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Grifols y Rovi: las dos caras en bolsa de la amenaza de ómicron
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Grifols y Rovi: las dos caras en bolsa de la amenaza de ómicron

Los dos grupos farmacéuticos han reaccionado de forma muy dispar a la aparición de una nueva variante que amenaza con poner el covid de nuevo en el centro del foco inversor

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A lo largo de la crisis del coronavirus, el sector sanitario se ha mostrado como el más evidente ejemplo de lo erróneas que suelen ser las generalizaciones en los mercados. De buenas a primeras, la pandemia había puesto de relieve la importancia del gasto en salud y los inversores se lanzaron en muchos casos a comprar cualquier tipo de compañía relacionada con el sector, sin los cálculos suficientes sobre si podrían verse o no favorecidas por los desarrollos del coronavirus.

Obviamente, el tiempo ha ido poniendo a unas y otras en su sitio, y junto a algunos claros ganadores, aparecen otros que destacan por todo lo contrario. Y en el mercado español esta distinción ha vuelto a quedar en evidencia con la aparición de la variante ómicron, que ha llevado a los inversores a plantearse un escenario de inversión en el que el coronavirus vuelve a ser un factor determinante. Y pocos como Rovi son capaces de sacar rédito de esta situación.

La compañía que dirige Juan López-Belmonte se anotó este miércoles un alza del 1,55%, en lo que supuso su sexta jornada consecutiva de ganancias, una racha en la que ha sumado un 8%.

Esta escalada la sitúa ya al filo de los máximos históricos que registró el pasado agosto, antes de verse fuertemente penalizada por la sospecha de que una serie de viales contaminados de la vacuna de Moderna habían causado la muerte de varias personas en Japón. Una vez exculpada de estos sucesos, la farmacéutica española ha ido recuperando poco a poco la confianza de los inversores, un proceso que se ha visto acelerado en las últimas jornadas, a medida que los inversores han ido contemplando la posibilidad de que sean necesarias nuevas vacunas —adaptadas o no— para contener el avance de nuevos brotes del coronavirus.

Rovi roza ya el récord que marcó antes de la crisis de los viales contaminados en Japón

“Si se confirmara que las vacunas actuales son significativamente menos efectivas, Rovi podría beneficiarse de esta noticia, ya que las vacunas de ARNm (como las de Pfizer y Moderna) son teóricamente más fáciles de adaptar a las nuevas variantes del virus en comparación con las vacunas tradicionales, lo que sugiere la posibilidad de una mayor cuota de mercado en campañas de vacunación posteriores, y también inyecciones de refuerzo potencialmente más fuertes (es decir, dosis más altas) hasta que las nuevas vacunas estén disponibles”, observan al respecto los analistas de Alantra.

De este modo, Rovi estaría recibiendo por este lado un impulso de corto plazo —aunque aún difícil de calibrar— que contribuye a reforzar el atractivo más a medio y largo plazo de su negocio, que no estaría tan ligado a los desarrollos del covid y su colaboración con Moderna, como a las perspectivas de otros tratamientos, como Doria o Letrozol ISM. Aunque el grupo ha más que triplicado su valor en bolsa desde marzo de 2020, más del 90% de los analistas que lo cubren aconseja comprar sus acciones y ninguno recomienda vender, según los registros de Bloomberg.

Todo lo contrario, en cambio, ha representado este repunte de las tensiones por la pandemia para Grifols. El grupo español de hemoderivados experimentó este miércoles un leve avance del 0,19% que apenas sirve para limar los fuertes daños sufridos en las jornadas previas: en las cuatro sesiones anteriores, había perdido cerca del 11% de su valor y acumula un descalabro del 29% en poco más de dos meses, lo que le ha llevado a tocar en los últimos días sus niveles más bajos desde 2016.

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Pese a algunos intentos de participar de la lucha contra el coronavirus, Grifols no ha logrado extraer ningún retorno significativo en este frente. Por el contrario, su negocio principal, el relativo a los tratamientos de plasma, se ha visto afectado por una serie de problemas para la recolección de plasma, tanto por las restricciones de movilidad como por los cheques repartidos por el Gobierno estadounidense, que han hecho menos atractivo este proceso para los donantes y han forzado al grupo español a elevar su retribución, con el consiguiente daño a sus márgenes.

Las consecuencias de esta situación se muestran mucho más gravosas en el caso de Grifols por la compleja situación financiera en que se encuentra inmersa la compañía, con un alto apalancamiento que se ha visto agudizado por la reciente adquisición del 45% de Biotest (el 90% de los derechos de voto), que se prevé que eleve la ratio de deuda sobre ebitda por encima de las cinco veces a cierre de 2021.

Aunque la mayoría de las firmas de análisis comprenden la lógica estratégica de la operación, son muchos los que cuestionan un movimiento llamado a diluir aún más las cifras del grupo en 2022, mientras le carga con unos niveles de deuda que azuzan las especulaciones sobre una posible ampliación de capital.

La preocupación por la deuda de Grifols se ha elevado tras la compra de Biotest

Álvaro Arístegui, analista de Renta 4, apunta que desde la dirección del grupo no se contempla esta opción por el momento, pero admite la difícil tesitura en que podría verse envuelto si se deterioraran sus perspectivas de negocio a corto plazo. “Desde luego, si se tuercen las cosas y los resultados no remontan como deberían por agravamiento de la pandemia y, por lo tanto, más dificultad de acceso al plasma y consecuentemente menos ventas y beneficios, y esa situación te pilla muy endeudado, como es el caso, es cuando realmente entras en problemas”.

Son mayoría, en cualquier caso, las firmas de análisis que defienden que esos riesgos están ya, en gran medida, recogidos en las valoraciones de una compañía que se ha dejado más de la mitad de su valor en apenas un año y medio. Como en el caso de Rovi, predominan los analistas que aconsejan comprar sus acciones, resaltando el potencial de un negocio, el de los tratamientos de plasma, en el que es uno de los principales actores internacionales, mientras que escasean las recomendaciones de venta.

Pero así como en el caso de Rovi los inversores observan una compañía que, más allá del coronavirus, ha ido entregando año a año una hoja de ruta comprensible, clara y creíble, en Grifols han sido muchos los pasos en falso, con movimientos contradictorios y giros estratégicos que en ocasiones han dejado incluso la sensación de cierto desalineamiento entre los intereses de sus gestores (la familia Grifols) y los de los minoritarios. Y decisiones como la reciente de dejar de publicar sus cuentas trimestralmente no han hecho sino agudizar el desencanto del mercado con el fabricante de hemoderivados.

Es por eso que a pesar de contar con un potencial de revalorización que a día de hoy se cifra en el entorno del 70%, los inversores se muestran hoy más predispuestos a mirar hacia otro lado. Y de esto no se puede culpar únicamente a ómicron.

A lo largo de la crisis del coronavirus, el sector sanitario se ha mostrado como el más evidente ejemplo de lo erróneas que suelen ser las generalizaciones en los mercados. De buenas a primeras, la pandemia había puesto de relieve la importancia del gasto en salud y los inversores se lanzaron en muchos casos a comprar cualquier tipo de compañía relacionada con el sector, sin los cálculos suficientes sobre si podrían verse o no favorecidas por los desarrollos del coronavirus.

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