¿Un sector de solteros y divorciados? El reto de los abogados de mantener una pareja
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Las separaciones alcanzan el 27%

¿Un sector de solteros y divorciados? El reto de los abogados de mantener una pareja

La abogacía es una profesión en que las rupturas son especialmente frecuentes. Las jornadas interminables y la ambición de muchos profesionales explican las altas tasas, aunque los expertos añaden otros factores

Foto: Foto: Istock.
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Uno de los estereotipos más extendidos de la abogacía es que es una profesión que aglutina un elevado número de divorciados. Las jornadas maratonianas, la altísima presión del trabajo y el día a día con los compañeros llevan a muchos a pensar que un letrado difícilmente puede mantener una relación sentimental duradera. Ahora bien, ¿se trata de un cliché o una realidad? Las estadísticas elaboradas en Estados Unidos se inclinan por la segunda opción y sitúan la tasa de abogados divorciados en el 27%, superando a otros empleos históricamente asociados a las rupturas, como los médicos (24,4%). En la población general, la ratio de separaciones ronda el 2,5%. El estudio, llevado a cabo en 2015 por la revista médica 'The BMJ', se basa en la experiencia de más de 60.000 juristas y compara los resultados de estos profesionales con los de los sanitarios debido a las semejanzas entre ambos trabajos.

Aunque en España no existen datos al respecto, varios psicólogos especializados en el sector legal opinan que este tópico se ajusta bastante bien a la realidad. "Las rupturas son frecuentes, especialmente entre los que se dedican a la abogacía de los negocios", relata Juan San Andrés, psicoterapeuta y consultor. La idiosincrasia del oficio es una de las principales culpables, ya que incluye cargas de trabajo bastante altas, largos horarios laborales y estrés continuo. Ello unido, además, a la presión de la mayoría de los casos, en que el mínimo error puede implicar consecuencias nefastas. En resumen, un cóctel que contiene todos los ingredientes para deteriorar poco a poco cualquier relación sentimental.

Foto: Barrio de Chueca antes del comienzo del Día del Orgullo de 2020. (EFE)

En opinión de San Andrés, la mayoría de las separaciones tiene lugar en la franja de los 35 y los 45 años. El nivel de trabajo de los abogados sigue siendo altísimo, "pero mientras que en la primera etapa del matrimonio la pareja se mueve por la ilusión y los proyectos en común, tras unos años llegan la rutina y el hastío por llegar a casa tarde todos los días", agrega. La falta de tiempo y una tónica general de mucho trabajo y estrés debilitan la relación.

La dicotomía entre el éxito laboral y la pareja

Otro factor que contribuye a deteriorar los vínculos sentimentales de los profesionales es, según San Andrés, el afán por el éxito. Los grandes bufetes exigen mucho tiempo y esfuerzo, pero prometen una buena recompensa a cambio. Los letrados que trabajan en estas organizaciones suelen ser muy ambiciosos y dan mucha importancia al triunfo profesional, "hasta el punto de desarrollar una dependencia brutal", indica el experto. El equilibrio entre la vida personal y la profesional suele ser precario, inclinándose la balanza claramente hacia el ámbito laboral y quedando la pareja en un segundo plano.

Foto: Una oficinista con mucho estrés. (iStock)

Coincide con esta visión Fátima Rodríguez, abogada penalista en Lupicinio y licenciada en psicología, y agrega que no solo implica un mayor número de divorciados, sino también de solteros. "Muchos renuncian desde un inicio a relaciones porque están muy centrados en el trabajo", describe. Un modelo de vida que, como matiza, es muy respetable siempre que haya sido elegido conscientemente. En este sentido, aclara que algunos abogados se quedan "colgados" y, tras años de dedicación laboral intensa, se dan cuenta de que han dejado de lado su proyecto personal.

Deformación profesional: razón sobre la emoción

Todos estos factores, no obstante, no son exclusivos de la abogacía, sino que están presentes en cualquier profesión que exija un alto grado de compromiso y responsabilidad. Ahora bien, Dolors Liria, psicóloga especializada en el sector legal, opina que hay otras características propias del oficio que pueden afectar a las relaciones con terceros. Una de ellas es la tendencia de los letrados a abordar los problemas desde una lógica racional. "Es algo que viene como deformación profesional. Los juristas tienden a buscar argumentos lógicos para entender un problema o para defender su punto de vista. Es lo que les pide el juez: datos, pruebas, razones de peso", describe.

