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La UE deja en manos de los Estados prohibir la venta de casas con un alto consumo de energía
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desafío para la transición energética

La UE deja en manos de los Estados prohibir la venta de casas con un alto consumo de energía

Francia prohíbe ya poner en el mercado las casas más ineficientes desde el punto de vista energético, una medida que se podría extender al resto de países de la UE

Foto: Las nuevas construcciones son más eficientes que las antiguas. (Unsplash)
Las nuevas construcciones son más eficientes que las antiguas. (Unsplash)

Días antes de hacer pública la revisión de la directiva relativa a la eficiencia energética de los edificios (DEEE) se especulaba con la posibilidad de que Europa prohibiera la salida a venta o alquiler de las casas más consumidoras de energía. “Los funcionarios de Frans Timmermans habían propuesto que todos los edificios residenciales vendidos o alquilados después de 2027 deberían alcanzar la clase energética E. Pero el Grupo de Control Regulatorio, un cuerpo de funcionarios y expertos, desestimó la idea y dijo que la Comisión corría el riesgo de pisar poderes que pertenecían a los gobiernos nacionales”, cuenta en un reportaje el diario 'The Guardian'.

Fuentes de la Comisión explican que Reino Unido o Bélgica ya cuentan con este tipo de mecanismos para empujar al mercado inmobiliario hacia la eficiencia energética. También Francia ha decidido apostar por esta fórmula. A principios de este año, el gobierno galo establecía que desde 2023 no se podrá vender ni alquilar viviendas que consuman más de 450 kWh de energía final por metro cuadrado y año. Esta medida afectará en principio a unas 90.000 viviendas, porque en posteriores tramos, en 2025 y 2028, se irá aumentando el nivel exigencia. El objetivo final es modernizar 4,8 millones de casas en todo el país.

"En España, durante mucho tiempo no hemos tenido ninguna exigencia sobre aislamiento térmico en nuestros códigos de edificación"

La revisión de la directiva finalmente deja en manos de los países las medidas a adoptar con relación a estos mínimos de eficiencia exigibles, aunque sí propone un calendario específico para la renovación de edificios calificados como clase G, con la excepción de residencias de verano o edificios con herencia cultura.

Esta clase corresponde al 15 % de los edificios menos eficientes de cada país. De la forma que sea, los edificios públicos y no residenciales deben renovarse y mejorarse hasta alcanzar, como mínimo, un nivel de eficiencia energética F en 2027 y un nivel E en 2030, a más tardar. Los edificios residenciales deben renovarse y pasar, como mínimo, de G a F en 2030, y a E en 2033, a más tardar. “En nuestra propuesta no estamos vinculando estas normas mínimas a la venta o el alquiler, aunque los Estados miembros pueden decidir hacerlo”, aclara la comisaria europea de Energía Kadri Simson.

Foto: El aislamiento de las viviendas reduce el gasto de energía (EFE)

Europa apuesta por la vía del estímulo, más que por la prohibición, y pone encima de la mesa un monto de 150.000 millones para implementar estos estándares mínimos energéticos exigibles para 2030 y duplicar las tasas de rehabilitación (ahora de media en torno al 1% anual). El 75% del parque en Europa se considera ineficiente y se calcula que unas 35 millones de personas en todo el continente tiene problemas para mantener la casa caliente.

placeholder Trabajos para mejorar la eficiencia energética del Congreso de los Diputados. (EFE/Emilio Naranjo)
Trabajos para mejorar la eficiencia energética del Congreso de los Diputados. (EFE/Emilio Naranjo)

En la revisión también se habla de un nuevo certificado energético que, se espera que aparezca sobre 2025. La existencia de los certificados no es nueva, de hecho, en España contamos con ellos desde 2013. Sin embargo, no han servido para potenciar la eficiencia tanto como se esperaba. “La certificación no se ha sabido entender como una buena herramienta para la toma de decisiones. Solo se ha usado como un documento que había que tener para vender o alquilar”, opina Albert Grau, miembro de la junta directiva de la Asociación Nacional de Empresas de Servicios Energéticos (Anese).

En este tema falta mucho por hacer, ya que el nivel medio de certificación en Europa está entre el 15 y el 25%, aunque hay grandes diferencias entre países. España está en la media europea, mientras que “solo el 5% de los edificios en Bulgaria cuenta con certificado. Esto se debe a que el sector inmobiliario está parado. En el otro extremo se sitúa Irlanda, que cuenta con el 70% de sus inmuebles certificados”, explican fuentes de la Comisión. Tampoco las certificaciones son homogéneas, es decir que una clase A en España no supone el mismo consumo energético que en Alemania.

placeholder Los edificios antiguos (como los del casco antiguo de Toledo) necesitarán una rehabilitación. (Unsplash)
Los edificios antiguos (como los del casco antiguo de Toledo) necesitarán una rehabilitación. (Unsplash)

Desde Anese, explican que cuando los Estados miembros adoptaron las etiquetas, repartieron las letras teniendo en cuenta sus propios edificios. “El parque a día de hoy tiene menos consumo en países más fríos que en los nuestros, porque se ha construido mejor. En España durante mucho tiempo no hemos tenido ninguna exigencia sobre aislamiento térmico, por ejemplo, en nuestros códigos de edificación. También se dan situaciones como que en Murcia las casas tengan peor comportamiento térmico que en Burgos”, explica Grau.

El nuevo certificado armonizará criterios para que la letra A signifique los mismos en toda Europa, es decir, que corresponda a edificios de cero emisiones en cualquier lugar. Además, incluirá parámetros como el carbono embebido o la economía circular, para que además de la energía que consume el edificio durante su uso se tenga en cuenta todo el ciclo desde su construcción hasta su posible desmantelamiento.

Foto: La rehabilitación de edificios debe multiplicarse por 10 (EFE/ J. Diges)

La Comisión introduce también los llamados pasaporte de renovación, que grosso modo funcionarían como guías para la rehabilitación y que garantizarían un mejor acceso a ayudas públicas. En España, por ejemplo, se acaba de presentar la 'Guía para la elaboración del Libro del Edificio Existente', cuya función es informar a las comunidades de propietarios de las ventajas que podrían conseguir en el edificio con una rehabilitación o de las ayudas de las que pueden disfrutar y que se adjudican en función de la eficiencia a la que se aspira.

Con la directiva en la mano sabemos que hay que rehabilitar el 15% de los peores edificios en términos de eficiencia energética. Eso sí si se mira los datos que maneja Moncloa en su Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia se ve que “el 84,5% de los edificios existentes se sitúan en las letras E, F o G, en términos de consumo. Asimismo, se observa que los edificios con la mejor calificación, la letra A, alcanzan el 0,2%”. Es decir, que queda mucho por hacer. Sin embargo, la tarea es agradecida en términos de ahorro. Basta pensar que un hogar de clase G consume de media unas 10 veces más energía que un edificio de consumo de energía casi nulo. Además, la renovación de los edificios ya en uso reducirá el consumo total de energía de la UE en un 5-6%.

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