Economía y ómicron: la incertidumbre por la variante del virus ha llegado para quedarse
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Economía y ómicron: la incertidumbre por la variante del virus ha llegado para quedarse

Pasará algún tiempo antes incluso de que los inversores tengan información suficiente como para valorar si la nueva variante supone una amenaza real

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Dicen que la espera es la parte más difícil. Cuando se trata de la espera que debemos sufrir antes de tener una idea real de lo grave que es la amenaza de ómicron, solo podemos esperar que así sea.

Hay algunas preguntas fundamentales sobre la nueva variante para las que los científicos necesitarán respuestas razonables antes de tener una idea de lo peligrosa que es. Entre ellas: ¿cuánto lleva circulando y cómo de extendida está?, ¿cuál es su grado de transmisibilidad?, ¿cómo de peligrosa es para las personas contagiadas?, ¿cuánta protección otorgan las infecciones previas de covid-19 o las vacunas frente al contagio o síntomas graves?

Todas estas cuestiones llevarán tiempo, y mientras tanto reinará la incertidumbre. Los inversores no sabrán dónde deben realizar sus apuestas —beneficiarios del teletrabajo, como Zoom, o actores que reabren, como restaurantes—. La Reserva Federal ha insinuado que puede que acelere las reducciones, o limitación, de sus compras de activos. El presidente de la Fed, Jerome Powell, declaró este martes que el banco central debería considerar llevarlo a cabo.

Foto: Vacuna. (EFE)

Pero puede que nuevas malas noticias sobre ómicron retrasen dicha decisión. Puede que las empresas suspendan sus planes de inversión y contratación, para no equivocarse. Y puede que algunos estadounidenses se abstengan de actividades como ir al cine, reservar viajes o reincorporarse a la fuerza laboral hasta que tengan una mayor comprensión del riesgo.

El resultado será probablemente una economía que crece a un menor ritmo de lo que lo haría si ómicron no hubiese aparecido. Y si resulta que la nueva variante no es tan peligrosa como se teme, toda la espera y preocupación parecerán en vano. Puede que incluso lleve a algunos a no tomarse en serio variantes posteriores.

Pero si ómicron es, en realidad, una variante peligrosa, la parte realmente difícil aún está por llegar. La forma en que eso puede afectar a la economía depende de una serie de factores.

Cada ola de contagios de covid-19 ha provocado menos daños económicos que la anterior —un reflejo de las adaptaciones (como las comidas en terraza), la vacunación y la aversión de las autoridades gubernamentales a reimponer restricciones—. Sin duda, probablemente haya cierto nivel de gravedad que anule dichos avances: cuanto peor sea ómicron, peores serán las consecuencias.

Foto: Foto: EFE/Ana Escobar. Opinión

Además, aunque las últimas olas de covid hayan causado menos daños, han dejado marca. Por ejemplo, en los estados que experimentaron rebrotes más graves por delta en verano, el gasto del consumidor se moderó más que en otros estados, según descubrió un análisis sobre datos de crédito y tarjetas bancarias de JP Morgan Chase.

Por otra parte, los inversores estadounidenses no deberían mirar a ómicron a través de un objetivo puramente centrado en EEUU. Otros países podrían ser más propensos a imponer restricciones como respuesta a los brotes, y eso podría agravar los problemas de la cadena de suministro a que las empresas se están enfrentando.

Por último, y con suerte, los fabricantes de la vacuna declararán, si resulta ser necesario, que pueden desarrollar rápidamente dosis de refuerzo que funcionen contra ómicron, con el CEO de Pfizer, Albert Bourla, afirmando que su empresa puede fabricar una en menos de 100 días. El invierno podría ser más duro de lo que ninguno esperábamos, pero la primavera acabará llegando.

*Contenido con licencia de ‘The Wall Street Journal’.

Dicen que la espera es la parte más difícil. Cuando se trata de la espera que debemos sufrir antes de tener una idea real de lo grave que es la amenaza de ómicron, solo podemos esperar que así sea.

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