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La subida de tipos de la Fed amenaza a los emergentes con un tsunami de ventas
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CRISIS DE DEUDA

La subida de tipos de la Fed amenaza a los emergentes con un tsunami de ventas

Las subidas de tipos en EEUU ya han provocado crisis financieras en los mercados emergentes en el pasado y podrían hacerlo también esta vez

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Cuando el banco central de Estados Unidos empieza a subir los tipos de interés, los mercados emergentes suelen volver a sumergirse: sus costes de endeudamiento suben, sus divisas caen y, para colmo, la ralentización del crecimiento en Estados Unidos hace mella en la demanda de sus productos. ¿Tendrán que volver a enfrentarse a esto cuando la era de los tipos de interés cero toque a su fin?

Muchos factores siguen siendo inciertos, como la trayectoria de los precios del petróleo y la guerra en Ucrania, pero es posible hacer algunas observaciones iniciales. En primer lugar, varios de los grandes mercados emergentes que se vieron sometidos a la presión de ciclos de subidas previos de la Fed, como Corea del Sur a finales de la década de 1990 y China a finales de 2015, ahora parecen estar mucho mejor aislados. Probablemente sea recomendable evitar los grandes importadores de petróleo o gas con una elevada deuda externa. Pero algunos de los peores infractores en este sentido, especialmente Turquía y Argentina, ya están más que inscritos en la lista negra de los inversores extranjeros.

Aunque todavía no está claro si surgirán estos problemas en esta ocasión, o dónde lo harán, entender cómo se produjeron las crisis pasadas puede ayudar a los inversores a saber a qué atenerse. Las crisis de deuda y de divisas de los mercados emergentes suelen producirse tras una combinación de los siguientes factores: liberalización financiera, entradas de capital a gran escala durante periodos de tipos de interés mundiales bajos, deterioro de la balanza comercial y auge de la inversión nacional, especialmente en activos relativamente improductivos, como son las viviendas.

Foto: Andrew Bailey, gobernador del Banco de Inglaterra. (Reuters/Dan Kitwood)

La crisis financiera asiática, que se produjo en 1997 tras los años de tipos de interés bajos de principios de los noventa, es un ejemplo claro: los inversores mundiales, ávidos de rendimientos, inyectaron dinero en economías asiáticas de rápido crecimiento como Tailandia y Corea del Sur, ayudando a financiar enormes auges inmobiliarios y de inversión. A esto se debió, en parte, que estos países acabasen con divisas muy valoradas, recursos nacionales dependientes de burbujas de activos y una competitividad de exportación reducida. Esto los hizo vulnerables a la fuga de capitales cuando cambió el entorno de los tipos de interés a nivel mundial. También tuvo lugar una historia similar en América Latina entre finales de los setenta y principios de los ochenta.

Más recientemente, la minicrisis de la deuda y la moneda de China entre 2015 y 2016 se debió fundamentalmente a los esfuerzos internos en aras del desapalancamiento, pero se produjo tras un enorme auge de la inversión en vivienda, y se vio exacerbada por medidas incrementales previas que buscaban abrir la cuenta de capital y el propio ciclo incipiente de subida de tipos de la Fed.

Hoy en día, dos de los mercados emergentes de mayor tamaño e importancia, China y Corea del Sur, parecen estar bien aislados. A raíz de la crisis de 2015, China volvió a endurecer los controles sobre el dinero que sale del país y ambos países tienen enormes cofres de reservas de divisas. Corea es un exportador crucial de algo que el resto del mundo no se cansa de producir: semiconductores avanzados. China podría beneficiarse cada vez más de llevar a cabo su comercio de petróleo en su propia moneda con socios como Rusia y Arabia Saudí y, hasta cierto punto, de la demanda de su moneda y deuda pública por parte de otros Estados autocráticos.

Foto: Jerome Powell. (Reuters/Archivo)

El caso de la India, el tercer importador mundial de petróleo por detrás de China y Estados Unidos, podría ser algo más problemático: la agencia de calificación Fitch señaló en noviembre que la carga de la deuda pública de la India, que representa alrededor del 90% del producto interior bruto, es la más elevada entre los países emergentes de la categoría BBB. Su deuda total, que ascendía al 173% del PIB en septiembre según el Banco de Pagos Internacionales, también es elevada.

Pero las reservas de divisas de la India, de unos 620.000 millones de dólares, son considerables en relación con su peso económico, y su deuda exterior es relativamente baja: según el Banco de la Reserva de India, en junio ascendía a un 20% del tamaño de la economía, frente al 29% que asignó el Banco Mundial en 2020 a todos los países de ingresos bajos y medios. Turquía y Argentina, dos países que recientemente han tenido problemas de endeudamiento, superaron el 60%. Sin embargo, si los precios del petróleo continúan al alza, India se verá obligada a tomar algunas decisiones políticas difíciles. Si no lo hace, podría ser incapaz de capear el temporal actual sin un enorme reventón fiscal o una brutal serie de subidas de tipos de interés que perjudiquen el crecimiento.

La subida de los tipos de interés en Estados Unidos suele significar problemas en el extranjero. Probablemente también será así esta vez, pero varias de las mayores ballenas que quedaron varadas durante el último maremoto nadan ahora con mucha más soltura. Es probable que los problemas surjan en alguna región nueva.

*Contenido con licencia de 'The Wall Street Journal'

Cuando el banco central de Estados Unidos empieza a subir los tipos de interés, los mercados emergentes suelen volver a sumergirse: sus costes de endeudamiento suben, sus divisas caen y, para colmo, la ralentización del crecimiento en Estados Unidos hace mella en la demanda de sus productos. ¿Tendrán que volver a enfrentarse a esto cuando la era de los tipos de interés cero toque a su fin?

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