"soy doctora. HOY mi vida ha llegado a su fin"

El narco llega a las redes: asesina a tuiteros y cuelga la foto del cadáver en sus cuentas

Los mexicanos sienten otro escalofrío con la aparición de los narcotuits. Asesinan a tuiteros incómodos para después colgar en las redes la foto de su cadáver

Foto: Un activista arroja una piedra durante protestas en Ciudad de México por la desaparición de los estudiantes en el estado de Guerrero. (Reuters)
Un activista arroja una piedra durante protestas en Ciudad de México por la desaparición de los estudiantes en el estado de Guerrero. (Reuters)

A México le llueve el terror por los cuatros costados y en las formas más grotescas. Como si el país no viviera suficiente conmoción con la presunta matanza de 43 estudiantes a manos del narco y de las autoridades locales en el estado de Guerrero, los mexicanos sienten un nuevo escalofrío con la aparición de los narcotuits, una tendencia que consiste en asesinar a tuiteros incómodos para luego colgar la foto del cadáver en Twitter junto a mensajes disuasorios. Para que el impacto sea mayor, los asesinos utilizan la cuenta de la víctima para postear el crimen. Según Human Rights Watch (HRW), México está atravesando la peor crisis en derechos humanos desde 1968, año en que el ejército reprimió a sangre y fuego un levantamiento social en Tlatelolco donde murieron centenares de personas.

La víctima que ha estremecido las redes sociales es @Miut3, una de las administradoras de Valor por Tamaulipas, plataforma online que combate el terror informando a los ciudadanos sobre carreteras peligrosas en tiempo real, tiroteos callejeros, puntos de conflicto y señalamiento de negocios o políticos coludidos con el narco. “Amigos y familiares. Mi nombre real es María del Rosario Fuentes Rubio. Soy doctora. Hoy mi vida ha llegado a su fin”, aparecía en la cuenta de @Miut3 en plena madrugada.

Los mexicanos sienten un nuevo escalofrío con la aparición de los narcotuits, una tendencia que consiste en asesinar a tuiteros incómodos para luego colgar la foto del cadáver junto a mensajes disuasorios“No me queda más que decirles que no cometan el mismo error que yo. No se gana nada. Al contrario, hoy me doy cuenta que encontré la muerte a cambio de nada. Están más cerca de nosotros de lo que creen”, continuaba el mensaje dividido en dos tuits y mencionando a @ValorTamaulipas y otros usuarios en el punto de mira del cártel. Luego, las fotos de la infamia: a la izquierda, @Miut3 arrodillada ante la cámara con la mirada vacía; a la derecha, la tuitera ejecutada de un balazo en el suelo con la expresión descompuesta.

El narco, en este caso el cártel de Los Zetas, sabe que la gestión del terror consiste en ir adaptándose a los nuevos tiempos. Después de haber sobrecogido al mundo con la técnica de las narcomantas, grandes sábanas con mensajes al Gobierno o a cárteles rivales que aparecían junto a cadáveres colgados de un puente, ahora están dando el salto a las redes sociales y castigando no a sicarios o correos de la droga rivales, sino a ciudadanos comprometidos como @Miut3, quien ejercía de doctora en un hospital en la ciudad de Reynosa.

Los cadáveres de siete supuestos criminales asesinados en las calles de Uruapan, en Michoacán (Reuters).
Los cadáveres de siete supuestos criminales asesinados en las calles de Uruapan, en Michoacán (Reuters).

“Net citizens” decapitados

Por desgracia, su muerte no supone un precedente, sino la continuación de una práctica ya estrenada con otros activistas sociales amedrentados, censurados y asesinados recientemente. La técnica de los narcotuits se remonta a 2011, cuando también en Tamaulipas apareció descuartizado junto a un mensaje el cuerpo de “La Nena de Nuevo Laredo”, alias de la periodista María Elisabeth Macías. Más de una decena de “net citizens” mexicanos han sido decapitados, colgados de un puente o, sencillamente, han desaparecido en los últimos tres años. Cientos más han sido amedrentados y han dejado de postear en sus blogs o en sus cuentas de Twitter. Según Reporteros Sin Fronteras (RSF), México es uno de los lugares del mundo donde los activistas-ciudadanos gozan de menor libertad de expresión y mayores riesgos hacia su vida.

