ESTABA EN SU PEOR MOMENTO ANTES DEL CONFLICTO

Crimea dispara la popularidad de Putin y complica el futuro de Rusia

Putin gana, Rusia pierde. La anexión de Crimea ha disparado SU popularidad a sus niveles más altos desde 2010. Pero los expertos prevén un futuro gris

Foto: Una mujer sostiene un retrato de Putin en la ciudad de Sebastopol, en Crimea (Reuters).
Una mujer sostiene un retrato de Putin en la ciudad de Sebastopol, en Crimea (Reuters).

Flanqueados por una élite intelectual capitalina y por “marcas” como la de las de las Pussy Riot, el sábado decenas de miles de rusos se manifestaron en las calles de Moscú contra la intervención militar en Crimea. Desfilaron bajo eslóganes de “No a la Guerra” y “Rusia sin Putin” y recibieron más atención de la prensa extranjera que de los medios de comunicación locales. En esta ocasión, la escandalosa escasez de medios independientes se aliaba con las inclinaciones naturales de la población rusa.

El pueblo ruso apoya con entusiasmo la cruzada de su presidente y tan sólo un 6% está “totalmente en contra” de la invasión de Crimea. Así lo indica un sondeo del Levada Center, considerado el centro de encuestas más fiable. En sus informes también se encuentran datos sobre cómo evoluciona la popularidad de Putin en las últimas semanas. Evoluciona mejor que bien. El presidente ha alcanzado sus niveles más altos desde inicios de 2011 y el Kremlin ha conseguido un enorme capital político gracias al enfrentamiento con Ucrania, elevando su grado “aprobación” por encima del 70%.

Vladimir Putin gana, Rusia pierde. La anexión de Crimea ha disparado la popularidad del presidente a sus niveles más altos desde 2010. Pero los expertos prevén un futuro gris: un país más aislado que además tendrá que cargar con las promesas económicas efectuadas a los dos millones de crimeosVoces como la de la ensayista ruso-estadounidense Masha Gessen describen lo sucedido en las últimas semanas como una maniobra bien calculada con la que Putin ha conseguido dejar atrás sus peores datos desde que llegó al poder. Para ello se ha concentrado en un enemigo externo frente al que inflamar el orgullo ruso. “No es nada nuevo. Históricamente, la idea de una Rusia bajo asedio, rodeada de enemigos y siempre al borde de una catástrofe, ha sido el eje central de la política rusa y del discurso de Putin en particular”, dice Green, autora de la biografía de moda sobre el exagente de la KGB (The Man Without Face: The Unlikely Rise of Vladimir Putin).

Desde el extranjero es fuerte la tentación de interpretar los giros autoritarios del presidente ruso, los puñetazos en la mesa y la “búsqueda de enemigos”, como pruebas irrefutables de su creciente poderío. En esos listados de dudosa metodología que realiza cada año, la revista Forbes escogió en 2013 a Putin como el hombre más poderoso del mundo. Pero no todos los 'kremlinólogos' están de acuerdo. Hay quien opina que su agresividad en momentos críticos obedece al instinto de supervivencia propio de quien vivió desde dentro el derrumbe acelerado y desastroso de la Unión Soviética.

El Parlamento de Crimea declara su independencia

El cálculo resulta en cualquier caso evidente: los picos de popularidad históricos de Putin (en los que cerca del 90% de la población se puso de su lado) coinciden con crisis armadas o desafíos territoriales, como Chechenia en 2003 o Georgia en 2008.

Las encuestas de opinión reflejan otro importante matiz que nunca conviene olvidar cuando se trata del exagente de la KGB: desde que empezó su aventura política hace 15 años, su popularidad nunca ha bajado del 60%, un nivel de aprobación con el que la mayoría de los presidentes, empezando por Mariano Rajoy, ni siquiera se atrevería a soñar.

Otra cosa bien distinta es el efecto que la invasión de Crimea tendrá a medio y largo plazo sobre las finanzas y los intereses estratégicos de Rusia. Empezando por los propios costos de la anexión. La península, con sus dos millones de habitantes, no es uno de los territorios más pobres de Ucrania pero ha recibido mucho más de lo que ha aportado desde que inició la convivencia en 1991.

