ha cedido demasiado

El alemán medio considera que Merkel ha cedido ya demasiado y que son ellos, vía impuestos y rescates, quienes sufragan a los ciudadanos de los países en crisis

Foto: Manifestantes protestan por la visita de la canciller Angela Merkel a Atenas, en abril de 2014. (Reuters)
Manifestantes protestan por la visita de la canciller Angela Merkel a Atenas, en abril de 2014. (Reuters)

Merkel ha endurecido su tono tras las elecciones en Grecia. No a la quita y no al fin de la austeridad. Berlín exige que Atenas mantenga los recortes y reformas pactados en su rescate y advierte que las ayudas financieras dependen de ello. La canciller tiene sus razones para mantener esta postura de fuerza. Alemania ha sido el principal defensor de la austeridad. Cualquier cesión implicaría reconocer implícitamente el fracaso de sus postulados y sentar un precedente que podría ser rápidamente replicado por otros socios en crisis de la Eurozona. Pero es que, además, Alemania es el país más expuesto económicamente a Grecia y el ciudadano de a pie –el contribuyente y votante medio– cree que Merkel ya ha cedido demasiado frente al Sur.

El Gobierno alemán ha salido en tropel tras las elecciones parlamentarias celebradas el 25 de enero en Grecia. Y con una unidad pocas veces empleada. La abultada victoria de la coalición de izquierdas Syriza, aunque se quedó a dos escaños de la mayoría absoluta, hizo saltar las alarmas en Cancillería, que esperaba la victoria de Alexis Tsipras, pero no unos resultados tan rotundos. Y, ante unas demandas nítidas por parte del nuevo Gobierno en Atenas, optó por dejar a las claras su posición.

No veo otra quita”, dijo Merkel en sus primeras declaraciones tras los comicios griegos, rechazando frontalmente una de las promesas electorales de Syriza. La canciller agregó que “ya hubo una renuncia voluntaria de los acreedores privados y a Grecia los bancos le perdonaron miles de millones”. De esta forma se refirió a la reestructuración de la deuda griega, por la que la gran banca aceptó de forma masiva la mayor quita de deuda pública de la historia moderna, que aligeró en unos 107.000 millones de euros las cuentas de Grecia. Entonces, Merkel se dijo “contenta” por el éxito de este proceso y esperanzada de que Atenas “aprovechase la oportunidad”. Siempre agregó que se trataba de un hecho único que no podría volverse a repetir.

No es fácil chantajear a Berlín

“Esperamos que el nuevo Gobierno mantenga este curso reformista”, declaró el lunes el portavoz del Ejecutivo alemán, Steffen Seibert. Pero poco después comenzó la escalada, conforme quedó patente en Berlín que el nuevo Ejecutivo griego no buscaba la negociación ni partía de presupuestos pragmáticos. El miércoles, el vicecanciller y ministro de Economía alemán, Sigmar Gabriel, aseguró que “uno no se puede despedir de su historia con unas elecciones” y que el Gobierno de Tsipras debía cumplir lo suscrito por su antecesor, el conservador Andonis Samaras, en el memorando que acompañó al segundo rescate heleno. Para el viernes, el tono se había elevado hasta la advertencia y el titular de Finanzas, Wolfgang Schäuble, afirmaba que los compromisos han de respetarse, entre otras cosas si se quiere seguir recibiendo ayudas, que “hay poco que debatir” con el Gobierno alemán sobre las condiciones y que Berlín es “difícil de chantajear”.

Un argumento de peso para entender la postura de Berlín es, sin duda, la calle. El alemán medio considera que Merkel ha cedido ya demasiado y que son ellos, vía impuestos y rescates, quienes sufragan en último término a los ciudadanos de los países en crisisMerkel señaló este fin de semana que Europa “seguirá demostrando su solidaridad con Grecia” siempre y cuando el país mantenga “sus propios esfuerzos en materia de reformas y ahorro”. Según publicaba recientemente Der Spiegel, citando fuentes gubernamentales, Merkel y Schäuble tildan de casi “inevitable” la salida de Grecia de la zona euro si Atenas abandona ajustes y reformas.