Y mientras las redes sociales se vuelven trincheras donde la misma vida está en juego, el estado de Guerrero se va agujereando como un queso gruyere. Un total de 19 fosas clandestinas, y sumando, han aparecido ya en la región durante la operación de búsqueda de los 43 estudiantes de magisterio desaparecidos hace cuatro semanas en la ciudad de Iguala. En las primeras seis fosas aparecieron 28 cuerpos en descomposición, de los que el Gobierno indicó que ninguno pertenece a los estudiantes, si bien los peritos forenses todavía no se han pronunciado. Días después aparecieron cuatro fosas comunes más, luego otras tres y esta semana pasada otras seis. Diecinueve agujeros de muerte en apenas unos kilómetros cuadrados de suelo mexicano.

Nadie se atreve a pensar qué sucedería si se efectuara una operación de levantamiento de fosas en toda la república. La misma ONU ha manifestado su “conmoción” por uno de los sucesos “más terribles de los tiempos recientes”, mientras la delegación de la Unión Europea en México ha admitido “preocupación” por el descontrol de la violencia en el estado de Guerrero.

Un manifestante con fotos de Raul Isidro Burgos, estudiante desaparecido en Guerrero (Reuters).
Un manifestante con fotos de Raul Isidro Burgos, estudiante desaparecido en Guerrero (Reuters).
“Algunos estudiantes fueron quemados vivos”

Según el sacerdote Alejandro Solalinde, gestor del albergue para migrantes Hermanos en el Camino y uno de los activistas sociales más respetados en México, los 43 estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa llevan muertos casi desde el instante de su desaparición. Algunos, asegura el párroco, fueron torturados como si Guerrero hubiera vuelto a la Edad Media. “Estaban heridos, y así como estaban heridos, los quemaron vivos, les pusieron diesel. Eso se va a saber, dicen que hasta les pusieron madera, algunos de ellos estaban vivos, otros muertos”, afirmó Solalinde en una entrevista con la agencia de noticias Novosti.

“La primera información directa la tuve el domingo pasado. La segunda la tuve en la Ciudad de México. Lo primero que supe es que hay testigos, pero tienen miedo de hablar, son testigos de los mismos policías. Siempre hay alguien que tiene conciencia; pero si hablan, temen que los vayan a matar”, prosiguió, para después atizar muy duro al gobernador del estado de Guerrero, Ángel Aguirre: “Escuché al gobernador decir que tenía esperanza de que estuvieran con vida. ¡Qué hipócrita! Él sabe perfectamente que los mataron y cómo los mataron”.

Según el sacerdote Alejandro Solalinde, uno de los activistas sociales más respetados en México, los 43 estudiantes llevan muertos casi desde el instante de su desapariciónEn la misma línea se ha manifestado Martín Alejandro Maceda, el sicario de Guerreros Unidos que está guiando a las autoridades por el laberinto de fosas de la región. Todo comenzó cuando Guerreros Unidos tomó a los estudiantes por miembros del cártel rival, Los Rojos. Para evitar que atentaran contra la esposa del alcalde, Ángeles Pineda, quien andaba en pleno acto político, sicarios y policías municipales activaron su particular protocolo de seguridad y dieron caza a los estudiantes.

“Me comentó Choky (jefe de sicarios del cártel) que ellos actuaron por el Periférico de la ciudad, siendo apoyados por la Policía Municipal. (…) Después comenzó el enfrentamiento entre nosotros con los ayotzinapos. Por lo que supe, El Choky sí alcanzó a chingar a varios ayotzinapos, ya que se estaban poniendo muy locos”, indicó el sicario. “Una vez que comienzan a bajar los estudiantes, comienzan a correr y logramos asegurar a siete, los cuales subimos a nuestras camionetas y los llevamos a la casa de seguridad de La Loma, donde los matamos inmediatamente, ya que no se querían someter, y como eran más que nosotros Choky dio la instrucción que les diéramos piso. (…) Yo participé matando a dos de los ayotzinapos, dándoles un balazo en la cabeza, y no son los que quemamos, están enteritos, la forma de matarlos fue hincados y les disparamos a un lado de la cabeza”, prosiguió Macedo su relato a las autoridades, según recoge el diario Reporte Índigo.

Oficialmente, el Ejército, la Policía Federal y las fuerzas locales de autodefensa continúan buscando a los 43 estudiantes desaparecidos y descubriendo nuevas fosas a su paso. El alcalde de Iguala, presuntamente miembro del cártel Guerreros Unidos, se mantiene a la fuga junto a su jefe de seguridad, mientras el Gobierno mexicano estudia tomar el control político de Guerrero y declararlo un estado fallido de facto, lo que supondría una decisión histórica en México. La desaparición de los normalistas de Ayotzinapa ha puesto en un tremendo brete internacional al Ejecutivo de Enrique Peña Nieto, quien tanto tiempo y recursos lleva invertidos en promocionar México como un destino seguro para las inversiones y el turismo, un ejemplo de estado moderno comprometido con la democracia y el estado de derecho.

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