LAS TURBULENCIAS ECONÓMICAS TRAS LA ANEXIÓN

Carestía, cortes de luz, inflación… Así se vive la independencia en la nueva Crimea

La incógnita de la crisis ucraniana radica en cómo y cuándo resolverá Crimea su déficit de recursos. Hasta ahora el 80% de la electricidad provenía de Ucrania

Foto: Una mujer pasa ante un mural que muestra el mapa de Crimea adornado con los colores de la bandera rusa en Moscú. (Reuters)
Una mujer pasa ante un mural que muestra el mapa de Crimea adornado con los colores de la bandera rusa en Moscú. (Reuters)

El viento se alza al ponerse el sol en Simferópol, cuando los ladridos de los perros ganan intensidad y la noche empieza a ofrecer amor a precios bélicos. Pero nadie se inmuta. Crimea, región primero ocupada y, ahora, (re)incorporada por su antiguo patrón, Rusia, se resiste a ser un escenario fuera de la normalidad, a pesar de los blindados y vehículos militares desplegados por el centro de su capital, custodiados por soldados y milicias integradas por civiles. Estos últimos visten ya uniformes de camuflaje que nadie sabe bien de dónde han salido.

“No, no, no hay problemas. Todo va muy bien”, dice a El Confidencial Vitali Ivanovich, un empleado de un bazar de artículos de caza. Pistolas, navajas mariposa y paralizadores eléctricos colocados en el pasillo de un supermercado de Simferópol. “¿Las grivnas ucranianas? Las cambiaremos a una por 3,80 rublos o por cuatro... quizá”, calcula por su parte Sabina, propietaria de una tienda de ropa en la calle Kirova. “¿Que si subirán los precios? Tal vez. Pero no nos causará ningún daño”, la interrumpe su empleada.

Hasta ahora, Ucrania entregaba a la península el 80% de la electricidad que consume, el 85% del agua potable y parte del gas que utiliza. La posible interrupción del suministro conllevaría un riesgo de hundimiento para la agricultura crimea, motor junto al turismo de la economía localEscarmentados por el conflicto que los sacude, los crimeos aparentan calma y apatía, ahora también frente a la tempestad económica que se les avecina. Sólo en voz baja confiesan las inquietudes que los atormentan. “Hace dos semanas que no nos llegan los productos que comprábamos en Turquía y en los países de la Unión Europea”, explica Alexánder, propietario de una tienda de ropa, antes de insistir en que prefiere ocultar su apellido. El problema también se da a la inversa, según cuenta Natasha, empleada de una tienda de electrodomésticos: “Nuestros socios en Ucrania han cancelado todos nuestros pedidos porque temen que no les paguemos o que las mercancías no logren pasar por la frontera”.

En este proceso de construcción contrarreloj de su nuevo estatus (para finales de esta semana está previsto que todas las estructuras crimeas sean adaptadas a la nueva legislación rusa; además, el 30 de marzo Crimea pasará al huso horario de Moscú), en la península también entró en vigor este lunes el rublo ruso, que en el futuro será la moneda oficial del territorio, a pesar de que la grivna circulará hasta el 1 de enero de 2016. Los daños económicos que podría conllevar el traspaso aún están por ver. De momento, en cuanto a su aplicación práctica, la población no tiene la más mínima idea de cómo se llevará a cabo el proceso.

Una mujer recibe su pensión en rublos rusos en una oficina postal de Simferópol (Reuters).
Una mujer recibe su pensión en rublos rusos en una oficina postal de Simferópol (Reuters).

Inflación, turismo y desabastecimiento

A principios de esta semana, la mayoría de las tiendas de Simferópol mantenía sus precios en grivnas. En algunas incluso se negaban a aceptar rublos. “Hasta que Kiev nos diga lo contrario, seguiremos cobrando en grivnas”, explica a este diario Yulia Polyakova, vicegerente de una sucursal de la cadena ucraniana de supermercados Fourchette. “No, no sabemos nada. No nos han dicho nada aún (sobre qué divisa utilizar)”, añadía Tatiana Petrova, una empleada del banco ucraniano Pehecahc.

​Según el economista Volodymyr Sidenko, del Centro Razumkov de Kiev, es probable que “los salarios y los precios suban en el largo plazo con la introducción del rublo (en Crimea)”. Sin embargo, mientras tanto existen “altas probabilidades” de que se produzca “un brote inflacionario en toda la península y desabastecimiento de productos, porque la región autónoma compraba una gran cantidad de artículos en los mercados occidentales” y muchos llegaban por vía terrestre desde Ucrania. 

Nuestros socios en Ucrania han cancelado todos nuestros pedidos porque temen que no les paguemos o que las mercancías no logren pasar por la frontera, confiesa Natasha, empleada de una tienda de electrodomésticos

Precisamente ahí, en la frontera, el nuevo estatus de Crimea está provocando largas colas de camiones, que tardan horas y horas en cruzar la línea divisoria, si es que finalmente lo logran. Esta es la razón por la que muchos empresarios crimeos buscan desde hace días nuevos proveedores en Rusia o Asia.

