El lado oscuro del 'boom' renovable: igual lo que va a faltar ahora es petróleo
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El lado oscuro del 'boom' renovable: igual lo que va a faltar ahora es petróleo

La predilección de Wall Street por las renovables podría significar que los productores de petróleo ahora tengan problemas para atender la demanda

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Algunos inversores apuestan por que la predilección de Wall Street por la energía limpia reducirá el gasto en extracción petrolera, dando paso a déficits de suministro y mayores precios del combustible. Las apuestas llegan cuando los gestores reúnen billones de dólares para programas eólicos, solares y otras energías renovables, y la inversión en proyectos petrolíferos cae. El desplome del gasto en combustibles fósiles se está volviendo tan agudo que las energéticas podrían tener problemas para saciar la sed de petróleo del mundo, según algunos analistas.

Se sigue esperando que el petróleo siga teniendo una alta demanda durante la próxima década para fabricar combustibles de transporte y petroquímicos utilizados en los plásticos y otros productos del hogar. Últimamente, el consumo en EEUU ha repuntado, al pasar lo peor de la pandemia del coronavirus, y los recortes de producción de la Organización de Países Exportadores de Petróleo han disparado más los precios.

El crudo estadounidense llegó a 71,48 dólares el barril este lunes, su nivel máximo en más de dos años y medio, y se ha casi doblado desde finales de octubre. Algunos inversores están utilizando opciones, que permiten al propietario comprar o vender un activo a un precio determinado en el futuro, para apostar por que los precios llegarán a 100 dólares a finales del año que viene.

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Incluso después de que la OPEP y sus aliados eleven la producción en los próximos meses, algunos analistas creen que a la producción le costará ajustarse a la demanda, que la Agencia Internacional de la Energía prevé que crezca al menos hasta 2026. El gasto en extracción petrolera cayó el año pasado hasta los 330.000 dólares, menos de la mitad del total en su récord de 2014, según la firma de análisis Wood Mackenzie. Se espera que esa cifra crezca ligeramente este año, así como en los próximos.

Leigh Goehring, socio director de la firma de inversión centrada en materias primas Goehring & Rozencwajg Associates, dice que cree que los precios aumentarán en los próximos años a medida que el consumo supere la capacidad productiva durante un periodo prolongado por primera vez en la historia. Su firma aumentó sus inversiones en productores energéticos durante el golpe del año pasado y ha mantenido dichas participaciones. “Estas son las bases para la próxima crisis del petróleo”, declara. “Estamos en territorio desconocido”.

Los analistas dicen que se podrían disparar los precios del petróleo de la siguiente forma: a medida que más personas vuelvan a viajar tras la pandemia, se espera que la demanda aumente. Eso permitiría a la OPEP relajar las restricciones de suministro y reducir las reservas globales de petróleo. Si el consumo sigue creciendo después de 2022, como muchos esperan, el mundo entonces necesitaría más petróleo de las mismas empresas que ahora reciben órdenes de limitar el gasto por parte de los inversores, lo que resultaría en un déficit de suministro.

[Consulte el precio del petróleo y las materias primas aquí]

La OPEP tiene la capacidad de aumentar la producción rápidamente, y actualmente hay grandes reservas a las que se podría recurrir para responder a las subidas de precio. Pero muchos en Wall Street se están retirando de la industria de los combustibles fósiles, dejando a los inversores con la duda de si las empresas deberían ser capaces de recaudar dinero suficiente para cubrir cualquier brecha de suministro a más largo plazo.

En los últimos años, una creciente producción de los productores de esquisto y las grandes petroleras sofocó los precios. Ahora, muchos analistas se preguntan si dichas compañías reforzarán el gasto rápidamente ante una consolidación de la industria y una creciente presión ambiental. Las empresas energéticas han recortado últimamente el valor de sus activos en decenas de miles de millones de dólares a medida que el sector hace frente a la ola de insolvencias y contratiempos en proyectos del año pasado.

La inversión prevista para el suministro de petróleo global se queda 600.000 millones de dólares por debajo de lo que se necesitaría para satisfacer la demanda prevista en 2030, según el analista de JP Morgan Christyan Malek. La presión para entregar dinero a los accionistas, en parte motivada por las preocupaciones respecto a la perspectiva a largo plazo de la demanda de petróleo, ha limitado la capacidad de la industria para reinvertir dinero en nuevos proyectos, afirma.

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“Simplemente, es difícil ver de dónde procederá el dinero para crecer al ritmo que se necesite desde 2022”, dice David Meaney, fundador de Assert Capital Management. El fondo de cobertura con sede en Dallas se está posicionando para unos precios del petróleo más altos a través de futuros y opciones. Las apuestas son un recordatorio de que la transición sin precedentes hacia las renovables y los coches eléctricos sigue en sus primeras fases y podría recorrer varias etapas. También muestra los desafíos a que se enfrentan productores como Exxon Mobil, Chevron y Royal Dutch Shell. Además de las preocupaciones por el gasto y los rendimientos de los accionistas, están luchando contra órdenes para reducir el impacto ambiental. Shell declaró la semana pasada que aceleraría los esfuerzos para reducir emisiones tras un fallo de un tribunal holandés que ordenaba a la compañía tomar medidas más drásticas.

A medida que la economía se recupera de la pandemia, la pregunta a la que se enfrenta el sector energético es si la demanda caerá a la larga para ajustarse a un suministro limitado, dicen los inversores. Eso invierte un paradigma de varias décadas de cuestionarse si la producción puede ponerse al día con el consumo, con Wall Street debatiendo previsiones imprecisas sobre el ritmo de la transición a las renovables.

“Soy optimista respecto a los vehículos eléctricos. Todavía queda tiempo antes de que se lleven una parte de la demanda de petróleo”, declara Jason Bordoff, asesor de energía en la Administración Obama y director fundador del Center on Global Energy Policy, de la Universidad de Columbia.

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Otro obstáculo para los productores: una producción decreciente de los pozos existentes con el tiempo. El número de plataformas perforando en busca de petróleo en EEUU se mantiene cerca de un 60% por debajo de los niveles de 2018 incluso cuando los precios han aumentado, según muestran cifras de Baker Hughes. “Los inversores se lo han dejado claro al sector energético: ‘No gastéis mucho dinero”, declara Rob Thummel, gestor de cartera sénior en la firma de gestión de activos energéticos Tortoise. “Los consejos y equipos directivos tienen que escuchar a los accionistas”.

La industria energética no es la única que ha adoptado un enfoque precavido. Los mineros, que ardieron en efectivo la última vez que los precios de los metales industriales se dispararon, también han sido reticentes a invertir dinero en proyectos porque los inversores han impulsado una mayor disciplina. Algunos analistas alegan que las preocupaciones por una escasez de petróleo son exageradas, especialmente cuando grandes proveedores siguen reteniendo grandes cantidades deliberadamente debido a los trastornos por el coronavirus. Puede que los productores e inversores fueran menos disciplinados a la hora de limitar la inversión y la oferta si los precios aumentasen y se pudiesen beneficiar, afirman.

Pero, por ahora, muchos están adquiriendo posiciones para prepararse para déficits. Hayal Ahmadzada, director de Inversión en el brazo inversor de la empresa petrolera nacional de Azerbaiyán, conduce un coche eléctrico Tesla, pero espera que el crudo supere los 100 dólares el barril el año que viene. “La transición debe ser muy prudente para evitar grandes alteraciones”, declara.

*Contenido con licencia de ‘The Wall Street Journal’.

Algunos inversores apuestan por que la predilección de Wall Street por la energía limpia reducirá el gasto en extracción petrolera, dando paso a déficits de suministro y mayores precios del combustible. Las apuestas llegan cuando los gestores reúnen billones de dólares para programas eólicos, solares y otras energías renovables, y la inversión en proyectos petrolíferos cae. El desplome del gasto en combustibles fósiles se está volviendo tan agudo que las energéticas podrían tener problemas para saciar la sed de petróleo del mundo, según algunos analistas.

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