La única concesión de Berlín ha tenido que ver con la opción de prorrogar las actuales ayudas, con tal de que el Gobierno de Tsipras tenga tiempo para hacerse cargo de sus responsabilidades. El Ministerio de Finanzas repitió durante la semana pasada ante la insistencia de los medios que esto era posible (siempre y cuando el Gobierno heleno lo solicite). Pero no en cualquier contexto. Primero Atenas debe mostrar una “clara disposición” a seguir con lo acordado, en palabras del portavoz de Finanzas, Martin Jäger.

Además de trazar claras líneas rojas para delimitar un posible campo de negociación, el Gobierno alemán ha dejado claro que quien tiene que retratarse primero es Atenas, si es que quiere cambiar el statu quo. La canciller explicó esta semana en un encuentro a los miembros de su grupo parlamentario que ella está a la espera de conocer las propuestas concretas de Tsipras.

Por el momento, parece que ni Atenas ni Berlín están dispuestos a mover ficha primero. Quizá para no aparentar debilidad o para no perder cara ante sus respectivos partidarios en este duelo inevitable. El primer ministro griego se ha entrevistado ya con Martin Schulz, presidente del Parlamento Europeo, y ha hablado por teléfono en los últimos días con Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, y con Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE). Además, esta semana realiza sus primeros viajes oficiales, a Italia y Chipre, y parece dispuesto a evitar la Cancillería alemana. Aprovechando el Consejo Europeo del 12 y 13 de febrero tampoco se ha previsto por el momento una reunión bilateral. Así lo ha indicado el Gobierno germano, que reconoce que tampoco ha cursado una invitación protocolaria a Atenas.

Varoufakis sigue buscando socios para renegociar la deuda griega

Ver vídeo: Varoufakis sigue buscando socios para renegociar la deuda

Berlín, sinónimo de austeridad

Merkel, que en otros ámbitos ha demostrado un perfil escasamente ideológico y su querencia por el pragmatismo, ha hecho de las reformas estructurales y, sobre todo, de la consolidación fiscal, su bandera en política económica. Para ella, la salvación de Alemania y Europa pasa inexcusablemente por ellas. En 2009 reformó la Constitución alemana para incluir el denominado “freno de la deuda”, que limita a su mínima expresión la capacidad de endeudamiento anual del país. El año pasado logró ya el déficit cero en las cuentas de su Gobierno, algo que pretende repetir este ejercicio, a pesar de la llamada de atención de economistas de distinto signo, que no entienden este empeño en un entorno de tipos de interés nulo.

Alemania es el mayor contribuyente a los fondos de rescate europeos y, por ende, el país que más dinero aportó a los dos rescates helenos, unos 80.000 de los 278.000 millones totales. Los principales bancos germanos tienen créditos con Grecia por valor de 23.500 millonesEn Europa, más de lo mismo. Merkel ha hecho valer todo el peso de su país para imponer ajustes y reformas en toda la Eurozona, especialmente en los países en crisis, como Grecia. Ahora, después de seis años de crisis, tiene poco margen de maniobra. Aunque quisiera dar marcha atrás. Berlín es sinónimo de austeridad. En defensa de sus postulados ha señalado varias veces a España como ejemplo, a pesar de la desorbitada tasa de paro y la notable caída del bienestar. Grecia, que en 2014 logró su primer superávit primario –esto es, sin contar el pago de los intereses de la deuda–, fue también elogiada por la Cancillería en un pasado ya remoto.

