Elecciones climáticas en Noruega: entre el coche eléctrico y la extracción de petróleo
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Elecciones climáticas en Noruega: entre el coche eléctrico y la extracción de petróleo

El crudo representa el 14% del PIB del país nórdico y más de un 40% de sus exportaciones. Al mismo tiempo, es el primer país de la Tierra donde las ventas de vehículos eléctricos han superado a los de combustión

placeholder Foto: Plataforma pretrolífera en las aguas de Noruega. Reuters
Plataforma pretrolífera en las aguas de Noruega. Reuters

El Partido Laborista de Noruega se ha hecho con la mayoría de los votos en las elecciones generales celebradas el lunes en el país escandinavo, unos comicios dominados por el cambio climático en los que la victoria de centro izquierda permite al partido de Jonas Gahr Støre desbancar a la conservadora Erna Solberg, cuya formación ha liderado el gobierno durante los últimos ocho años.

La campaña electoral estuvo en buena medida influenciada por el reciente informe del IPCC en el que este grupo de expertos de la ONU subrayaba una vez más la necesidad de adoptar políticas más contundentes e inmediatas para frenar a tiempo el calentamiento global y evitar las peores consecuencias de esta crisis planetaria.

El crudo representa el 14% del PIB noruego, y más del 40% de sus exportaciones

Las advertencias científicas, sumadas a una serie de fenómenos meteorológicos extremos atribuidos al cambio climático en Europa, han tensado la cuerda que tiene a la sociedad noruega dividida entre mantener a su poderosa industria del petróleo y o elevar su ambición climática, a menos de 50 días de la cumbre de Naciones Unidas (COP26) que acogerá Glasgow para retomar las negociaciones internacionales con las que se pretende limitar el calentamiento a 1,5 ºC o 2 ºC en 2100.

Fay Farstad, investigadora en el Center for International Climate Research (CICERO), asegura a El Confidencial que en estas elecciones, por primera vez, se ha logrado dejar atrás el tabú que representaba la “difícil pregunta” de cómo plantear el futuro del crudo en el país nórdico. “Los verdes se han enfrentado a una gran competencia en este tema, con el Partido de Izquierda Socialista y el Partido Liberal abordando ampliamente el cambio climático. Si se observan los resultados combinados de estas tres formaciones, los que podríamos llamar “partidos del clima”, en total obtienen el 15,8% de los votos, lo que les convertiría en el tercer partido más grande”, explica por teléfono desde la sede de CICERO en Oslo.

placeholder Vahículo eléctrico enchufado en Oslo. Noruega es el país que más coches eléctricos vende por habitante. Reuters
Vahículo eléctrico enchufado en Oslo. Noruega es el país que más coches eléctricos vende por habitante. Reuters

A pesar del compromiso climático de Noruega (reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero respecto a los niveles de 1990 en al menos un 40% antes de 2030), el abandono de los combustibles fósiles resulta un tema especialmente espinoso para un país que debe su riqueza y buenos indicadores sociales a esta industria. Desde que encontrara reservas de petróleo a finales de la década de 1960, Noruega se ha convertido en el primer productor de hidrocarburos de Europa occidental, y en el tercer exportador mundial de gas natural (detrás de Rusia y de Qatar). El crudo representa el 14% del PIB noruego, y más del 40% de sus exportaciones.

Su emblemático estado de bienestar se ha construido gracias al fondo del petróleo (Oljefondet, en noruego), que con cerca de un billón de euros es el mayor fondo soberano a nivel global. Con un modelo basado en libre mercado, pero con un elevado gasto público asociado a ciertos beneficios sociales —educación y atención médica gratuitas, y un programa de pensiones garantizadas para jubilados, entre otros—, el país nórdico de 5,3 millones de habitantes tiene actualmente el índice de desarrollo humano más alto del mundo.

placeholder El petróleo supone el 40% de las exportaciones de Noruega. Foto: Reuters
El petróleo supone el 40% de las exportaciones de Noruega. Foto: Reuters

También, y aunque resulte paradójico, es uno de los países más ambiciosos en materia climática. Se sitúa a la cabeza del Climate Change Performance Index, entre los 5 países que lideran este ranking (solo por debajo de Suecia, Reino Unido, Dinamarca y Marruecos) y lleva la delantera en movilidad eléctrica. El año pasado, Noruega se convirtió en el primer país del mundo donde las ventas de coches eléctricos superaron las de vehículos de combustión.

“Ha sido relativamente fácil para Noruega tener una política climática ambiciosa, porque no usamos el petróleo y el gas nosotros mismos, sino que lo exportamos, mientras Noruega funciona con casi el 100% de energías renovables”, apunta Farstad. “Por eso, en la forma en que contabilizamos nuestras emisiones no incluimos las emisiones del petróleo, porque se contabilizan allá donde se quema, allá donde se utiliza. Por eso hemos sido capaces de tener este tipo de división en nuestra política”, agrega.

Ahora, en un año marcado por las desigualdades económicas que ha destapado la pandemia, pero también por inundaciones, olas de calor, huracanes, incendios y otros fenómenos exacerbados por la crisis climática, la opción de dejar atrás la industria fósil para pasar a un modelo energético limpio está más sobre la mesa que nunca. El partido ecologista MDG está decidido a terminar con las exploraciones de petróleo inmediatamente, y a dejar de producir este combustible fósil a partir de 2035. También coinciden con la medida de acabar con las exploraciones el Partido de Izquierda Socialista, el Partido Rojo (Socialista), el Liberal (Venstre) y los cristiano-demócratas.

Foto: Instalaciones de almacenamiento de crudo en Alaska. Reuters

Sin embargo, esta propuesta no cuenta con el apoyo del partido laborista, por lo que no está claro que la coalición de izquierda que desaloje al gobierno conservador ponga fin a la dependencia noruega de los hidrocarburos de esta manera. En cualquier caso, Fay Farstad considera que las elecciones climáticas van a tener un efecto sobre la política de la nueva legislatura. “El debate ha cambiado, aunque los resultados de las elecciones no lo reflejen”, mantiene.

Para Farstad, el debate sobre el petróleo es una cuestión de ideología. “En estas elecciones se ha visto en dónde se sitúa cada uno respecto a una cuestión que antes directamente no se planteaba: si Noruega debería asumir una mayor responsabilidad moral. Los votantes de los partidos ecologistas sugieren que, si nosotros, uno de los países más ricos, no podemos dejar de producir petróleo y gas, ¿entonces quién lo hará?"

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