CRISIS Y PRECARIEDAD: EL FIN DE LOS REPORTEROS

La guerra sin periodistas

“La crisis no puede ser una excusa para pagar 50 euros a alguien que se juega la vida en una guerra. Si pagas precios basura, recibes periodismo basura”

Foto: Ayman al-Sahili, un cámara de Reuters, yace en el suelo tras resultar herido en Alepo, Siria. (Reuters)
Ayman al-Sahili, un cámara de Reuters, yace en el suelo tras resultar herido en Alepo, Siria. (Reuters)

La crisis no puede ser una excusa para pagar 50 euros a alguien que se está jugando la vida en una guerra. No sólo es indigno para el reportero, sino que demuestra que la apuesta por la calidad que alegan muchos medios es una farsa. Si pagas precios basura, lo más probable es que recibas periodismo basura”. Quien habla es David Jiménez, corresponsal de El Mundo en Asia. Su advertencia es calcada a lo que cuentan periodistas o freelance que trabajan en zonas de conflicto: el reportero de guerra es una especie en vías de extinción, nos encaminamos a toda velocidad hacia la era de las matanzas sin testigos. Y la cruenta guerra civil en Siria es la última prueba de ello.

La crisis sin precedentes en la que están sumidos los medios de comunicación y las agencias de prensa ha servido de pretexto para recortar al máximo el presupuesto de información internacional y reducir el número de corresponsalías. En España, las cifras son un fiel reflejo de este desastre: el pastel publicitario que se repartían los diarios, que rondaba los 2.000 millones de euros en 2007, apenas alcanza actualmente los 700. La difusión de 4,03 millones de copias que se registraba hace cinco años casi no alcanza los tres hoy en día. Además, los principales periódicos españoles registran pérdidas brutas de explotación: El País se anotó un saldo negativo de 21,8 millones en 2012; El Mundo se dejó 18,6 millones el mismo año; mientras que el diario ABC supera los 30 millones de agujero entre 2011 y el primer semestre de 2013.  

La mayoría de periodistas en Siria son freelance a los que no se les paga seguro ni gastos de viaje. Para vender una noticia tienes que pagar de tu bolsillo todos los gastos de producción: el fixer, el conductor… Esto supone un gasto fijo de 100-150 euros. Si por una noticia cobras entre 80 y 120 euros, no sale a cuentaY, si la información internacional es la primera víctima de esta crisis, ¿significa esto que el mundo de los corresponsales está abocado a la desaparición, como temen los analistas o la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE)?

“Es cierto, podemos estar ante un oficio a extinguir. Los primeros gastos que siempre se recortan son las delegaciones en el extranjero o las corresponsalías, porque creen que se pueden suplir con información de agencias. Al final, toda la información que recibimos está muy canalizada por dos agencias internacionales, Reuters y Associated Press. Nos están quitando un punto de vista muy importante para saber qué está pasando, porque el trabajo del corresponsal ayuda a contextualizar, a explicar, pero a los medios en general sólo les interesa contar que han caído cuatro bombas. La información internacional es cara y no tiene demanda en los medios electrónicos, donde han cambiado los hábitos de lectura”, explica a El Confidencial Aurelio Martín, vicepresidente de la FAPE.

Gastar 100 euros y cobrar 120

La guerra de Siria está constatando como el repliegue informativo con el que los grandes medios hacen frente a la crisis amenaza la supervivencia del corresponsal. Ahora que se impone la ley del mínimo coste, se recurre a las agencias y a la figura de los freelance, quienes trabajan sometidos a la más absoluta precariedad laboral en un entorno tan peligroso.  

“En el caso de Siria, la mayoría de periodistas que están allí son freelance a los que no se les paga seguro ni gastos de viaje. Para vender una noticia tienes que pagar de tu bolsillo todos los gastos de producción: el fixer (tu hombre sobre el terreno), el conductor… Esto supone un gasto fijo de entre 100-150 euros. Si por una noticia cobras entre 80 y 120 euros, no sale a cuenta”, denuncia Ethel Bonet, colaboradora en Oriente Medio, Afganistán y Pakistán para varios medios españoles y latinoamericanos.  

Bryn Karcha (c), de Canadá, y Toshifumi Fujimoto (d) de Japón corren en una calle de Alepo, Siria (Reuters).
Bryn Karcha (c), de Canadá, y Toshifumi Fujimoto (d) de Japón corren en una calle de Alepo, Siria (Reuters).

Los freelance se juegan la vida y muchos ni siquiera tienen conocimiento de cómo trabajar en zonas de conflicto. Pero para el freelance cubrir la guerra es la única posibilidad de trabajar, y los medios son conscientes y se aprovechan de las circunstancias. Siria es un país muy peligroso y muy arriesgado. Han muerto varios periodistas y otros han sido secuestrados, muchos de ellos freelance. Pero, por desgracia, si tú no aceptas las condiciones, detrás de ti estarán esperando otros dispuestos a hacerlo”, añade.

