LA PENÍNSULA UCRANIANA DECLARA SU SECESIÓN

Kosovo, independiente y arruinado: la pesadilla del referente para Crimea

Crimea alude al precedente de Kosovo para declarar su independencia. Seis años después, el pequeño estado es la oveja negra de la economía regional

Foto: Un serbio cubierto con la bandera española durante una protesta de serbokosovares en la ciudad de Mitrovica, en Kosovo (Reuters).
Un serbio cubierto con la bandera española durante una protesta de serbokosovares en la ciudad de Mitrovica, en Kosovo (Reuters).

Conducía por el pueblo en el que nació, Ferizaj, cuando, al oír los pitidos de su teléfono, Artan Nuredini detuvo de golpe su coche para atender la llamada de un pariente emigrado en Italia. Al otro lado de la línea, su tío le proponía unirse a él para trabajar en una nueva obra de una constructora italiana. “No lo dudé ni un segundo, hice las maletas y me fui”, explica a El Confidencial Artan, mientras desciende del avión recién aterrizado en Pristina (capital de Kosovo para el Gobierno kosovar), un año y medio después de haber abandonado su país.  “No quiero volver a vivir en Kosovo: aquí las cosas no van bien, no hay trabajo”, argumenta este joven albanokosovar de 24 años.

Kosovo vuelve al plano de la actualidad por culpa de Crimea, que ayer declaró su independencia de Ucrania y alude al precedente de este territorio de la península balcánica para justificar su decisión unilateral. Seis años después de la independencia de Serbia de este pequeño estado, Kosovo está aún lejos de abandonar su tradicional papel de oveja negra en la economía regional, antaño motivo del recelo pare el resto de la ex-Yugoslavia socialista.

La agricultura y la industria, las verdaderas locomotoras de la economía kosovar en los 80, languidecen, mientras que el sector de los servicios ha crecido, pero es incapaz de absorber la oferta laboralLos principales indicadores del país dibujan una situación nefasta: su balanza comercial es deficitaria, las inversiones, escasas y en disminución, la deuda pública está en aumento desde 2008 –fecha de la independencia–, mientras que el PIB creció apenas un 2,7% en 2012, desde el 4,5% alcanzado en 2011, según el Banco Mundial. Un dato débil comparado con otras economías emergentes.

El economista Alejtin Berisha, de la Universum College de Kosovo, lo explica de esta forma: “La agricultura y la industria, las verdaderas locomotoras de la economía kosovar en los 80, languidecen, mientras que el sector servicios ha crecido, pero es incapaz de absorber la oferta laboral”. Según estimaciones, en Kosovo, un país donde el 61% de la población vive en áreas rurales y la edad media ronda los 30 años, cada año 30.000 kosovares tendrían que ingresar en el mundo laboral. Por otra parte, apenas 9.000 se jubilan.

Así, si bien ya no existe una amenaza inmediata de otro conflicto bélico –tras la guerra que entre 1996 y 1999 enfrentó a independentistas albaneses y fuerzas serbias, y que culminó con la intervención de la OTAN–, ahora la desigualdad social corroe el proyecto kosovar día tras día. Porque, por estas tierras, el índice de desarrollo humano es del 0,7 –el peor de la región, incluidas Albania y Bulgaria–, un tercio de la población está por debajo de la línea de la pobreza, la renta per cápita es de 2.700 euros y el 68% de la población activa no tiene trabajo (al menos legalmente), según datos del Instituto de Estadísticas de Kosovo y de la ONU. 

Albanokosovares celebran el tercer aniversario de la independencia de Kosovo en Pristina (Reuters).
Albanokosovares celebran el tercer aniversario de la independencia de Kosovo en Pristina (Reuters).

“Nuestros padres dicen que estábamos mejor con Yugoslavia”

Incluso en Pristina, la capital, no es inusual ver a jóvenes matar el tiempo sentados en cafeterías, dejando las horas pasar, sin hacer nada más que conversar entre ellos. “Y ¿qué decir del nivel de educación? Yo estoy estudiando ahora en mi facultad lo que ya aprendí en la secundaria en EEUU”, cuenta a este diario Krenare Loxha, de 20 años, que durante el conflicto entre Kosovo y Serbia se refugió en el extranjero. “Nuestros padres nos dicen que estamos peor que en los tiempos de Yugoslavia”, interrumpe su amiga, Una Hajdari. Como Artan, ellas también piensan en emigrar en busca de un futuro.

La mala situación de Kosovo remite asimismo al hecho de que el país todavía no ha sido reconocido por Serbia ni por muchos estados del mundo, entre ellos cinco países de la Unión Europea, como España. De ahí que Kosovo no tenga una moneda propia y utilice el euro, ni un prefijo telefónico nacional –usan los de Mónaco y Eslovenia–, ni una dirección IP propia y ni siquiera el código IBAN, que la UE emplea para rastrear el origen de las transacciones bancarias, algo que se ha convertido en una invitación a delinquir para los criminales de la región.

Según el último Progress Report de la Comisión Europea (CE), publicado en octubre para analizar los progresos del país en vista de una posible entrada en la UE, el fenómeno es evidente e inquietante. Kosovo “continúa siendo” uno de los principales puntos de tránsito y almacenamiento de heroína y marihuana de la región, así como un nudo de la trata de seres humanos “con un incremento de las víctimas menores de edad” y del lavado de dinero, relata la CE. La Comisión añade que, aunque la corrupción es una plaga que afecta transversalmente a toda la sociedad, sólo el 10% de los casos de corrupción llega hasta un tribunal.