Según Martin Wolf, vaca sagrada del Financial Times y uno de los columnistas económicos más influyentes del mundo, la explicación que hace el Gobierno alemán de la crisis se basa en una serie de “mitos” y desglosa así el pensamiento imperante en Berlín: “La crisis se debió a la malversación fiscal en lugar de a irresponsables flujos de crédito transfronterizos; la política fiscal no tiene ningún papel en la gestión de la demanda; las compras de bonos soberanos por parte de bancos centrales son un paso hacia la hiperinflación; y la competitividad determina los superávits externos, y no la relación entre la oferta y la demanda insuficiente”.

Que Grecia se rebele contra la austeridad es, por consiguiente, un desplante político de primer orden. Es la oveja negra renegando de quien trata de llevarle por el buen camino. Y cualquier cesión supondría un precedente a imitar por otros países en crisis, como España o Portugal,  o con problemas para implementar reformas estructurales o mantener su déficit bajo control, como Francia o Italia. La vuelta a las andadas y el fin de la hegemonía ideológica germana.

Dijsselbloem y Varoufakis tras la tensa rueda de prensa ofrecida el pasado viernes en Atenas (Reuters).
Dijsselbloem y Varoufakis tras la tensa rueda de prensa ofrecida el pasado viernes en Atenas (Reuters).

Exposición alemana a Grecia

Pero el interés de Berlín en que Grecia cumpla con lo acordado no es meramente político. No en vano Alemania es el mayor contribuyente a los fondos de rescate europeos y, por ende, el país que más dinero aportó a los dos rescates helenos, unos 80.000 de los 278.000 millones de euros totales. Además, entre préstamos bilaterales, garantías al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF), pagos a través del sistema europeo Target2 y bonos del Eurosistema, Alemania tiene deuda pública griega por unos 72.720 millones de euros.

Por si fuera poco, los principales bancos alemanes tienen créditos con Grecia por valor de 23.500 millones de euros, según una reciente estimación de Reuters. De ellos, 15.000 millones los ha concedido el KfW, el banco público de desarrollo alemán. Con unos 400 millones de euros de exposición, la siguiente entidad más afectada sería el Commerzbank, del que el Estado alemán tiene un 25% desde que tuvo que ser parcialmente nacionalizado a raíz de la crisis financiera de 2008. Le sigue el Deutsche Bank, el mayor instituto crediticio del país, con cerca de 300 millones de euros en deuda pública y corporativa griega.

Además una nueva quita griega enturbiaría los mercados financieros, pese al placebo del programa de expansión cuantitativa del BCE. Las bolsas del continente caerían y, previsiblemente, las primas de riesgos de los países más lastrados por la crisis repuntarían con fuerza, volviendo a poner en duda la estabilidad de toda la eurozona. Sería retrotraerse a los momentos más oscuros de 2011 y 2012. El Gobierno alemán subraya a menudo que Europa sufre una “crisis de confianza” junto a la de deuda, por no haber mantenido en el pasado sus compromisos. Algo que no se puede repetir.

Tsipras, tras su elección como primer ministro, rinde  homenaje en Atenas a los griegos asesinados por los nazis (Reuters).
Tsipras, tras su elección como primer ministro, rinde homenaje en Atenas a los griegos asesinados por los nazis (Reuters).

El temor del alemán medio

Un tercer argumento de peso para entender la postura de Berlín es, sin duda, la calle. El alemán medio considera que Merkel ha cedido demasiado ya en Europa al aceptar la puesta en marcha del fondo de rescate permanente y acordar la unión bancaria, y que son ellos, vía impuestos y rescates, quienes sufragan en último término a los ciudadanos de los países en crisis. Además, el 80% de la deuda pública helena está en la actualidad en manos de gobiernos europeos, con lo que una reestructuración afectaría a los bolsillos de todos los ciudadanos del continente, con los alemanes a la cabeza. Una encuesta del instituto Emnid publicada el domingo concluía que el 68% de los alemanes está en contra de una nueva quita para Atenas. Un 62%, sin embargo, apuesta por que el país heleno permanezca en el euro.

