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Los jueces huyen de los juzgados de violencia sobre la mujer: "Te mina profesional y personalmente"
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Mayor carga de trabajo y emocional

Los jueces huyen de los juzgados de violencia sobre la mujer: "Te mina profesional y personalmente"

La rotación de la plantilla y la interinidad en estos órganos judiciales son muy superiores a la de otros juzgados. La mayor carga de trabajo es una de las causas, pero hay más razones

Foto: Exterior de los Juzgados de Violencia sobre la Mujer, en Madrid. (EFE/F. Villar)
Exterior de los Juzgados de Violencia sobre la Mujer, en Madrid. (EFE/F. Villar)
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Verónica Ponte es jueza en Getxo, Bizkaia. Es titular en un juzgado de primera instancia e instrucción que cubre las áreas de civil, penal y familia. A pesar de ello, afirma estar satisfecha. "Al menos aquí puedo organizarme", declara. Ponte hace referencia a su paso por un juzgado mixto de Cantabria que, además de estas materias, tenía atribuidas competencias en violencia sobre la mujer. "Era un cansancio brutal. Y no solo por el volumen de trabajo, que es muy alto, porque debes hacer frente a los temas planificados más los que van surgiendo sobre violencia de género, que son prioritarios. Es que también hay una carga emocional grande", recuerda. La jueza aguantó algo más de siete años al frente del juzgado, pero el día a día acabó por desgastarla.

No es la única. Como ella, muchos jueces abandonan los juzgados de violencia sobre la mujer (VM) tras apenas unos años en el puesto. Estos órganos judiciales, de hecho, acumulan el mayor nivel de temporalidad en sus plantillas. Según los datos del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), la interinidad durante el año 2021 alcanzó el 37%, mientras que en los juzgados de lo penal y civil rondó el 30%. En otros tribunales superiores, como la Audiencia Nacional y los TSJ, la presencia de personal interino osciló entre el 20% y el 6%.

Lo mismo ocurre al analizar el índice de rotación. Este indicador se obtiene al dividir el número de tomas de posesión de un puesto que se producen anualmente (tanto de funcionarios titulares como interinos) entre la plantilla orgánica. De nuevo, los juzgados de VM alcanzaron el 0,35, la tasa más alta de todos los tribunales en 2021.

Estas plazas son, además, el destino menos predilecto para jueces y letrados de la Administración de Justicia —conocidos como LAJ, son los encargados de la gestión y la organización del juzgado—. El resto de funcionarios (gestores procesales, tramitadores y auxilios), en cambio, no miran con tan malos ojos estos órganos judiciales y suelen permanecer más tiempo.

Ahora bien, ¿por qué la rotación es especialmente alta en estos órganos? ¿Cuáles son los motivos que hacen de los juzgados de violencia sobre la mujer los 'apestados' del poder judicial?

Más trabajo, mismo salario

En primer lugar, la carga de trabajo. "El volumen es incesante", señala Fernando Cremades, letrado de la Administración de Justicia con una década de experiencia en un juzgado exclusivo de VM en Dénia (Alicante). A los asuntos diarios había que sumar todos los atestados que fueran entrando a lo largo del día. Al ser asuntos prioritarios, la agenda se paraliza y tienes que atender los nuevos, para luego continuar con la planificación previa. "Es habitual que entren cuatro, cinco o 10 atestados, lo que se traduce en más carga laboral e incertidumbre de cuándo vas a terminar. Puedes acabar a las cinco de la tarde o a las ocho, y eso afecta al ámbito profesional, porque no puedes planificar bien el trabajo diario, pero también al personal. Por ejemplo, no sabes si podrás recoger a los niños del colegio", lamenta.

Foto: Juzgado de cláusulas suelo n.º 9 bis de Granada tras un derrumbe en el techo el pasado agosto.