‘Goodbye, World’

Es fácil encontrar a otros periodistas en Siria que corroboren sus denuncias para delinear una coyuntura inconcebible; no es sólo correr con los gastos, esperar 90 días para cobrar o no tener ni para un chaleco antibalas… España es el país que peor paga a los freelance, por debajo incluso de países tercermundistas.

“En primer lugar, hay medios que compran crónicas en zonas de guerra a precios irrisorios, sin tener en cuenta lo costosa que resulta la logística en estos sitios y el riesgo que conlleva (…). Aquí, en Siria, la última moda es la hipocresía: medios que, una vez dentro, se niegan a comprarte crónicas porque aseguran que al pagarte fomentan tu permanencia y te ponen en riesgo. Son los mismos medios que otras veces las compraron a bajo coste y que ahora se niegan por políticas de seguridad. En resumen: yo vengo porque quiero, bajo mi responsabilidad, si me secuestran no voy a estar llorando porque no tengo seguro. Pero, por favor, gerifaltes de los grandes medios españoles, compren el material a un precio justo si es bueno”, demanda Ángel Sastre, un freelance que está actualmente en Alepo.  

Un cartel pide la liberación del camarógrafo Cuneyt Unal (Reuters).
Un cartel pide la liberación del camarógrafo Cuneyt Unal (Reuters).
Nadie en el sector ignora que la inmensa mayoría de los corresponsales son actualmente freelance, esto es, trabajan desprotegidos, sin contrato y sin sueldo fijo, cobrando por artículo. Es el resultado de un declive imparable. The American Journalism Review, que comenzó a contabilizar la desaparición de los corresponsales en 1998 (título el primero de sus informes con un premonitorio Goodbye, World), informaba en 2010 de que 18 periódicos estadounidenses y dos cadenas de diarios al completo habían cerrado todas sus corresponsalías en la década anterior.

"Todavía me deben 3.000 euros de la cobertura de Libia"

Pero el repliegue no afecta sólo a las corresponsalías. Los veteranos advierten de la desbandada de freelance y reporteros en las zonas de conflicto, que hace años comenzaron a rellenar el vacío que dejaban los corresonsales sin lograr salir nunca de la precariedad. "En este último año, la caída en picado de las tarifas en España ha provocado la huida masiva de freelance al extranjero, y ahora mismo tratamos de trabajar para medios internacionales que pagan mejor y a tiempo. Un ejemplo de la situación en España: yo lucho aún por el pago de la cobertura de Libia para Público. Son 3.000 euros que reclamo desde hace dos años. Ellos saben que no tenemos dinero para iniciar una reclamación judicial en condiciones. La justicia es un lujo de ricos y todo depende del abogado que te puedas pagar”, cuenta la reportera Mayte Carrasco, que ha cubierto Afganistán, Chechenia, Libia o Siria.

“En Siria cada vez hay menos reporteros también por el alto riesgo de secuestro. A mí en El País y Telecinco me han tratado siempre de forma exquisita desde el punto de vista humano y se han preocupado por mi integridad física. Pero al ser freelance, cuando estamos sobre el terreno carecemos de un seguro que cubra los posibles problemas derivados del trabajo en una situación bélica, como repatriación, gastos médicos, etcétera…”, añade.

Un ejemplo de la situación: en España yo lucho aún por el pago de la cobertura de Libia para Público. Son 3000 euros que reclamo desde hace dos años. Ellos saben que no tenemos dinero para iniciar una reclamación judicial en condiciones. La justicia es un lujo de ricos y todo depende del abogado que te puedas pagarA la crisis se suma otro factor: la nueva era digital, el tiempo de la hiper-información, que ha acabado imponiendo un tipo de periodismo basado en la inmediatez. Vivimos una época en el que las informaciones llegan de todas partes, como un torrente, lo que para muchos periodistas veteranos hace aún más necesaria la reflexión, la contextualización de la noticia y la verificación de las fuentes.       

"Una excusa para ajustar despilfarros"

“La información es cara, y la buena información es más cara todavía. El gasto de un enviado especial a un conflicto es elevado pero su rentabilidad en credibilidad y lectores-oyentes-espectadores es muy superior a otros gastos superfluos. La crisis ha servido como excusa para reajustar despilfarros en proyectos desmedidos por la ambición personal de algunos y justificar errores descomunales que han colocado a muchos medios al borde del abismo, con una enorme deuda, y con una dependencia de la subvención oficial y de la publicidad institucional, que ha permitido a los políticos manejar los contenidos para su propio beneficio. Esta es otra historia, pero forma parte de la historia que provoca la guerra sin periodistas”, señala a El Confidencial Javier Fernández Arribas, periodista de dilatada trayectoria y director de la revista Atalayar

No es un problema de soportes tecnológicos sino de contenidos de calidad. Para los intereses de quienes ni saben ni lo intentan, pero que se han encaramado en los puestos de dirección de las empresas periodísticas, es mejor copiar, cortar y pegar, y si lo hace un becario sale más barato todavía, porque además maneja las nuevas tecnologías, que siguen sin dar los frutos publicitarios que nos vendían los gurús que vaticinaban el fin del periodismo”, concluye.  

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