la detención de sÓcrates pone la guinda

Ministros, banqueros y policías: la corrupción lo salpica todo en Portugal

Primeros ministros, banqueros, jefes de policía, en Portugal no se salva nadie. Es el tercer país más corrupto de Europa, por delante de España

Foto: José Araujo, abogado de Sócrates, en el juzgado (Reuters)
José Araujo, abogado de Sócrates, en el juzgado (Reuters)

Nunca antes en la historia del país vecino había sido detenido un ex primer ministro. José Sócrates ha roto todos los esquemas por presuntos crímenes de fraude fiscal, blanqueo de capitales, falsificación documental y corrupción. Pero lejos de ser un caso aislado, la sospecha sobre el carismático líder socialista supone la enésima trama que llega a los tribunales en lo que va de año. Portugal despide un 2014 en el que la Justicia no ha distinguido cargos ni apellidos. A menos de doce meses de las elecciones legislativas, estalla la "corrupción de cuello blanco".

La detención de Sócrates ha sorprendido sólo relativamente. Al frente del Gobierno entre 2005 y 2011, este padre divorciado sabe lo que supone verse implicado en corruptelas. Hasta ahora había salido ileso: la prescripción le libró de una cuestionada licencia ambiental para el centro comercial Freeport; en los archivos descansan las dudas acerca de su licenciatura en Ingeniería Civil por una universidad que cerró sus puertas poco después de nacida polémica; le sirvió la excusa de haber trabajado de forma altruista para unos amigos cuando estaba bajo régimen de exclusividad para el Partido Socialista (PS), y la trama Face Oculta tampoco pudo con él porque "se borraron" por un error informático las conversaciones telefónicas y los mensajes de móvil que le ponían en entredicho.

Somos lo peor de Europa, con Italia y con Grecia. De la derecha a la izquierda, todos los partidos que conforman el Parlamento están tomados por la corrupciónDesde la noche del viernes, Sócrates está en manos de la Fiscalía General de la República, que ha movilizado a cuatro magistrados y a sesenta miembros de la Autoridad Tributaria y Aduanera, así como de la Policía de Seguridad Pública. Investigan operaciones bancarias, movimientos y transferencias de dinero sin justificación o legalmente inadmisibles. Junto a él han sido detenidos su amigo y administrador del grupo de construcciones Lena, Carlos Santos Silva, su conductor, João Pena, y el abogado Gonzalo Ferreira.

La República Portuguesa es el tercer Estado más corrupto de Europa, según los datos de Transparency International. El presidente de la Asociación Transparencia e Integridad, Paulo Morais, ya lo advertía a El Confidencial: “Somos lo peor de Europa, con Italia y con Grecia. De la derecha a la izquierda, todos los partidos que conforman el Parlamento están tomados por la corrupción”. Ocho de cada diez portugueses refrendaban sus palabras, según el Barómetro Global de la corrupción. Con estos mimbres, la Justicia ha querido llegar donde nunca antes lo había hecho.

El juez decide hoy si deja en libertad al exprimer ministro portugués

Otros ‘peces gordos’ atrapados

Precisamente los mejores años de José Sócrates al frente del país coincidieron con los del Banco Espírito Santo (BES) de Ricardo Salgado, más conocido como “o dono disto tudo” (el dueño de todo esto). Investigado por el colapso de la entidad bancaria el pasado agosto, al banquero no le sirvieron sus influencias para evitar el desplome de una entidad que pasó al recuerdo, dividida entre un banco bueno (Novo Banco) y otro malo. El 24 de julio Salgado fue detenido por la policía y declaró ante el juez por su presunta relación con la mayor mancha de fraude fiscal y blanqueo de capitales de la historia de Portugal. Acabó en libertad bajo fianza.

Este noviembre los tribunales han abierto una nueva puerta, pues por vez primera ha sido detenido el jefe de un órgano de policía criminal. Manuel Jarmela se vio obligado a dimitir de su cargo como responsable de Extranjería y, a partir de esta semana, comienza su prisión preventiva por supuesta implicación en una trama corrupta de concesión de visados a grandes inversores fuera de la Unión Europea (principalmente chinos), los conocidos como visas gold. Forma parte de la tela de araña que ya se había llevado por delante al ministro de Interior, Miguel Macedo (PSD, Partido Social Demócrata).

