LA MADRE SIRIA QUE FUNDÓ UNA BRIGADA FEMENINA

De ama de casa a general rebelde siria

Alepo. Barrio de Al Sahur. Línea del frente en las proximidades del aeropuerto. Aquí combate la brigada rebelde de mujeres que manda Um Fadi

Foto: Um Fadi, general de una brigada rebelde formada por mujeres, en su cuartel general en Alepo, Siria (Ethel Bonet).
Um Fadi, general de una brigada rebelde formada por mujeres, en su cuartel general en Alepo, Siria (Ethel Bonet).

Alepo. Barrio de Al Sahur. Línea del frente en las proximidades del aeropuerto. Aquí combate una de las brigadas rebeldes más genuinas de esta ciudad devastada por los combates: el Frente de los Jóvenes de Siria (FJS), que ha aceptado a mujeres entre sus filas. Quizás por ello es la milicia menos respaldada por los grupos islamistas radicales.

Al llegar a su cuartel general -una vivienda con un patio interior que los rebeldes han cubierto con una lona de plástico para protegerse de los francotiradores, apostados sólo unas casas más allá- unos disparos de mortero nos dan la bienvenida. Un miliciano intenta tranquilizarnos: “Estamos probando unas armas nuevas, no hay de que preocuparse”. Para quien no está acostumbrado a las detonaciones de armas de fuego, el sobresalto es inevitable.

Husein, un tipo bajito para ser combatiente, entra en el cuartel fumando un cigarrillo y saluda con el tradicional “Salam alekum” (“La paz sea con vosotros”). Tras él aparece una mujer rechoncha, de unos cuarenta años, con la cabeza tapada pero el rostro descubierto, ataviada con una gabardina negra y un chaleco militar, escoltada por otras dos mujeres que visten de negro de los pies a la cabeza, con gafas de sol y un kalashnikov colgado en el hombro.

La miliciana Rihad vio morir a sus dos hermanos degollados por milicianos de Hizbulá; un francotirador mató a su bebé cuando estaba durmiendo en la cuna; sus padres murieron en el acto al derrumbarse su casa en un bombardeo; su marido fue abatido en el frente…

Las tres guerrilleras se sientan en un sofá mientras nos escrudiñan con su mirada velada. Husein presenta a su hermana, Um Fadi, de 43 años y madre de 10 hijos. Antes de la revolución era una simple ama de casa. Ahora, es general de un batallón de mujeres. Aunque no hay cifras exactas, se estima que unas 150 féminas se han alistado en el Ejército Libre de Siria.

“En este barrio somos todos familia y por eso luchamos juntos hombres y mujeres”, cuenta a El Confidencial Husein, quien confiesa que se unió a la brigada rebelde después de que lo hiciera su hermana. “Como ella lleva un M-16, yo elegí uno más grande: un rifle BKS”, bromea.

Al principio, estas mujeres se dedicaban exclusivamente a los cacheos en los puestos de control rebeldes para localizar a los shabihas (los matones del régimen), que se vestían con ropa femenina para pasar desapercibidos. En la actualidad, combaten hombro con hombro con los milicianos.  

“Nadie me enseñó a disparar. Aprendí luchando con los hombres”

Um Fadi empezó su carrera militar en junio de 2012, en Deraa (al suroeste de Siria). Llevaba municiones camufladas entre su ropa o se hacía pasar por madre o esposa de soldados de Bachar al Asad que intentaban desertar para ayudarles a salir de los cuarteles.

“Dos de mis hijos son combatientes y mis niñas dicen que también quieren luchar cuando sean mayores”, cuenta orgullosa Mamá, el apodo de guerra de Um Fadi. “Todas las mujeres han venido de forma voluntaria, porque quieren pelear para liberar nuestro país. No tienen miedo; son muy valientes. Incluso tenemos una que es francotiradora”, asegura.

Um Fadi camina por el barrio de Al Sahur, en Alepo, escoltada por las combatientes Rihad y Rabieh (Ethel Bonet).
Um Fadi camina por el barrio de Al Sahur, en Alepo, escoltada por las combatientes Rihad y Rabieh (Ethel Bonet).

A Um Fadi nadie le enseñó a disparar su fusil: “Aprendí en el frente, luchando con los hombres”. No obstante, por lo general, las mujeres están en la segunda o tercera línea del frente porque tienen un miedo espantoso a ser capturadas.  “Tememos que, si nos cogen los soldados del régimen, podrían hacer con nosotras cosas terribles”, explica la comandante rebelde.

“Vi cómo degollaban a mis dos hermanos”

El velo completo y las gafas oscuras esconden la expresión de Rihad, la combatiente que está sentada junto a Um Fadi. Pero su voz despide sufrimiento cuando nos relata su terrible historia. Esta mujer de 30 años, de la ciudad de Homs, vio morir a sus dos hermanos degollados por milicianos de Hizbulá. Un francotirador mató a su bebé cuando estaba durmiendo en la cuna; sus padres murieron entre los escombros de su casa en un bombardeo del régimen; su marido fue abatido en el frente…

“Aprendí a vivir con mucho sufrimiento. Lo único que podía hacer para soportar el dolor era alistarme con los rebeldes y  luchar contra Al Asad”, cuenta. Fue entonces cuando abandonó Homs y partió en busca de Um Fadi. “Cuando me siento débil, cuando me supera la tristeza, voy a hablar con Mamá y ella siempre me devuelve la fuerza para seguir adelante”, dice con cariño, delante de su mentora.

Um Fadi posa junto a una ametralladora antiaérea en el barrio de Al Sahur, en Alepo (Ethel Bonet)
Um Fadi posa junto a una ametralladora antiaérea en el barrio de Al Sahur, en Alepo (Ethel Bonet)
Rihad ha combatido en muchos frentes de la guerra civil siria. Y ha terminado por convertirse en un experto soldado. “Una vez disparé un cohete y maté a 13 soldados del régimen, otros siete resultaron heridos”,  se jacta. No obstante, asegura que, por encima de todo, desea que Siria vuelva a ser un país en paz. “Quiero volver a Homs, visitar a mis vecinos… quiero poder rezar otra vez en la mezquita de Halab Bin Walid”, cuenta con nostalgia.

“Odio el sectarismo. Este país está lleno de religiones, eso es lo que más lo engrandece. Siempre hemos convivido en paz con los cristianos, los alauíes o los drusos. Estoy en contra del sectarismo y de que haya división en Siria”, sentencia.

La historia de Rabieh, la tercera mujer combatiente, tampoco es feliz. Se quedó viuda a los 26 años: su marido y su hijo de dos años y medio murieron en Bab Amr, un distrito de Homs, la tercera ciudad del país. Tras la pérdida de sus seres queridos, decidió venir a Alepo para unirse a la brigada de Um Fadi.

“Espero que Siria vuelva a una situación normal. Aunque ahora mi familia son todos mis compañeros y compañeras, echo de menos a mis amigos y mi casa en Homs”,  relata a El Confidencial. Desgraciadamente, todo hace pensar que la guerra durará años. “Quiero la paz para Siria, pero no dejaremos de luchar hasta que caiga Al Asad”, zanja.

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