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El riesgo de invertir en nuevas explotaciones de petróleo es más real que nunca
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El riesgo de invertir en nuevas explotaciones de petróleo es más real que nunca

Los últimos informes de Carbon Tracker señalan que la demanda de este combustible fósil aumentará hasta 2026, pero que luego bajará drásticamente hasta 2040. El sector (y los inversores) deben prepararse para el cambio

Foto: Pozo petrolífero en EEUU. (Reuters/Rick Wilking)
Pozo petrolífero en EEUU. (Reuters/Rick Wilking)

El abandono del petróleo y sus derivados, como una obligación comprometida con el cumplimiento de los objetivos climáticos y su impacto en el medio ambiente, está cada día más cerca. Lo que tardemos en hacerlo solo depende de nosotros. Esta erradicación del principal combustible que nutre nuestro sistema económico implica numerosos y variados riesgos, puesto que continuamos siendo extremadamente dependientes de él para una gran cantidad de actividades productivas.

Necesitamos prepararnos para el camino que se ha acordado tomar, definiendo claramente cómo vamos a gestionar su abandono progresivamente, con salvaguardias sociales y laborales que no agudicen la desigualdad. Hoy en día el precio del crudo está disparado, pese a encontrarse ensombrecido, en gran medida, por las tensiones geopolíticas gasistas, provocando el histórico repunte de los precios de la electricidad.

"Es necesario satisfacer el repunte de la demanda de petróleo a corto plazo. No obstante, es prioritario mantener un enfoque conservador"

Y es que la gasolina también marca récords. A principios de este 2022, el precio del barril de Brent es de 90 dólares, provocando que los conductores estén pagando en los surtidores de las gasolineras más de 1,60 € por litro (gasolina de 95 octanos) y 1,50 € por litro de diésel.

Bank of América, en su informe “Perspectivas económicas para este año 2022”, señala que la capacidad de la OPEP+ (principal cartel de países productores de petróleo) para producir y bombear barriles de crudo está muy mermada. El principal motivo es el cambio de rumbo de los flujos de inversión en nuevos nichos de negocio a tenor de la transición energética que estamos viviendo, ya sean las energías renovables, los vehículos eléctricos o los sistemas de eficiencia y la digitalización.

Por esta razón, junto con el rápido aumento de la demanda en países emergentes tras el parón por la pandemia, estiman que el barril de Brent podría alcanzar los 120 dólares para finales de junio de 2022. Tampoco decrecerá, según el banco de inversión Goldman Sachs, que indica que los precios del barril que nos acompañarán este año rondarán los 100 dólares y pronostica 85 dólares para los próximos.

Gestionar el pico de petróleo

Este incremento de precios es un síntoma del inicio del fin de la era de los combustibles fósiles. Así lo señala el informe de Carbon TrackerManaging Peak Oil”, que analiza y expone el gran riesgo que conllevan estos elevados precios del petróleo al poder tentar a las grandes petroleras a tomar la decisión de invertir en nuevos proyectos de explotación.

El informe modela un escenario mundial en el que la demanda de petróleo aumentaría hasta 2026 y luego caería, bruscamente, hasta 2040. Si el precio del barril cayera a una media de 40 dólares después de 2026 -una suposición conservadora-, se podrían desperdiciar unos 500.000 millones de dólares de inversión en proyectos que carecerían de la rentabilidad financiera prevista. En un escenario con el precio inferior a 30 dólares, las empresas y los inversores podrían desperdiciar el doble. Para situar y comparar cifras, BloombergNEF cifró en 750.000 millones de dólares la inversión en energías limpias, incluidos los vehículos eléctricos, realizada en 2021.

placeholder Un pozo petrolífero en el Lago Maracaibo, en Cabimas, Caracas. (Reuters)
Un pozo petrolífero en el Lago Maracaibo, en Cabimas, Caracas. (Reuters)

En este sentido, es necesario ser prudentes y gestionar los flujos de capital en inversiones que tienen un desarrollo a largo plazo, preservando el valor para los accionistas y, ante todo, para que sean coherentes y ayuden a alcanzar los objetivos climáticos. Como Carbon Tracker asevera, con la conversión de los objetivos intermedios hasta alcanzar la neutralidad climática, como sería la paulatina electrificación de las diferentes modalidades de transporte, disminuirá la demanda de petróleo a medio-largo plazo. Teniendo en cuenta este hecho, es posible anticiparse y gestionar el descenso de la demanda de petróleo.

Lo que es una evidencia es que la sociedad debe aprender y gestionar el “peak oil”. Carbon Tracker concluye evidenciando que es necesario satisfacer el repunte de la demanda a corto plazo. No obstante, es prioritario mantener un enfoque conservador en las inversiones verdes a corto y largo plazo solo para aquellos proyectos de petróleo de esquisto cuya puesta en operación sea rápida.

Proyectos sin futuro ni rentabilidad

La principal premisa parte de evitar generar una losa de deudas, impagos y activos varados con nuestros proyectos petrolíferos. En su informe Carbon Tracker clasifica con un valor de alto riesgo aquellos proyectos que necesitan un precio equilibrado del barril de crudo superior a los 50 dólares y cuya producción no arrancaría hasta finales de esta década.

Foto: La ONU reclama frenar ya la producción de combustibles fósiles (Reuters)

Llamando la atención sobre los proyectos actuales por su elevada necesidad de inversión, destaca el proyecto Lower Fars Heavy Oil (Fase 2) de Kuwait Petroleum Corp, con una inversión de 7.500 millones de dólares. Situado en Kuwait, iniciaría su producción de 70.000 barriles de crudo al día en 2028. Otros de los señalados en rojo son: el proyecto Bosi de ExxonMobil (56%) y Shell (44%), de 6.700 millones de dólares, en Nigeria; el proyecto Tupi de Petrobras (67%), Shell (23%), Galp (6,5%) y otras compañías minoritarias, de 3.100 millones de dólares, en Brasil; y el proyecto Bacalhau y Bacalhau Norte (Fase 2), de 3.000 millones de dólares, de ExxonMobil (40%), Equinor (40%), Galp (14%) y Sinopec (6%) en Brasil.

Todas están compañías ya han aprobado su plan de descarbonización o están manos a la obra, siendo un oxímoron el construir un futuro con tecnologías del pasado. El informe lanza una señal de aviso a las grandes petroleras para que puedan gestionar el pico de demanda, al tiempo que reducen el riesgo de malgastar una inversión que se podría direccionar hacia sectores innovadores como son las energías renovables, la movilidad sostenible y la rehabilitación energética

El abandono del petróleo y sus derivados, como una obligación comprometida con el cumplimiento de los objetivos climáticos y su impacto en el medio ambiente, está cada día más cerca. Lo que tardemos en hacerlo solo depende de nosotros. Esta erradicación del principal combustible que nutre nuestro sistema económico implica numerosos y variados riesgos, puesto que continuamos siendo extremadamente dependientes de él para una gran cantidad de actividades productivas.

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