EL SNP PUEDE GANAR 54 ESCAÑOS EN WESTMINSTER

¿Queda vida para los independentistas después de un referéndum perdido?

Partido convoca consulta sobre la cuestión en la que ha cimentado todo su discurso. Partido pierde el plebiscito. Su líder dimite. ¿Queda vida para los independentistas?

Foto: Simpatizantes de la campaña del sí a la independencia se manifiestan en George Square, en Glasgow, el 17 de septiembre. (Reuters)
Simpatizantes de la campaña del "sí" a la independencia se manifiestan en George Square, en Glasgow, el 17 de septiembre. (Reuters)

Pongámonos en situación. Partido convoca consulta sobre la cuestión en la que ha cimentado todo su discurso político. Partido pierde el plebiscito por diez puntos. Líder del partido dimite. Dos meses más tarde, partido triplica el número de afiliados, saca veinte puntos de ventaja a su histórico rival y, según las encuestas, tiene posibilidades de convertirse incluso en la tercera formación a nivel nacional. ¿Queda vida para los independentistas después de un referéndum perdido? Está claro que, en el caso de Escocia, la respuesta es sí.

El Partido Nacional Escocés (SNP, por sus siglas en inglés) comienza hoy su congreso anual. Se trata del primero después del histórico plebiscito del pasado 18 de septiembre, donde el 55% del electorado votó a favor de seguir siendo parte del Reino Unido. Pero lejos de asumir el papel perdedor, la formación de Alex Salmond –que hoy entregará formalmente el testigo a Nicola Sturgeon– regresa con más fuerza que nunca. Tiene motivos para hacerlo. Y es que, a pesar de no haber logrado su sueño separatista, ahora sí que está convenciendo al electorado con el argumento de que pueden representar mejor a los escoceses en Londres que las filiales autonómicas de las formaciones de Westminster.

A pesar de no haber logrado su sueño separatista, el Partido Nacional Escocés está convenciendo al electorado. Ahora cuenta con sólo seis escaños en la Cámara de los Comunes, pero podría ganar 54 asientos en las generales de mayoSegún la última encuesta de Ipsos-MORI, el SNP –ahora con sólo seis escaños en la Cámara de los Comunes– puede ganar en las elecciones generales del próximo mes de mayo 54 asientos de los 59 reservados en el Parlamento a la región. Esto podría convertirlo en tercera fuerza política, con posibilidades incluso de determinar eventuales coaliciones para formar el Gobierno del Reino Unido, curiosamente, el país del que hace apenas siete semanas quería separarse. Caprichos de la política.

Por su parte, los laboristas, que han dominado la delegación escocesa en la Cámara Baja durante generaciones, podrían perder hasta 20 escaños de los 41 que tienen ahora. Pese haber ganado el referéndum con la campaña conjunta con conservadores y liberal demócratas, la formación está sumida en una profunda crisis. El mes pasado, su líder, Johann Lamont, dimitió tras acusar a la sede central de tratarlos como una "sucursal".

Mientras que la transición de Salmond a Sturgeon se ha realizado con el apoyo absoluto de las filas, en el laborismo se avecina una batalla amarga. Es, al fin y al cabo, un liderazgo que nadie quiere asumir. Teniendo en cuenta además los problemas por los que atraviesa la formación en el mismo Londres, la derrota en mayo está prácticamente firmada y, con tales antecedentes, remontar de cara a las autonómicas de 2016 está complicado.

Manifestantes unionistas durante una protesta en Glasgow (Reuters).
Manifestantes unionistas durante una protesta en Glasgow (Reuters).

Los votantes laboristas se desplazan hacia la independencia

“Una parte importante del electorado escocés quiere un Gobierno nacionalista. Como sabe que esto no va suceder, votan a los laboristas para dejar a los conservadores fuera. Sin embargo, la percepción ahora es que los laboristas no cuentan con posibilidades, por lo que el SNP se convierte en la mejor opción para mantener los intereses de Escocia en la agenda de Westminster”, explica a El Confidencial, James Mitchell, profesor de Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad de Edimburgo.

