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Rentabilidades de retorno absoluto o relativo: qué te conviene como inversor

Elegir una u otra influye en la estrategia inversora. Aclaramos los conceptos y cómo se calcula cada una de ellas

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Al común de los mortales eso de retorno absoluto y relativo son expresiones que les suena a chino, pero en las conversaciones y discursos de los profesionales de la inversión están permanentemente. No está de más que cuando les escuches, sepas a qué se refieren ya que aplicado a la estrategia inversora cambia, y mucho.

Técnicamente, la primera -absoluto- se refiere a la rentabilidad obtenida durante un periodo concreto, mientras que la segunda -relativo- es la diferencia entre el rendimiento absoluto y el del mercado, comparando un índice de referencia ('benchmark'), como puede ser el Ibex 35, el FTSE 100 o el MSCI Europe. En román paladino, si las acciones de una empresa ganaron el año pasado un 10%, esa es su rentabilidad absoluta, pero si se compara con la revalorización del 15% de su índice, su rentabilidad relativa es del 5%. Es una forma de medir si el gestor de turno lo está haciendo bien o mal.

Aterrizados ambos conceptos a los objetivos de inversión, el retorno absoluto persigue beneficios constantes durante un plazo determinado, pase lo que pase en los mercados. Es decir, busca obtener ganancias en función del horizonte temporal de la inversión y/o perfil de riesgo a partir de activos descorrelacionados del ciclo económico. Dicho de otra forma, son anticíclicos, no se ven afectados por la situación macroeconómica. Esto permite a los productos financieros de retorno absolutos ser rentables incluso en periodos bajistas.

En cambio, el retorno relativo trata de batir al selectivo en cuestión. Su éxito o fracaso se mide en función de su comportamiento frente al 'benchmarck'. Esta es la estrategia que siguen los 'roboadvisors', cuyos fondos están indexados (referenciados) a un índice, de tal manera que, si este lo hace mal, el fondo seguirá la misma estela, y viceversa. Por lo tanto, va de la mano del contexto económico. "Casi toda la industria está construida en términos relativos, y no es posible encontrar a corto plazo una buena compañía para invertir al día siguiente", según explicaba recientemente Beltrán de la Lastra, director de Inversión de la gestora independiente Bestinver, en un acto en la Universidad Pontificia Comillas ICAI-ICADE, en Madrid.

Y es que la firma basa su metodología de inversión en lo que se conoce como 'value investing' o inversión en valor, consistente en identificar negocios de calidad, comprarlos a precio de ganga y esperar a que el paso del tiempo haga converger valor y precio. Dicho así, puede resultar sencillo, pero detrás hay un arduo trabajo y grandes dosis de paciencia para construir carteras robustas que eviten pérdidas permanentes de capital a partir de la diversificación de los activos.

Para ello, se realiza un análisis en profundidad de las compañías, escudriñando los números de la cuenta de resultados y del balance (análisis fundamental). Una empresa de calidad es aquella que tiene capacidad de generar caja (efectivo) con la que financiar su crecimiento sin tener que recurrir a financiación externa y no tiene o es reducida su deuda. En paralelo, el equipo gestor tiene que tener una reconocida trayectoria y sus intereses han de estar alineados con los accionistas. Puede parecer de Perogrullo, pero las hay con directivos poco identificados. Son, por ello, las empresas familiares las que suelen ajustarse a este perfil.

En el momento en que la cotización de los títulos alcanza el mismo o se sitúa cerca, es cuando hay que deshacer posiciones y recoger beneficios

Por otra parte, estos negocios tienen que tener ventajas competitivas que las hagan diferentes a los demás y estar en un sector con recorrido al alza en el largo plazo. En este sentido, son interesantes aquellos que tienen barreras de entradas, ya que la llegada de nuevos competidores se hace difícil.

Una vez identificados, se calcula su valor intrínseco y toca esperar a que las acciones se pongan a tiro. Cuando ocurre, nuevamente queda tomárselo con calma, que el mercado reconozca el verdadero valor del negocio. En el momento en que la cotización de los títulos alcanza el mismo o se sitúa cerca, es cuando hay que deshacer posiciones y recoger beneficios. Una liquidez que servirá para hacer nuevas adquisiciones. Y así, sucesivamente.

“En Bestinver dedicamos todos nuestros esfuerzos a analizar el mercado en busca de oportunidades, identificando e invirtiendo en aquellas compañías en las que su valor real es muy superior a su precio de mercado. Nuestra filosofía de inversión se asienta en tres pilares: análisis fundamental, una gestión adecuada del riesgo para minimizar la probabilidad de pérdida del capital y un horizonte temporal a largo plazo”, señala el director Comercial de la firma, Gustavo Trillo

*El Confidencial, en colaboración con Bestinver, gestora independiente especializada en fondos de inversión y planes de pensiones, pone a disposición de sus lectores el espacio Ahorro e Inversión. Con 30 años de experiencia y 6.200 millones de euros de patrimonio bajo gestión, Bestinver trabaja con el objetivo de generar las mejores rentabilidades a largo plazo para sus inversores.

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