La segregación y los monjes de Visoki Dechani

Otro capítulo problemático es la integración entre albaneses y serbokosovares. No existe. Y no existe pese a los preacuerdos y las reuniones celebradas en los últimos meses entre representantes de Serbia y Kosovo para encontrar una paz definitiva, con objeto de que, después, los dos Estados puedan ingresar en la Unión Europea y en la OTAN.

Cierto es que el plan del finlandés Martti Ahtisaari –diseñado para alcanzar una cohabitación pacífica entre las dos comunidades–, ha logrado reducir la violencia interétnica, pero la división entre unos y otros se ha profundizado, como constata el politólogo Arben Harjurallah, de la Universidad de Pristina. “Los jóvenes albanokosovares no hablan serbio y lo mismo ocurre al revés. Cada comunidad tiene sus escuelas, sus hospitales, sus canales de televisión y radio, sus diarios”. Apenas hay, además, matrimonios interétnicos.

Con la cuestión étnica todavía sin resolver, en algunas zonas de Kosovo dicha segregación llega a niveles fantasmagóricos. Ocurre, por ejemplo, en Mitrovica, en el norte, donde las dos comunidades viven divididas por un puente; pero también en Dechani, donde ocho soldados de la KFOR –de los 4.800 militares que la OTAN mantiene todavía en el país, sobre la base de la resolución 1244 de la ONU– velan por la vida de los 25 monjes que custodian con uñas y dientes el Monasterio de Visoki Dechani, que es para los serbios uno de los símbolos originales de su cristianismo ortodoxo. “Este odio continúa, digan lo que digan”, cuenta a El Confidencial uno de los monjes, mientras camina por entre las tumbas profanadas del cementerio ortodoxo adyacente al monasterio.

Una mujer serbokosovas llora ante una tumba profanada en Mitrovica (Reuters).
Una mujer serbokosovas llora ante una tumba profanada en Mitrovica (Reuters).

“Paso mis días encerrada en casa, con miedo”

No obstante, la mayor sensación de abandono la tienen aquellos serbokosovares que viven en las decenas de enclaves que hay esparcidos por todo Kosovo, como el de Orahovac (al oeste), donde habita Slavica Stankovic, junto a otras 270 familias serbias. “¿Cómo paso mis días? Encerrada en mi casa, con miedo”, confiesa esta mujer, que hace diez años, durante las represalias de albaneses contra serbios, fue despojada de la casa que tenía en el pueblo. Ahora vive en una chabola, junto a su marido, su suegra y los tres hijos de la pareja.

A nosotros nos abandonaron todos. Serbia, los serbios de Mitrovica... Todos ellos sólo persiguen sus intereses particulares”, añade el marido de Slavica, Bladoj, quien también se queja por la falta de agua corriente y los cortes en el suministro de electricidad.

Kosovo continúa siendo uno de los principales puntos de tránsito y almacenamiento de heroína y marihuana de la región, así como un nudo de la trata de seres humanos con un incremento de las víctimas menores de edad y del lavado de dineroNaturalmente, no ayuda el hecho de que todavía hay 1.700 desaparecidos del conflicto interétnico, la mayoría albanokosovares. “¿Cómo se les  puede perdonar (a los serbios)? ¿Cómo puedo perdonar a mis vecinos, que me atacaron cuando empezó la guerra?”, dice Agim, cuyo hermano luchó en el UCK (Ejército de Liberación de Kosovo), la guerrilla que suplantó la resistencia pacífica de Ibrahim Rugova en la década de los 90 y llevó al país a la independencia de Serbia.

Tras este sentimiento se esconde una de las causas por las que Shpend Ahmeti ganó recientemente las elecciones en Pristina; esto es, aliándose con el movimiento panalbanés Vetevendosje, cuya retórica incluye la promoción del mito de la Gran Albania, la controvertida unión de los albaneses también fuera de las fronteras de Albania. 

“Lo que los serbios tienen que entender es que en este país más del 90% de la población es albanesa”, argumenta para El Confidencial el propio Ahmeti. “La unificación de Kosovo y Albania no es un asunto cerrado. Hay que hacer un referéndum”, agrega el nuevo alcalde.

Trabajadores kosovares recogen patatas en Pestova, al norte de Pristina (Reuters).
Trabajadores kosovares recogen patatas en Pestova, al norte de Pristina (Reuters).

La esperanza y los millones de Europa

Aun así, pese a la corrupción, el crimen organizado, la desigualdad, la pobreza y la pugna con los países vecinos, hay quien es optimista y piensa que su futuro está en Kosovo. “Muchas empresas se están activando de nuevo”, asegura el economista Skender Ahmeti. “Desde el año 2000, la comunidad internacional ha invertido mucho en programas de formación para el desarrollo de la pequeñas y medianas empresas y esto pronto dará sus frutos”, coincide Bajram Fusha, de la consultora Besa Consulting.

Además de la KFOR (siglas en inglés de Kosovo Force, fuerza multinacional liderada por la OTAN), en Kosovo también está la europea EULEX, integrada por unos 2.250 efectivos que se ocupan de investigar y juzgar crímenes de guerra y otros casos graves. Asimismo, hay una oficina de la UE que coordina las ayudas para el desarrollo. Según datos oficiales, Kosovo ha recibido de Europa unos 2.000 millones de euros desde 1999.

“Se dice que el crecimiento económico de Kosovo resolverá los problemas del país. Pero ¿es este argumento válido?”, se preguntaba un informe de 2012 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (UNDP). Según Arber Ibrahimi y Kurab Zhuja, de 33 y 28 años, sí. O, al menos, en parte. “Un sector en el que Kosovo puede invertir y tener éxito es el de la alta tecnología”, dice Arber, que junto a su colega ha creado una empresa especializada en marketing. Kurab lo interrumpe; “Claro que antes es fundamental que resolvamos nuestras disputas”, añade. 

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