Según el académico, el referéndum permitió a muchos votantes tradicionales del laborismo apoyar la independencia, es decir, votar en contra de la política del partido. “Si ya han cambiado una vez de opción, es más que probable que lo hagan de nuevo en el futuro", matiza Mitchell.

Allan Massie, sin embargo, discrepa. El veterano columnista del The Scotsman asegura a este diario que le sorprendería mucho si los votantes laboristas que apoyaron la secesión no volvieran a dar su papeleta al partido de Ed Miliband en mayo con la esperanza de formar Gobierno.

“Es cierto que, aun perdiendo el plebiscito, el SNP generó mucho entusiasmo y ha conseguido nuevos afiliados”, explica. La formación supera los 83.000 miembros, es decir, más que la suma que los socios del resto de partidos. Con todo, Massie no cree “que la popularidad dure mucho”.

“El tono de la campaña secesionista ha enojado a muchos”

El analista da tres razones por las que los nacionalistas no alcanzarán la gloria que ellos (y también las encuestas) suponen:

Primero, existe la tentación de girar hacia la izquierda pensando que Escocia sigue siendo una región de clase obrera. “No lo es. Es una clase media cada vez más en auge y el éxito del SNP hasta la fecha ha dependido de su capacidad para ganarse su apoyo. Un movimiento a la izquierda perderá, al menos, tantos votos como los que podría ganar”, explica.

Segundo, el SNP se ha beneficiado del voto táctico. “La gente lo votaba primero para mantener y luego para quitar al laborismo del poder en Holyrood. Pero, ahora que hemos tenido una experiencia considerable de Gobierno nacionalista, el voto táctico puede volverse en su contra”.

Tercero, puede que haya atraído a más de 50.000 nuevos miembros, “pero el tono de su campaña en el referéndum, seguido por su evidente reticencia a aceptar el resultado, ha disgustado y enojado a muchos”.

Seguidores de la campaña del
Seguidores de la campaña del

¿Declaración unilateral de independencia?

En efecto, Salmond, a punto de cumplir 60 años, ha dicho esta misma semana que está convencido de que vivirá para ver una Escocia independiente. Las voces más radicales dentro de la formación han llegado a sugerir que, si se alcanza una mayoría abrumadora en las autonómicas de 2016, se debería barajar la opción de proclamar una Declaración Unilateral de Independencia. Más aún si David Cameron lleva a cabo su promesa y convoca un referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea.

Puede que los nacionalistas hayan atraído a más de 50.000 nuevos miembros, ‘pero el tono de su campaña en el referéndum y su reticencia a aceptar el resultado ha enojado a muchos’De momento, Sturgeon se mantiene cauta. “No seremos independientes ahora, eso es la democracia. Pero me reservo el derecho a seguir luchando por la causa, porque eso es la democracia también. Ahora hay que respetar lo que quiere el país, y es la entrega máxima de poderes, ¿recuerdan? Esa fue la promesa solemne. Si la rompen, no es a mí a quien deben temer, sino al pueblo de Escocia”, aseguró en uno de los discursos de la gira que la ha llevado cual Mesías salvador por seis ciudades de la región.

El proceso de devolución de competencias está siendo gestionado por la comisión Smith, formada por representantes de todos los partidos, que el 22 octubre acordó que la entrega de más poderes no debe estar condicionada a la de las otras regiones, como sugirió el premier, presionado por sus propias filas.

En teoría, el 25 de enero debería estar preparado el proyecto de ley de traspaso de competencias. El calendario será uno de los temas protagonistas a discutir en el congreso que durará hoy y mañana.

No está en la agenda, pero no se descarta que también haya alguna mención al proceso participativo celebrado en Cataluña. El ‘no referéndum’ de Artur Mas no ha pasado desapercibido en la prensa británica. “Cuando la ley impide algo que el público quiere, entonces que la ley corre el riesgo de perder su legitimidad. Lo que estamos viendo es un choque entre la ley y la legitimidad. Y ese es un lugar muy incómodo y potencialmente peligroso para cualquier democracia”, dice al respecto el experto en Políticas de la Universidad de Edimburgo.

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