¿Deben los países desarrollados seguir ayudando a los emergentes?
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SE HAN CONVERTIDO EN COMPETENCIA DIRECTA

¿Deben los países desarrollados seguir ayudando a los emergentes?

¿Deben los países desarrollados seguir ayudando a los emergentes? La crisis económica parece haber acelerado la respuesta: “no”. O, al menos, no tanto

placeholder Foto: Varios tractores durante una demostración de su labor en Correntina, Brasil (Reuters).
Varios tractores durante una demostración de su labor en Correntina, Brasil (Reuters).

¿Deben los países desarrollados seguir ayudando a los emergentes? La crisis económica parece haber acelerado la respuesta: “no”. O, al menos, no tanto como antes. En los últimos años, los recortes en los presupuestos de la Unión Europea y Estados Unidos también han afectado a la ayuda al desarrollo, que en 2011 descendió por primera vez en 15 años. En muchos casos, los fondos se han reducido considerablemente hacia países como China, Brasil o India, que ya cuentan con la segunda, sexta y novena economías más grandes del mundo. La idea es que estos países disponen de suficientes recursos para cuidar de sí mismos y que ese dinero podría ser mejor aprovechado en otras naciones más pobres.

Junto al interés por poner el dinero donde más se necesita, la nueva política de los países donantes también responde a sus intereses nacionales. En algunos sectores, los emergentes comienzan a ser competidores directos de las economías desarrolladas, lo que ha provocado el descenso en las ayudas destinadas a estos países. El pasado 15 de octubre, el Washington Post publicaba un artículo en el que se quejaba de que los consejos y la financiación que Pekín había recibido del Banco Mundial (cuyo mayor donante es Washington) “habían ayudado a China a poner en entredicho el dominio económico estadounidense”.

Los emergentes comienzan a ser potencias en términos absolutos, pero manteniendo grandes desigualdades y con enormes bolsas de pobreza. India, por ejemplo, ya es la novena economía del mundo, pero todavía ocupa el puesto 136º en el Índice de Desarrollo Humano

Los emergentes, sin embargo, comienzan a ser potencias en términos absolutos, pero manteniendo grandes desigualdades y con enormes bolsas de pobreza. India, por ejemplo, ya es la novena economía del mundo, pero todavía ocupa el puesto 136º en el Índice de Desarrollo Humano (IDH), por detrás de Marruecos, Guatemala o Irak. Según el Instituto de Estudios al Desarrollo, en torno al 75% de los pobres del planeta viven en países de ingresos medios, especialmente en los más poblados como India, China, Pakistán, Nigeria o Indonesia.

“El dinero se retira de China”

Los recortes en la ayuda al desarrollo ya se están notando entre las organizaciones sociales que trabajan en los países emergentes, entre ellos China. “Hace dos o tres años que el dinero de donantes públicos se ha reducido o está siendo retirado de China”, explica a El Confidencial Kris Kardaszewicz, director de programas del Centro para los Derechos de la Infancia y Responsabilidad Social Corporativa (CCR CSR). “Antes los proyectos que planteábamos a instituciones públicas podían durar uno o dos años; ahora suelen ser de unos pocos meses”, dice Cerian Foulkes, quien se encarga desde Pekín de la estrategia de recaudación de fondos del Shanri-la Institute.

En muchos casos, estas ONG y organizaciones sociales realizan en los países emergentes trabajos a los que los Gobiernos no prestan demasiada atención, especialmente en las zonas más pobres y entre los grupos más marginados de la sociedad. Suelen ser programas de desarrollo sostenible, educación medioambiental o responsabilidad social corporativa. Es por eso que algunos expertos piensan que todavía es demasiado pronto para que se corten las ayudas a estos países.

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El caso de Sudáfrica muestra muy bien cómo los países de ingresos medios necesitan fondos, pero sobre todo conocimiento y experiencia. En este país, al que algunos estados europeos ya han anunciado cortarán las ayudas en 2015, interesan especialmente políticas capaces de acabar con la desigualdad (una de las más altas del mundo) y combatir el racismo. En estos casos, los programas de cohesión social de la Unión Europea podrían ser una experiencia muy valiosa para Sudáfrica.

Pero en época de crisis, y con el ascenso de los emergentes como telón de fondo, las ayudas a las nuevas potencias cada vez son más difíciles de justificar en los países desarrollados. Ya a finales de 2011, el periódico Daily Mail calificaba de "locura" que Londres estuviera entregando millones de libras en ayuda al desarrollo a Brasil, un país supuestamente más rico que el Reino Unido.

Los emergentes comienzan su propio programa de ayudas

Aunque las ayudas son fundamentales en muchas regiones y han contribuido durante décadas al desarrollo del tercer mundo, estas se enmarcan también en la política exterior de los países donantes. En países como China y Brasil, por ejemplo, muchos de los programas que han mantenido la financiación promueven políticas y sectores económicos que a largo plazo pueden beneficiar a las dos partes.

Ya a finales de 2011, el periódico Daily Mail calificaba de locura que Londres estuviera entregando millones de libras en ayuda al desarrollo a Brasil, un país supuestamente más rico que Reino Unido

En este sentido, los propios emergentes están comenzando también a desarrollar sus propios programas de ayuda en el extranjero. Según el Global Health Strategies Initiatives (GHSi), entre el 2005 y el 2010 la ayuda de India al exterior creció un 10,8% anual, en la misma línea que otros países como Rusia y Brasil. Sólo China, la mayor economía emergente, dedicó a su programa de ayudas casi 4.000 millones de dólares en 2010.

Las ayudas de los emergentes, todavía modestas en comparación con los países desarrollados, demuestran su creciente poderío económico y su interés por presentarse como nuevos y comprometidos actores en la escena internacional. Al mismo tiempo, al igual que las ayudas de los donantes tradicionales, los emergentes buscan crear nuevos lazos económicos con estos países y mejorar las relaciones diplomáticas.

En todo caso, lo que parece claro es que la ayuda al desarrollo se está transformando. Los países ricos están buscando nuevas formas de cooperación bilateral con las naciones emergentes, financiando sólo proyectos concretos y ampliando la participación del sector privado. Los cambios en la economía global implican también nuevas relaciones en la ayuda al desarrollo. “No creo que vayamos a ver una desaparición completa de la asistencia o la ayuda al desarrollo en los países emergentes, sino que estamos en un proceso de transición hacia una forma de cooperación diferente”, explica Kris Kardaszewicz.

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