De hecho, se cree que la anexión rusa de Crimea contribuirá a aliviar el déficit ucraniano. La carga pasará a Moscú, que tendrá que desembolsar entre 20.000y 35.000 millones de dólares en los primeros tres años y otros 3.000 millones anuales desde entonces. Eso sin contar las generosas promesas que hizo Putin a los crimeos de cara al referéndum del fin de semana. Por enumerar algunas:

- Moscú asumiría el pago de los salarios públicos y sus pensiones, aumentando “considerablemente” las cantidades y rebajando el año de jubilación de los 60 a los 55 años.

- Los soldados del Ejército ucraniano destacados en Crimea serán bienvenidos en el Ejército ruso. Si lo hacen, sus pensiones se elevarán automáticamente de los 170 a los 430 euros mensuales. Además, se les ofrecerá vivienda subvencionada.

- Los crimeos tendrán acceso inmediato a las universidades públicas rusas y el primer año ni siquiera estarán obligados a realizar el examen de acceso.

Además de las medidas económicas, Rusia prepara ya un cambio en los libros de texto (para adaptarlos a la versión rusa de la Historia) y pasaportes para todo aquel que solicite la nacionalidad rusa. Por el contrario, quienes quieran seguir siendo ucranianos pueden quedarse por ahora en casa, pero sin derecho a votar.

Soldados rusos sin distintivos cavan trincheras en Perevalnoye, cerca de una base ucraniana (Reuters).
Soldados rusos sin distintivos cavan trincheras en Perevalnoye, cerca de una base ucraniana (Reuters).

Pero volvamos al saldo económico de la anexión. Moscú necesitará construir costosas infraestructuras para 'integrar' a la península en su territorio, por ejemplo nuevos accesos directos por carretera y tendidos eléctricos. Se trata de un asunto urgente si se quiere dar la espalda a Kiev. Y es que, por ejemplo, Crimea recibe actualmente la mitad de su agua potable y su electricidad de otras zonas de Ucrania. Hasta que Rusia fabrique su propio “cordón umbilical”, tendrá que pagar la factura a Ucrania en estos y otros rubros.

Muchas voces advierten de que la invasión de Crimea es ruinosa desde el punto de vista económico y estratégico. Y aunque las sanciones dictadas por Estados Unidos y la Unión Europea son hasta ahora bastantes blandas, se espera un efecto a medio plazoAdemás de una ruta estratégica de relevancia muy cuestionable, el principal valor de Crimea es su posición frente al mar Negro, un imán para turistas que convirtió la península en el 'balneario' de los líderes soviéticos. Irónicamente, su gran competidor hoy en día es Sochi, la ciudad rusa en cuya remodelación (orientada al turismo) Putin se acaba de gastar 50 mil millones de dólares... para justificar los Juegos Olímpicos invernales más caros de la historia.

Muchas voces advierten de que la invasión de Crimea es ruinosa desde el punto de vista económico y estratégico. Y aunque las sanciones dictadas por Estados Unidos y la Unión Europea son hasta ahora bastantes blandas, se espera un efecto a medio plazo. Alekséi Kudrin, exministro de Finanzas ruso, dijo la semana pasada que 50 mil millones de dólares de inversión se esfumarán ya en los primeros meses.

Tampoco es del todo inocuo el cacareado “aislamiento”, que no será probablemente tan impactante como prometen Bruselas y Washington, pero que tendrá efectos reales incluso en el área de influencia rusa. El despliegue de fuerza ruso no ha gustado ni siquiera en Pekín ni Teherán. Incluso repúblicas exsoviéticas como Bielorrusia y Kazajistán miran de reojo. “¿Qué vamos a hacer con la Unión Euroasiática que Putin presentó en 2013? ¿Vamos a querer los vecinos, empezando por Ucrania, integrarnos con un país que no duda en mandar soldados?”, se preguntaba la semana pasada el embajador en Washington de un país situado en la órbita rusa.

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