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H&M, Inditex y Uniqlo resisten el éxodo textil en Myanmar tras el golpe de Estado
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Contexto convulso para los negocios

H&M, Inditex y Uniqlo resisten el éxodo textil en Myanmar tras el golpe de Estado

Los minoristas, entre ellos Tesco, han dejado de abastecerse de ropa en Myanmar, y justifican su decisión con la preocupación por los derechos y la seguridad de los trabajadores bajo el régimen militar

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Los consumidores occidentales están cada vez más divididos sobre la conveniencia de comprar ropa fabricada en Myanmar, un país que había surgido como uno de los exportadores de ropa de más rápido crecimiento del mundo antes del golpe militar del año pasado.

El minorista europeo Primark, que compraba prendas como chubasqueros y anoraks a 25 fábricas de Myanmar, anunció el mes pasado que dejaría de hacerlo debido a las dificultades para garantizar la seguridad y los derechos de los trabajadores que confeccionan las prendas. Su decisión llega después de que otras marcas europeas, como Aldi South Group, C&A y Tesco PLC, hayan tomado medidas similares.

Foto: Protesta contra el golpe de estado en Myanmar. (EFE)

Por el contrario, empresas como H&M Hennes & Mauritz AB; Inditex, propietaria de Zara, y Fast Retailing Co., matriz de Uniqlo, han optado por quedarse. Una portavoz de H&M expresó que existen "consideraciones contradictorias y diferentes perspectivas sobre si el comercio con Myanmar debe continuar o no" y que la empresa no tiene intención de irse. Afirmó además que la marca era "consciente del hecho de que muchas personas en Myanmar dependen de las empresas internacionales para ganarse la vida".

Inditex y Fast Retailing no hicieron comentarios. Inditex declaró en julio que está trabajando estrechamente con sus proveedores en Myanmar y que se ha comprometido a proteger los derechos humanos.

En el centro del debate se encuentra una difícil elección: aprovechar los bajos salarios de Myanmar y preservar los puestos de trabajo que benefician a los pobres del país o marcharse por los abusos laborales que, según algunos trabajadores y grupos de derechos humanos, han empeorado bajo el régimen militar. El dilema refleja el aumento del riesgo al que hacen frente las empresas debido al entorno global. Por ejemplo, cientos de empresas occidentales han interrumpido o dejado de operar en Rusia desde que invadió Ucrania.

Foto: Protestas contra el golpe militar en Yangon, Myanmar. (Reuters)

Un informe de septiembre de la Ethical Trading Initiative (ETI, Iniciativa de Comercio Ético), con sede en Londres, que entrevistó a 3.120 trabajadores del sector de la confección de Myanmar, denunció violaciones laborales, como el exceso de horas extra y el acoso verbal, físico y sexual. Según el informe de la ETI, que cuenta entre sus miembros con empresas, sindicatos y organizaciones no gubernamentales que buscan promover los derechos de los trabajadores, los trabajadores de Myanmar tienen pocas vías para expresar sus quejas, ya que la junta militar, en un esfuerzo por limitar las instituciones democráticas, detuvo a los líderes sindicales y amenazó a las organizaciones de trabajadores.

Las marcas de moda rápida no suelen construir ni gestionar fábricas de ropa por sí mismas, sino que hacen pedidos a fábricas independientes, a menudo situadas en países en vías de desarrollo de Asia, donde se puede contratar a trabajadores para que cosan la ropa por tan solo unos dólares al día. En los últimos años, las marcas han presionado para que se implementen normativas laborales y de seguridad más estrictas en las fábricas que contratan, por medio de estrategias como la realización de inspecciones más exhaustivas, después de que se produjesen desastres industriales como el derrumbe del edificio de la fábrica Rana Plaza en Bangladés en 2013, que se saldó con la muerte de 1.100 trabajadores y avergonzó a las marcas.

En Myanmar, la denegación de los salarios íntegros y las indemnizaciones por despido a los trabajadores ya eran un problema incluso antes del golpe de Estado, pero los grupos de derechos humanos afirman que el entorno político inestable y opresivo que reina en el país desde que la junta tomó el control ha exacerbado la situación.

Foto: Protesta en Copenhague por la represión en Myanmar. (EFE)

El golpe de Estado desencadenó protestas en todo el país, que los militares trataron de aplastar con una fuerza letal. Su respuesta condujo a la resistencia armada, intensificando la guerra civil. La junta ha detenido a unas 15.000 personas y ha matado a 2.300 desde que tomó el poder, según la Assistance Association for Political Prisoners (Asociación de Asistencia a los Presos Políticos), un grupo local de derechos humanos.

