Grietas en la OPEP y el riesgo de un barril de crudo de nuevo en 100 dólares
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Sin incremento de la oferta petrolera

Grietas en la OPEP y el riesgo de un barril de crudo de nuevo en 100 dólares

El choque entre Arabia Saudí y Emiratos Árabes sobre la extensión del acuerdo encierra riesgos tanto al alza como a la baja para los precios del crudo

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Grietas en la OPEP y el riesgo de un barril de crudo de nuevo en 100 dólares.

A la tercera no ha llegado la vencida. La OPEP+ ha sido incapaz de resolver sus diferencias sobre el aumento propuesto de la producción y deja, de momento, a la economía sin el esperado incremento de la oferta que se venía reclamando para dar respuesta a una demanda pujante que ya ha llevado los precios más de un 100% por encima de los niveles que reflejaban a principios del pasado mes de octubre. Una escalada que recibía este lunes un nuevo impulso, tras confirmarse el desacuerdo de los países productores, hasta superar la barrera de los 77 dólares por primera vez desde 2018.

Los niveles alcanzados por el crudo son la imagen de un éxito cartelístico: el de la estrategia seguida por los países de la OPEP más asociados (principalmente Rusia y Kazajistán), tras varios años de controles a la producción para tratar de poner freno a un exceso de oferta que amenazaba con derrumbar los precios del crudo hasta niveles escasamente rentables. En la competencia frente a los productores de esquisto ('shale oil'), el cártel liderado por Arabia Saudí puede exhibirse hoy —hasta cierto punto— como vencedor.

Pero el del petróleo es un mercado que siempre ha dependido de frágiles equilibrios. Aunque es obvio que los productores desean precios elevados de la materia prima, no lo es menos que un repunte por encima de determinados niveles puede resultar contraproducente si pone en peligro la estabilidad de la economía global. Y si este es un aserto que se puede colgar al petróleo casi en cualquier escenario, resulta mucho más evidente en el entorno actual, cuando la economía trata de reponerse de los estragos ocasionados por la crisis del coronavirus.

La falta de acuerdo ha empujado los precios del crudo hasta su cota más alta desde 2018

En tales circunstancias, el incremento reciente de los precios y los pronósticos de que podría llegar a alcanzar niveles de hasta 100 dólares empiezan a ser percibidos como una amenaza por una doble vía. La más directa, porque el encarecimiento de los combustibles conlleva, lógicamente, un incremento de gastos para consumidores y empresas que limita sus capacidades de gasto e inversión. Pero de un modo más indirecto —y que admite más debate—, porque el repunte de los precios del crudo viene a azuzar los temores inflacionistas en un momento en que el mercado trata de convencerse de que el fuerte crecimiento económico actual es compatible con la continuación de las políticas de estímulo de los bancos centrales, sobre las que se ha basado en buena medida su fortaleza de los últimos tiempos.

Por eso, entre los países productores no parece haber el menor disenso sobre la conveniencia de incrementar la oferta, con lo que también podrían sacar un mayor beneficio de su capacidad productiva. Pero sí lo hay sobre los modos, porque a Emiratos Árabes Unidos no le parecen correctos los planes de llevar el acuerdo hasta finales de 2022 si antes no se revisan sus cuotas de producción de base, que considera injustamente reducidas. Para los líderes del cártel y, en especial, para Arabia Saudí, ceder a las intenciones del Gobierno emiratí (con el que mantiene recientemente una serie de diferencias de tipo político) podría poner en peligro la vigencia del acuerdo, si diera pie a que otros países reclamen revisiones similares.

Foto: EC.

Ante esta disyuntiva, puede sorprender que los miembros de la OPEP+ no hayan encontrado la manera de salvar la situación con una solución de compromiso, en la que se elevara la oferta en los 400.000 barriles diarios inicialmente propuestos y se pospusiera una posible extensión del pacto hasta finales de 2022 para más adelante. Porque sin pacto, la organización podría enfrentarse, igualmente, a un riesgo de derrumbe de su acuerdo.

Al fin y al cabo, uno de los grandes méritos del pacto mantenido en los últimos años ha sido el elevado grado de cumplimiento de los productores con las cuotas establecidas para cada uno de ellos. Pero tras el desacuerdo evidenciado en los últimos días, son varios los expertos que sospechan que esos compromisos pueden empezar a flaquear (lo que podría explicar la reacción más o menos contenida de los precios tras la noticia de este lunes, con alzas en torno al 1% para el barril de Brent). "Creemos que esta disputa que involucra a los Emiratos Árabes Unidos aumenta las posibilidades de que todo el acuerdo se desmorone, lo que claramente representaría un riesgo a la baja para nuestras previsiones de precios a corto plazo", indican en Capital Economics.

Emiratos Árabes podría llegar a aumentar su producción en hasta un millón de barriles diarios

Solo con que Emiratos Árabes decidiera despegarse del acuerdo, el resultado sobre la oferta de crudo podría ser significativo, ya que, como advierte Gonzalo Escribano, investigador principal y director del Programa de Energía y Cambio Climático, la federación arábiga asegura contar con capacidad extra de producción de hasta un millón de barriles. "Emiratos Árabes Unidos es un productor importante y, además, ese eventual incremento de la oferta podría coincidir con el retorno al mercado de Irán, si hay acuerdo nuclear con Estados Unidos", sostiene.

Y en esas condiciones volvería a ponerse a prueba la firmeza de los restantes miembros del cártel, que verían peligrar sus cuotas de mercado en un momento en que la fuerte demanda favorecería un incremento de los ingresos petroleros para unas arcas que durante los últimos años han soportado serias dificultades. "Un escenario en el que cada uno de los países empiece a ir por su lado no puede descartarse. Pero creo que no es lo más probable, creo que ya han aprendido la lección de adónde conducen los desacuerdos", observa Escribano, rememorando el histórico colapso de los precios en abril del año pasado, cuando algunos contratos de futuros se llegaron a negociar a precios negativos.

Aquella tormenta, al igual que la brusca caída experimentada entre mediados de 2014 y principios de 2016 (cuando los precios descendieron más de un 75%), estuvo lejos de suponer un regalo sin peros para la economía y los mercados, ya que su potente efecto desestabilizador llegó a eclipsar las ventajas de unos precios reducidos de la energía. Episodios que recuerdan que un mercado petrolero en equilibrio es el mejor de los escenarios para el crecimiento global, máxime en un entorno con tantas incógnitas como el actual. La OPEP+ parece tener en su mano la manera de lograrlo, pero los últimos acontecimientos recuerdan que no es nada descartable que acabe perdiendo las riendas.

A la tercera no ha llegado la vencida. La OPEP+ ha sido incapaz de resolver sus diferencias sobre el aumento propuesto de la producción y deja, de momento, a la economía sin el esperado incremento de la oferta que se venía reclamando para dar respuesta a una demanda pujante que ya ha llevado los precios más de un 100% por encima de los niveles que reflejaban a principios del pasado mes de octubre. Una escalada que recibía este lunes un nuevo impulso, tras confirmarse el desacuerdo de los países productores, hasta superar la barrera de los 77 dólares por primera vez desde 2018.

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