No corrió mejor suerte el exministro socialista Armando Vara. La misma trama Face Oculta de la que se libró Sócrates le sentó en el banquillo de los acusados el pasado mes de septiembre. Este antiguo administrador de la Caixa Geral de Depósitos y de la entidad bancaria Millenium BCP fue condenado a cinco años de prisión efectiva por tres crímenes de tráfico de influencias. “Estoy en estado de shock”, alcanzó a decir, visiblemente abatido, tras el veredicto del juez.

Es preocupante que mecanismos asociados a la gestión de políticas públicas sean usados de forma fraudulenta

Y como no hay dos sin tres, a principios de septiembre fue condenada a una pena de tres años y seis meses de prisión (aunque no entrará en la cárcel) Maria de Lurdes Rodrigues, ministra de Educación con Sócrates. Debe pagar 30.000 euros al Estado por haber contratado, a través de un acuerdo directo, al hermano del líder socialista Paulo Pedroso.

Estos son los cinco casos más sonados, seis con la detención de Sócrates, pero no los únicos ni, tal vez, los últimos de aquí a fin de año. Y es que, por mucho que simule tranquilidad, el Gobierno luso vive su etapa más complicada. Dos semanarios han desnudado a la casta política de Portugal, destapando un laberinto de nombres, empresas y relaciones que se enreda desde la década de los 90 en una compleja maraña que atrapa incluso al primer ministro, Pedro Passos Coelho.

“Puede ser analizado desde diferentes perspectivas: por un lado, tenemos una Justicia que funciona, que está más atenta y que asegura mecanismos de vigilancia. Por otro lado, es preocupante que mecanismos asociados a la gestión de políticas públicas sean usados de forma fraudulenta, lo que significa que tenemos que perfeccionar los mecanismos de vigilancia. Y ese es un trabajo de los políticos, del poder judicial y, sobre todo, de la sociedad civil”, explica la investigadora del Centro de Estudios Internacionales-IUL (Instituto Universitario de Lisboa) Cátia Miriam Costa.

Antonio Costa, el nuevo secretario general del Partido Socialista (EFE)
Antonio Costa, el nuevo secretario general del Partido Socialista (EFE)
Miedo socialista

“Estamos sorprendidos. Los sentimientos de solidaridad y amistad personales no se deben confundir con la acción política del PS”. El actual candidato socialista a primer ministro, António Costa, ha querido desvincularse del asunto Sócrates desde el primer minuto. Incluso por mensajes de texto como al que ha tenido acceso la agencia de noticias Lusa, en el que el actual alcalde de Lisboa se refiere a la independencia de la Justicia en un Estado de derecho.

La detención del último presidente de Gobierno socialista ha afectado y mucho al partido y a sus militantes. No en vano, hace unas semanas, cuando Costa salió vencedor de las primarias, fueron varios los analistas y los políticos que hablaban de la vuelta “del grupo de Sócrates” al poder del PS. Por eso la reacción ha sido y está siendo inmediata. “¿Cuál es la mejor manera de desviar la atención del escándalo de las visas gold?”, se preguntaba a primera hora de mañana la europarlamentaria socialista Edite Estrela en su muro de Facebook. Y es que, las redes sociales arden, con Sócrates como trending topic.

La detención del último presidente de Gobierno socialista ha afectado y mucho al partido y a sus militantes

La teoría de la conspiración y del desvío de atención es compartida por otros rostros conocidos del PS, que han criticado que una televisión estuviera en el aeropuerto durante la detención, lo que han calificado de “humillación”. Más cautelosos se han mostrado los partidos que conforman el Gobierno en coalición: el PSD no ha querido hacer comentarios públicos, mientras que desde Centro Democrático y Social (CDS) sólo se ha mencionado que respetan el trabajo de la Justicia. 

Casualmente (o no) este sábado Lisboa ha concentrado tres actos paralelos: el de los cerca de 47.000 militantes socialistas que elegían a Costa, jurista de formación, como secretario general del Partido Socialista; la comparecencia de José Sócrates ante el juez de instrucción, un asunto que promete traer cola, y la visita a la capital del líder de Podemos, Pablo Iglesias. Un tres en uno único para la historia reciente de Portugal.

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