La situación empeora, no obstante, en los conocidos como juzgados mixtos. "En estos órganos judiciales te toca estar de guardia permanente", explica Teresa García, portavoz de la Asociación Judicial Francisco de Vitoria (AJFV). ¿A qué se debe esto? La ley diferencia entre dos tipos de juzgados de VM. Por un lado, los exclusivos, que solo cubren conflictos relacionados con violencia de género y están en las grandes ciudades y capitales de provincia. Por el otro, los compatibles o mixtos que, además de esta materia, deben hacer frente a todos los asuntos civiles y penales relativos a su jurisdicción.

De nuevo, los conflictos de violencia sobre la mujer son prioritarios, por lo que la organización se hace casi imposible. "La agenda normal se para en el momento en el que entra un conflicto de este tipo. Puede ser que un día no tengas nada y otro surjan tres repentinos. Además, es una materia muy sensible que no se resuelve en cinco minutos, ni muchísimo menos", asevera García. Actualmente, en España hay 489 juzgados de violencia sobre la mujer, de los cuales 351 son mixtos. Es decir, el 72%.

Ahora bien, ¿por qué la rotación es mayor entre jueces y letrados que entre el resto de funcionarios? Para Cremades, este fenómeno tiene una explicación sencilla. "Los trabajadores de estos juzgados tienen reconocido un complemento salarial. Todos, menos los jueces y los LAJ", lamenta. La falta de un incentivo económico, por tanto, reduce el interés de los altos funcionarios, mientras que para el resto de empleados judiciales el efecto es el contrario.

Foto: Foto: iStock.

Una opinión que comparte Inmaculada García, LAJ y titular durante varios años en un juzgado de violencia de género mixto de Valencia. "El Ministerio de Justicia es el que decide cuándo conceder o no los complementos, que, hoy por hoy, no existen. Por tanto, reina el descontento por agravio comparativo", critica.

Cuando la víctima quiere al agresor

Otro de los elementos que explican la alta rotación es la carga emocional que reviste los casos de violencia de género. "Se hace especialmente duro porque, muchas veces, las víctimas se echan para atrás en el juicio porque no quieren dejar la relación con el agresor. O, directamente, quitan hierro a ciertos comportamientos delictivos porque los han normalizado", relata Ponte. En delitos como robos con fuerza, el denunciante es consciente de la gravedad de la situación y suele declarar con coherencia y sin omitir detalles importantes. "Aquí, la víctima, muchas veces, quiere al agresor. Retira la denuncia, se aplazan constantemente las vistas... Es agotador porque ves que no va a salir de ese bucle y no puedes hacer nada por ayudarla. Y eso te mina como profesional y como persona", reflexiona.

"Muchas veces, las víctimas se echan para atrás en el juicio o quitan hierro a comportamientos que han normalizado", relata una jueza

La sensación de desgaste aumenta en los casos más graves, donde las denuncias son recurrentes, pero la víctima sigue manteniendo una relación con el agresor. "Es frustrante porque piensas que en algún momento acabarás ordenando el levantamiento de su cadáver. Intentas separarte emocionalmente, pero a nivel de salud mental te acaba tocando", asevera.

Al factor emocional se le une, además, la histórica falta de medios que aqueja a la justicia. "Está en todas las jurisdicciones, pero aquí quizás todavía es más sangrante porque la carga de trabajo es mayor y los cargos son especialmente sensibles. La víctima necesita un buen asesoramiento jurídico, un equipo de psicólogos. A veces eso falla y eso desgasta", relata García. Una idea que confirma Ponte, que describe cómo tuvo que hablar en una ocasión con el cura de la localidad para que acogiera a una víctima de violencia de género. "Cuando puso la denuncia, su pareja se llevó todo el dinero y la dejó sin nada", evoca.

¿Afecta a la rotación de la plantilla el posible rechazo a las leyes sobre violencia de género? La portavoz de la AFJV se muestra rotunda: "No, en absoluto". La magistrada, que suma varios años de experiencia en esta jurisdicción, matiza que la asignación de destinos se basa en las preferencias de los profesionales. Es decir, que ejercer en estos juzgados es voluntario, son los trabajadores los que eligen ejercer en estos tribunales. "Los que no tienen sensibilidad con esta materia o no creen en la ley, no solicitan estas opciones", insiste.

