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La caída libre de Grifols: el coste de no dar respuesta a los miedos del mercado
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En mínimos de una década

La caída libre de Grifols: el coste de no dar respuesta a los miedos del mercado

Lo que comenzó como un bache temporal a causa del covid ha acabado dando paso a una crisis profunda de credibilidad que se ha llevado por delante dos tercios de su valor en 30 meses

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Los pesares de Grifols en bolsa no parecen tener fin. El fabricante español de hemoderivados tocó este miércoles sus niveles más bajos en bolsa en casi una década (aunque recuperó algo de terreno en el tramo final de la sesión), prolongando un derrumbe que le ha llevado a perder dos tercios de su valor en los últimos 30 meses.

Un declive aparentemente temporal, iniciado con la embestida de la pandemia, que puso en dificultades las estrategias de recolección de plasma del grupo, ha acabado derivando en una auténtica crisis de confianza que se ha llevado por delante los logros acumulados desde 2013 por una compañía que hasta hace no tanto era considerada una de las joyas más preciadas del parqué español.

A pesar de cierta decepción en los márgenes, los resultados del primer semestre, conocidos el pasado julio, evidenciaron una consistente mejora de las dinámicas del negocio de la compañía de origen catalán (hasta el punto de motivar que firmas como JP Morgan mejoraran sus expectativas de ebitda para el ejercicio), pero las contundentes caídas con que fueron acogidos por el mercado resultaron la mejor prueba de que los inversores mantienen puesto el foco en los puntos débiles y se muestran poco dispuestos a dar margen a las buenas nuevas.

Mientras su rival CSL suma un 25% desde febrero, Grifols ha caído un 20% en ese periodo

Como observaron entonces los analistas de Santander, “la historia bursátil de Grifols se ha vuelto muy binaria: los inversores alcistas se centran en la recuperación, mientras que los bajistas lo hacen en el elevado apalancamiento”. El problema para el grupo que preside Víctor Grifols es que los segundos se han convertido en mayoría abrumadora, a medida que la empresa se ha ido mostrando incapaz de dar respuestas eficaces al problema que supone una deuda que se estima que superará a final de año en más de ocho veces el ebitda, en un momento de fuerte subida de los costes de financiación.

Mientras su principal rival, la firma australiana CSL, se viene beneficiando desde hace meses de las favorables perspectivas del negocio del plasma (con unos retornos próximos al 25% desde el pasado febrero), Grifols ha visto pasar esta ocasión (pierde un 20% en el mismo periodo), enredada en sus dudas.

“Sin duda, la deuda es el principal contratiempo”, apunta Álvaro Arístegui, analista de Renta 4, quien apunta también a determinados fallos de comunicación por parte del equipo gestor que han acabado minando su crédito ante los inversores. No en vano, Grifols ya fue señalada por su decisión reciente de acogerse a la opción de no presentar resultados trimestralmente, lo que fue entendido como un gesto de escasa transparencia en un momento poco propicio.

Como observa Arístegui, el grupo ha incumplido sus compromisos de forma reiterada: primero, desviándose de su objetivo de desapalancamiento, al embarcarse en la adquisición de Biotest, y más tarde, “con los objetivos financieros que ofreció al mercado por primera vez cuando iba a adquirir esta compañía, y que luego retrasó su consecución durante un año, apenas nueve meses después, cuando nada había cambiado”.

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"Grifols se ha endeudado aún más para adquirir Biotest, que aporta un ebitda negativo a día de hoy, y el éxito de esta compra depende en gran medida del de dos de las proteínas de su 'pipeline' de I+D", advierte, en este sentido, Patricia Cifuentes, analista de Bestinver Securities, que mantiene una recomendación de venta sobre el valor desde el pasado marzo.

En estas circunstancias, han sido insistentes las especulaciones del mercado sobre los pasos que podría seguir Grifols para hacer frente a las debilidades de su balance. Y aunque el grupo lo descartó recientemente, y los precios actuales lo hacen aparentemente poco factible, cada vez es más fuerte la preocupación ante la posibilidad de que el grupo opte por una ampliación de capital que resultaría muy lesiva para los intereses de sus actuales accionistas.

“El mercado teme una ampliación o casi lo contrario, que por inacción la compañía entre en mayores dificultades financieras si la recuperación de los resultados continúa retrasándose más de lo que ellos vienen anunciando”, comenta el experto de Renta 4. De hecho, la falta de reacción de los directivos de la firma ante problemas tan claramente identificados azuza inquietudes sobre cuáles son sus planes finales para la compañía.

En cualquier caso, muchas de las dudas que rodean a la compañía podrían diluirse a partir del próximo noviembre si, como auguran los analistas de JP Morgan en un informe fechado la pasada semana, la compañía emite una actualización de evolución del negocio en el tercer trimestre que refleje “una mejora adicional del crecimiento interanual de los ingresos [mejora del suministro de productos, una comparativa sencilla, un trimestre completo de consolidación de Biotest], junto con la rentabilidad operativa del tercer trimestre en línea con la del primer semestre, mejora continua de la recolección de plasma y algunos progresos en desapalancamiento”.

El mercado sigue temiendo una macroampliación que diluya a los actuales accionistas

Sin embargo, ni siquiera este vaticinio conduce al banco estadounidense a presentar un panorama optimista para la compañía (tiene un consejo 'neutral' sobre sus acciones). Y es que, desde su punto de vista, estas buenas noticias podrían quedar pronto eclipsadas por el que ha sido el otro gran lastre para las perspectivas de Grifols a ojos del mercado: la creciente competencia en su negocio.

En este sentido, las miradas estarían puestas, según los analistas de JP Morgan, en los resultados de los ensayos en fase III de Argenx para el uso de su medicamento Vyvgart en el tratamiento del CIDP (la polirradiculoneuropatía desmielizante inflamatoria crónica), que está previsto que se conozcan durante el primer trimestre de 2023 y que, en caso de éxito, podrían poner en cuestión una parte significativa de los ingresos de Grifols.

Una situación que se agrava, precisamente, por el elevado apalancamiento de la compañía. "El altísimo apalancamiento financiero les impide diversificarse en un momento clave. El producto que aún representa un 45% de las ventas del grupo (Immunoglobulina) se enfrenta, por primera vez, a competencia de recombinantes que pondrá, sin duda, presión en sus precios a futuro", advierte Cifuentes.

Con todas estas cuestiones presentes, aún siguen siendo mayoría las firmas de análisis que aconsejan comprar los títulos de Grifols y todas ellas defienden que su valoración justa está por encima de la cotización actual (el precio objetivo medio del consenso le otorga un potencial superior al 86%). Sin embargo, el mercado se mantiene enfocado en los riesgos que rodean al grupo. Y no parece fácil que este sentimiento se diluya sin una respuesta firme por parte de sus gestores.

Los pesares de Grifols en bolsa no parecen tener fin. El fabricante español de hemoderivados tocó este miércoles sus niveles más bajos en bolsa en casi una década (aunque recuperó algo de terreno en el tramo final de la sesión), prolongando un derrumbe que le ha llevado a perder dos tercios de su valor en los últimos 30 meses.

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