La opinión de ese contribuyente y votante de a pie la conforma y explicita, mejor que nadie, el tabloide Bild, el periódico más leído de Europa, con más de 12 millones de lectores diarios. De tendencia conservadora, el lunes siguiente a la victoria de Syriza en las urnas titulaba en portada "Los griegos eligen al terror del euro". El tema se ampliaba en la segunda página, en la que sobre una foto de Tsipras con el brazo en alto se podía leer "¿Cuánto nos va a costar este puño de la victoria?". En su habitual estilo, directo, didáctico y opinativo, el Bild explicaba por qué el nuevo primer ministro griego es "peligroso".

Por el momento, parece que ni Atenas ni Berlín están dispuestos a mover ficha primero. Quizá para no aparentar debilidad o para no perder cara ante sus respectivos partidarios en este duelo inevitableLa visión sobre la tragedia griega no varía mucho en otros medios alemanes. El semanario Der Spiegel, referente serio dentro del centro izquierda y, consecuentemente, en las antípodas del Bild, le da la foto de su última portada a un Tsipras de aspecto desafiante con el título: "Geisterfahrer", palabra alemana que designa a los conductores que marchan por la carretera en sentido contrario. Es decir, kamikaze

El ministro de Economía alemán ha entendido qué argumentos venden. Si como candidato socialdemócrata abogó en la campaña de los comicios generales de 2013 por un "gran plan Marshall" para el sur de Europa y perdió las elecciones; ahora, en el gobierno de gran coalición de Merkel por matemática electoral, sabe qué teclas tocar. El pasado miércoles, apelando a los temores helenos de ese alemán medio, Gabriel aseguró que aunque es posible mantener una "negociación justa" con el nuevo Gobierno griego, "también hay que ser justos con los contribuyentes del resto de países europeos". No puede ser, añadió, "que lo que no se hace en Grecia, acabe teniendo que ser resuelto por empresarios y trabajadores de los países vecinos".

El auge euroescéptico

También influye en la postura de Berlín la exitosa irrupción en el panorama político nacional de la euroescéptica Alternativa por Alemania (AfD), fundada hace menos de dos años, y que galopa en las encuestas a lomos de sus últimos éxitos electorales. A nivel nacional tiene una estimación de voto de entre el 6 y el 7%. El líder de la formación, Bernd Lucke, tirando de sorna afirmó este domingo en el congreso federal de su partido que le está agradecido a Tsipras por haber mostrado "a esa gente en la eurozona" que "esto no puede seguir así". Lucke, profesor de Economía, exigió de seguido que no vaya "ningún euro más" a Grecia y consideró que gran parte de los créditos a Atenas están perdidos. La solución pasa, a su juicio, por una quita y la salida del país heleno del euro.

Algunos observadores han apuntado que ha sido Merkel quien se ha metido sola en este callejón. En el exterior, con su obstinación por imponer machamartillo la consolidación fiscal y las reformas durante la peor crisis desde el crack de 1929. En casa, por no haber sabido hacer pedagogía y explicar a la ciudadanía los ingentes beneficios que el euro ha aportado a su país, no por nada unos de los mayores exportadores del mundo. Es cierto que la canciller ha repetido que Alemania ha sido la mayor beneficiada por la implantación de la moneda única, pero su discurso no ha calado.

Metidos en un debate de posiciones maximalistas y puentes quemados, Berlín está incluso evaluando la posibilidad de que Grecia abandone el euro –un tabú hasta hace unos meses– a cambio de preservar sus tesis. Si hace tres años fue Merkel quien más insistió en que el país heleno permaneciese en la moneda común y quien propició la quita y el segundo rescate, ahora parece ser que pros y contras de un "Grexit" se han equilibrado. A juicio de los asesores de Cancillería, el riesgo de ruptura de la unión monetaria en caso de la salida de Atenas ha disminuido sensiblemente. Ya no hay riesgo de contagio, argumentan.

Mundo
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
46 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios