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Las carteras se inundan de liquidez... Pero ¿qué pasará cuando 'volvamos a la calle'?

A pesar de haber vivido guerras, epidemias, crisis energéticas y grandes crisis financiera, la bolsa americana ha obtenido una rentabilidad anual media de más del 6% en los últimos 120 años

Foto: Foto: Reuters.
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Historia pura y dura. Cifras nunca vistas. Por ejemplo, los 24.000 millones de euros de patrimonio que ha perdido en un solo mes la industria española de fondos de inversión. O los más de 600.000 millones de dólares que han huido a nivel global hacia fondos de liquidez en apenas unas semanas, saliendo a toda prisa de renta fija y, en menor medida, de renta variable.

Una curva exponencial, casi tanto como esa otra mucho más dramática que hemos ido contemplando cada día atónitos desde nuestras pantallas, la de los contagios y muertes por coronavirus. Y como la escalada de medidas de confinamiento que han ido poniendo en marcha los gobiernos. Pero los últimos días ha empezado a cambiar el aire.

“Ahora, el tema central no es ya la contención del virus, sino cómo y cuándo llevar a cabo el levantamiento de las medidas de confinamiento. Ya estamos viendo ejemplos de esto en Europa”, explican desde Openbank. Y la salida del estado de alarma también debería aplicarse a la gestión de las carteras.

Si hay algo que no ha cambiado en estas últimas semanas, es la esperanza de rentabilidad en las cuentas corrientes y depósitos: cero patatero. Es evidente que en términos nominales al menos aseguran no perder, que parece premio suficiente cuando uno mira su cartera y ve las pérdidas que acumulan en el año casi todos los fondos o acciones.

Pero en términos reales, la amenaza fantasma sigue latente. Si retorna la inflación, si en algún momento volvemos a gastar y, poco a poco, empiezan a subir los precios de los bienes y servicios que consumimos, nuestro dinero irá perdiendo capacidad de compra. Un riesgo que ahora parece menor, pero que muchos ven como riesgo por los efectos a medio plazo de los planes de estímulo de bancos centrales y gobiernos.

Recordemos que si la inflación sube un 2% de media anual, cifra que ahora parece lejana pero que los bancos centrales tienen como objetivo, el dinero habrá perdido un 10% de poder adquisitivo a los cinco años y un 18% a los 10 años. Solo podemos evitarlo consiguiendo una rentabilidad que al menos empate con esa subida del IPC.

Ya, pero ¿y si no hemos visto fondo todavía en las bolsas? ¿Y si vuelven las caídas? ¿Y si estamos solo ante un espejismo dentro de un mercado bajista? ¿Y si…? “Sabemos que las emociones en las decisiones financieras son muy malas consejeras. La situación actual aumenta muchísimo la carga emocional y debemos contrarrestarla con una dosis mayor de trabajo analítico”, explica Patrick Nielsen, subdirector general de Mapfre AM. En su opinión, “para ayudar en este ejercicio, es útil dibujar dos escenarios: ¿qué gano si sale bien?, ¿cómo me quedo si sale mal? Y aceptar que ambos pueden ocurrir. No se trata de acertar”, añade.

En Openbank, también avisan de los peligros emocionales para esta nueva fase: “Las decisiones de inversión tomadas sobre una percepción subjetiva de si es buen momento para invertir, si es buen momento para seguir invertido, son lideradas por lo que ha pasado hasta ahora y no por lo que pasará en el futuro. ¿Estamos mejor que ayer? Creemos que sí”.

¿Hora entonces de empezar a aumentar el riesgo en las carteras? En Abante creen que sí: “Las recientes caídas de los mercados han supuesto una mejora evidente en los múltiplos a los que cotiza la renta variable”, y consideran “que es un buen momento para incrementar ligeramente nuestra exposición”, aunque ven “probable que las noticias sobre la evolución del virus sigan empeorando, sobre todo en Europa y Estados Unidos”.

David Sánchez, analista de fondos de Andbank España, también aconseja “evitar la tentación de tomar decisiones de inversión pensando en las caídas que se hayan podido producir en el corto plazo”, y añade que estamos ante un “buen momento para aprovechar las caídas si tenemos dinero en liquidez”.

Recuerdan los expertos que, a pesar de haber vivido guerras, epidemias, crisis energéticas y grandes crisis financiera, la bolsa americana ha obtenido una rentabilidad anual media superior al 6% anual en los últimos 120 años. O que, como muestra este gráfico de JP Morgan AM, en los últimos 70 años, apenas ha tenido periodos de 10 años en negativo y nunca ha perdido dinero a plazos de 20 años, ni comprando en el peor momento.

Eso sí, cuidado eligiendo industrias y valores concretos, porque aunque los índices hayan tenido estos resultados, por el camino se han quedado muchas compañías. Desde Aberdeen Standard Investments, recomiendan “foco en los supervivientes y en el largo plazo: una vez que una compañía pierde un semestre de ingresos, lo importante es su supervivencia primero, y que retome la senda del crecimiento en los siguiente periodos”.

Y en Robeco, recuerdan que “durante las recuperaciones que siguieron a estos hechos (mercados bajistas provocados por acontecimientos como el actual), las acciones de capitalización reducida y dividendo elevado ofrecieron rentabilidades superiores”, según sus gestores Pim van Vliet y Guido Baltussen.

Eso sí, nadie recomienda tomar estas posiciones a lo loco, ni intentando adivinar el suelo de mercado invirtiendo todo de golpe, sino hacerlo conforme al nivel de riesgo que cada uno pueda asumir y poco a poco, si es posible, con un plan de inversiones periódicas para suavizar los precios de entrada.

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