Exposición mediática

Otro de los elementos que juegan un papel importante en la alta rotación de la plantilla es la exposición mediática a la que están expuestos los funcionarios. Al fin y al cabo, se trata de una materia de mucha relevancia social, por lo que cualquier decisión que se tome, ya sea la condena del delito como la concesión de una orden de alejamiento, estará sujeta al escrutinio de los medios.

Pero no solo eso. "Cuando son casos más mediáticos, desde el Ministerio de Justicia, el TSJ regional y el CGPJ hacen un seguimiento", relata Cremades. Esta especial atención por parte de la Administración surgió después del caso Mari Luz. En 2008, esta niña de cinco años que fue asesinada por su vecino, un pederasta que acumulaba condenas previas, pero que no había llegado a pisar la cárcel por un cúmulo de errores judiciales. El asunto puso sobre la mesa la gravedad de los errores, algunos fruto de la negligencia y otros meramente humanos, en las sedes judiciales y obligó a la Administración a estar más pendiente en estos casos.

Una atención que, para Cremades, tiene un fondo positivo, pero contribuye a aumentar la presión de los funcionarios, que deben actuar con especial cautela para evitar problemas 'a posteriori'. "Los que están ahí saben que un despiste puede desencadenar la expulsión de la carrera. Hay mucha concienciación sobre las consecuencias", asegura.

Decisiones más "humanas"

La sensación de movimiento constante e inestabilidad no solamente se ve reflejada en los datos, sino que también la perciben los profesionales externos que tienen alguna relación con estos juzgados. "Los jueces cambian con mucha frecuencia. A veces hemos empezado un procedimiento con uno y lo hemos acabado con otro", asegura Isaac Guijarro, letrado en Olympe Abogados.

Foto: Detalle de una toga.

En su experiencia, la elevada rotación tiene efectos positivos como negativos. Así, por un lado, los cambios continuos de jueces o LAJ dotan de más "humanidad" a los procedimientos. "Cuando llega un magistrado nuevo, se nota la frescura. No está quemado todavía, así que está más atento y evita decisiones automáticas", describe. Asimismo, considera que el funcionamiento de los juzgados mejora considerablemente, ya que se evitan los vicios que se podrían generar entre el resto de los funcionarios fruto de la rutina. "Los juzgados son como reinos de taifas, cada uno tiene su forma de hacer las cosas. Con el tiempo, los que trabajan allí cogen pequeñas manías que pueden resultar ineficaces, pero que son consentidas porque ya se han asentado. Pero, cuando entra un juez nuevo, los funcionarios están más alerta y es más fácil que las malas dinámicas desaparezcan", explica Guijarro.

Ahora bien, las idas y venidas tienen a su vez una consecuencia negativa, y es que se pierde el factor confianza que se pueda tener con el juez o el LAJ. "Si tienes buena relación con los funcionarios de un juzgado, hay muchos trámites que se agilizan. Pasa en todos. Al haber confianza, la comunicación suele fluir mejor y hay más coordinación tanto interna como externa", revela. Las rotaciones frecuentes, sin embargo, impiden a los jueces trabar relaciones más estrechas con otros actores como fiscales o abogados, y se pierde la oportunidad de agilizar algo que podría resolverse con una llamada o un mensaje. "Es un arma de doble filo", concluye el abogado.

Verónica Ponte es jueza en Getxo, Bizkaia. Es titular en un juzgado de primera instancia e instrucción que cubre las áreas de civil, penal y familia. A pesar de ello, afirma estar satisfecha. "Al menos aquí puedo organizarme", declara. Ponte hace referencia a su paso por un juzgado mixto de Cantabria que, además de estas materias, tenía atribuidas competencias en violencia sobre la mujer. "Era un cansancio brutal. Y no solo por el volumen de trabajo, que es muy alto, porque debes hacer frente a los temas planificados más los que van surgiendo sobre violencia de género, que son prioritarios. Es que también hay una carga emocional grande", recuerda. La jueza aguantó algo más de siete años al frente del juzgado, pero el día a día acabó por desgastarla.

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