En septiembre, Vicky Bowman, directora británica del Centro de Negocios Responsables de Myanmar, una organización sin ánimo de lucro que asesoraba a inversores, entre ellos marcas internacionales de ropa, fue condenada a un año de prisión por haber violado la ley de inmigración. La Oficina de Asuntos Exteriores, de la Commonwealth y de Desarrollo del Reino Unido ha declarado que continuará apoyando a Bowman, quien ejerció previamente de embajadora británica, hasta que se resuelva el caso.

En los últimos 20 meses, varias empresas han decidido abandonar Myanmar, entre ellas la firma noruega de telecomunicaciones Telenor ASA y las compañías de petróleo y gas Total Energies SE y Chevron Corp. Aldi South, que vende productos como pantalones cortos y zapatillas deportivas, decidió marcharse en septiembre de 2021, citando la naturaleza impredecible del entorno de negocios y las dificultades para defender los derechos humanos. La marca europea C&A también citó los acontecimientos políticos y el minorista británico Tesco afirmó que su salida estaba en línea con el consejo de los sindicatos mundiales.

En septiembre, Vicky Bowman, directora británica del Centro de Negocios Responsables de Myanmar, fue condenada a un año de prisión

Algunos grupos de la sociedad civil y de trabajadores sostienen que las empresas de confección deberían quedarse, ya que, a diferencia de los sectores de los hidrocarburos y las telecomunicaciones, que benefician al régimen militar, la mayor parte del dinero que los minoristas de la confección gastan en el país se destina a la mano de obra y otros costes de producción.

"Si dejan de comprar, los más afectados serán los trabajadores de la industria de la confección", afirma Ye Naing Win, secretario general del Comité Cooperativo de Sindicatos, una organización laboral de Myanmar. Según el informe de la ETI, si las empresas europeas se retiran, 320.000 trabajadores perderían su empleo o verían reducidos sus ingresos. No se pronuncia sobre si las marcas deberían quedarse o irse.

En una carta abierta, IndustriALL Global Union, un sindicato internacional con afiliados que representan a más de 50 millones de trabajadores en todo el mundo, incluyendo Myanmar, pidió a H&M que se retirara, argumentando que las marcas no pueden implementar las medidas necesarias en contextos donde los sindicatos están severamente reprimidos. "No hay forma responsable de hacer negocios en Myanmar", afirma Atle Høie, su secretario general. IndustriALL también ha instado a otras marcas a que se retiren.

Foto: Protesta contra el golpe de Estado en Rangún, la capital de Myanmar. (Foto: Reuters)

Algunas marcas occidentales dejaron de comprar ropa tras el golpe, pero reanudaron sus compras al cabo de unos meses. Las exportaciones de ropa a la Unión Europea, Estados Unidos y Japón en el primer semestre de 2022 aumentaron un 29% respecto al mismo periodo del año anterior y un 12% con respecto a 2020, el año anterior al golpe, según las estadísticas comerciales de Naciones Unidas. La recuperación contrasta con la evolución más general de la economía de Myanmar, que se ha encogido un 13% desde 2019, según el Banco Mundial.

En un informe publicado el pasado mes de julio, el Banco Mundial explica que la depreciación de la moneda de Myanmar durante 2021 y 2022 había fortalecido la competitividad de los precios de las prendas producidas en Myanmar. Al mismo tiempo, la debilidad del kyat —que ha perdido un tercio de su valor en relación con el dólar estadounidense desde el golpe de Estado— ha contribuido a una elevada inflación. La mitad de los trabajadores del sector de la confección que participaron en una encuesta reciente del Programa de Desarrollo de la ONU afirmaron que comían menos debido a la falta de recursos, según los resultados publicados el mes pasado.

Foto: Establecimiento de H&M. (Reuters/Michaela Rehle)

En junio, los trabajadores que no habían recibido la paga completa en una fábrica de Yangon, la mayor ciudad de Myanmar, organizaron una protesta, según cuenta una trabajadora de la industria de la confección de 25 años que no quiso ser nombrada. A las pocas horas, un grupo de hombres llegó blandiendo palos, hizo comentarios vulgares y los golpeó, provocando la huida de los trabajadores. La trabajadora cuenta que renunció a su puesto y rápidamente se vio sumida en la deuda.

Desde entonces, ha encontrado trabajo en otra fábrica, pero los intereses del 20% de los préstamos que pidió tras quedarse sin trabajo se llevan su salario. Ahora alimenta a su hijo pequeño con una leche en polvo más barata. "Ahora tengo que preocuparme por todo", afirma.

*Contenido con licencia de 'The Wall Street Journal'.

Los consumidores occidentales están cada vez más divididos sobre la conveniencia de comprar ropa fabricada en Myanmar, un país que había surgido como uno de los exportadores de ropa de más rápido crecimiento del mundo antes del golpe militar del año pasado.

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