Si los vendedores en la península se quejan, los hosteleros y dueños de restaurantes lloran amargamente. Con toda probabilidad, la península perderá los cuatro millones de turistas ucranianos que cada año veraneaban en localidades costeras como Yalta. Los analistas sostienen que dicho déficit difícilmente podrá ser reemplazado por el turismo ruso. “Ha habido ya bastantes cancelaciones”, relata Nikita, propietario de un alojamiento de franja media en Sebastopol, principal ciudad portuaria de Crimea.

El riesgo de hundimiento acecha al sector agrícola

No obstante, la gran incógnita radica en cómo saneará Crimea su déficit de recursos. Y, sobre todo, en cuánto tardará en hacerlo. Hasta ahora, Ucrania entregaba a la península el 80% de la electricidad que consume, el 85% del agua potable y parte del gas que utiliza. La posible interrupción del suministro conllevaría un riesgo de hundimiento para la agricultura crimea, motor junto al turismo de la economía local. Este fantasma ya ha dado sus primeros sustos: desde el pasado fin de semana se han registrado cortes de electricidad en varias regiones de la península, que llegaron a afectar a un 50% del suministro, según el Gobierno crimeo.

Un trabajador inspecciona una planta solar en las afueras de Simferópol (Reuters).
Un trabajador inspecciona una planta solar en las afueras de Simferópol (Reuters).

“Tenemos 900 generadores, suficientes para garantizar el funcionamiento de hospitales y escuelas, y contaremos en breve con nueve pequeñas estaciones móviles procedentes de Sochi (Rusia)”, explicó el viceprimer ministro de Crimea, Rustam Temirgaliyev, este lunes. “Tendremos electricidad, pero va a ser más cara”, admitió.

Coincidiendo con la comparecencia de Temirgaliyev, Moscú anunció que destinará este año unos 36.000 millones de rublos a financiar el funcionamiento de Crimea, sin explicar cómo ni cuándo se asignará dicha ayuda. Asimismo, Rusia decretó una exención de impuestos provisional para las empresas con sede en la península. “Creo que necesitamos estudiar leyes que permitan a las empresas de Crimea que están pagando impuestos no hacerlo durante el periodo de transición, mientras no se sometan a la legislación rusa”, explicó el primer ministro ruso, Dimitri Medvedev.

Con todo, la rusificación de Crimea se prevé dolorosa y cara. En primer lugar, todo lo que hasta ahora estaba empadronado como ucraniano perderá su validez en la península: las matrículas de los coches, las licencias comerciales, los contratos de propiedad inmobiliaria e, incluso, los códigos bancarios. Todo ello podría causar graves daños económicos a la población. Los políticos crimeos, por el contrario, insisten en que Rusia lo solucionará todo. “Moscú no nos decepcionará. Nos ha prometido que nos ayudará y lo hará”, asegura a El Confidencial Sergéi Chubanov, diputado de la Rada crimea (el parlamento) y miembro del partido gubernamental Rusia Unida.

Un soldado ucraniano espera para abandonar su base en Feodosia, Crimea (Reuters).
Un soldado ucraniano espera para abandonar su base en Feodosia, Crimea (Reuters).

Un ‘regalo’ envenenado

Sin embargo, como explica el politólogo Viktor Zamiatin, es inverosímil que la creación de la nueva Crimea se solucione de la noche a la mañana, más aún si Ucrania y la comunidad internacional siguen negándose a reconocer el nuevo estatus de la península. “La Corte Constitucional y la Procuraduría General de Ucrania han emprendido una investigación sobre la legitimidad del Gobierno crimeo”, explica Zamiatin, dejando entrever que Crimea está camino de convertirse en un caso tan complejo, o incluso más, que el de Kosovo.

Los crimeos creen que tendrán pensiones y salarios más altos, pero únicamente en las grandes ciudades rusas una parte de la población tiene un buen nivel de vida, mientras que en el resto del país las tasas de pobreza son alarmantes, opina el economista Dmytro BoyarchukNaturalmente, las consecuencias de la anexión a la Federación también las padecerán Europa y Ucrania. Kiev sufrirá el golpe de las nacionalizaciones de sus empresas y bienes en territorio crimeo, que ya anunciaron las nuevas autoridades en la península. No obstante, se tratará de un daño circunscrito, dado que Crimea representa apenas el 3% del PIB de Ucrania y dado también su elevado nivel de endeduamiento público.

“Rusia es quien tiene que prepararse para pagar la deuda pública de Crimea. Y para inyectar unos fondos que permitan que el nivel de vida siga siendo digno”, añade el economista Sidenko.

En el frente socioeconómico, no es difícil encontrar analistas con augurios muy negativos. “Los crimeos creen que tendrán pensiones y salarios más altos, pero la verdad es que únicamente en las grandes ciudades rusas una parte de la población tiene un buen nivel de vida, mientras que en el resto del país las tasas de pobreza son alarmantes”, opina el economista Dmytro Boyarchuk, del centro CASE Ukraine.

La realidad en Crimea parece dar la razón a Boyarchuk. A causa del conflicto con Ucrania, muchos ciudadanos han perdido su empleo, en un territorio en el que son corrientes los salarios de miseria. “Había invertido en la realización de una serie de conciertos para febrero, marzo y abril, pero todo se ha cancelado. He perdido todo mi dinero, mi mujer me ha dejado y muchos de mis amigos se han marchado de la península”, resume a este diario Igor Neskubin, un joven empresario oriundo de la capital, Simferópol.

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