Los abogados suelen buscar argumentos lógicos para entender un problema, pero es algo que no sirve en los conflictos de pareja

Un modelo que, sin embargo, no resulta de utilidad para solucionar conflictos sentimentales, donde prima la emoción por encima de la razón. "Para resolver enfrentamientos de pareja, generalmente es necesario hacer un ejercicio de empatía y entender qué le sienta mal al otro", aclara Liria. La lógica no sirve en este caso, ya que cada persona siente de forma diferente y lo que a uno no le afecta en absoluto, a otro puede resultarle de lo más doloroso. Y viceversa. Rechazar un sentimiento porque no encuentras una lógica detrás, continúa la experta, es contraproducente y bloquea la posibilidad de solucionar el problema.

Por otro lado, San Andrés señala que, al trabajar constantemente con problemas, los abogados están entrenados para desentenderse de los conflictos. "Cuelgan el 'yo' en el perchero", resume. Ese ejercicio constante de desapego acaba impregnando su vida y provoca que se distancien emocionalmente de los conflictos propios y traten a sus familiares de manera lejana. "Llevado al contexto de las relaciones, esto es tremendamente perjudicial", asevera el psicoterapeuta. Además, la costumbre laboral les lleva a prestar mucha atención al lenguaje verbal, olvidando en ocasiones la comunicación que va más allá (acciones, por ejemplo), "y eso es algo crítico en la familia".

Más mujeres separadas: ¿por qué?

Los datos estadounidenses muestran que el índice de rupturas entre los abogados es más alto entre las mujeres, especialmente entre aquellas que ocupan puestos de responsabilidad. ¿A qué se debe esto? Una de las causas es la visión de que las cargas familiares deben ser asumidas principalmente por las mujeres. Escalar profesionalmente exige mucho esfuerzo y los hombres suelen renunciar con más facilidad a ciertos aspectos de la vida personal. Pero no por desapego, matiza Liria, sino porque tienen la posibilidad de hacerlo. "Esto se ve muy bien reflejado en los socios de mayor edad, que vieron el matrimonio como un beneficio a la hora de optar a la sociatura, porque su cónyuge cubría gran parte de las responsabilidades familiares", detalla. En el caso de las mujeres, en cambio, y en salvadas excepciones, la psicóloga opina que llegan ahí "a fuerza de hacer malabares para compaginar vida laboral y familiar". Un esfuerzo extra que agrega tensión y fatiga a la pareja y puede acabar por romperla.

Foto: Imagen de una abogada en su despacho. (iStock/Nicola Forenza)

Tampoco ayuda, añade Liria, la creencia cultural de que el hombre es quien tiene que aportar dinero y éxito a la familia. “Es una idea que sigue interiorizada en la sociedad y hace que muchos hombres no estén a gusto si su pareja llega más lejos profesionalmente que ellos”, relata. No es algo que expresen de forma explícita, agrega, sino que les genera inseguridades y un malestar que, si no se resuelve, a largo plazo puede acabar terminando con la relación.

En el caso de los hombres, por su parte, Rodríguez señala un patrón que se repite con ligera frecuencia: el de los abogados que alcanzan el éxito de su carrera relativamente rápido, en la década de los 40. "Sacrifican sus mejores años por ese logro y, cuando lo alcanzan, sienten nostalgia por su juventud perdida, así que se divorcian para recuperarla", concluye.

Uno de los estereotipos más extendidos de la abogacía es que es una profesión que aglutina un elevado número de divorciados. Las jornadas maratonianas, la altísima presión del trabajo y el día a día con los compañeros llevan a muchos a pensar que un letrado difícilmente puede mantener una relación sentimental duradera. Ahora bien, ¿se trata de un cliché o una realidad? Las estadísticas elaboradas en Estados Unidos se inclinan por la segunda opción y sitúan la tasa de abogados divorciados en el 27%, superando a otros empleos históricamente asociados a las rupturas, como los médicos (24,4%). En la población general, la ratio de separaciones ronda el 2,5%. El estudio, llevado a cabo en 2015 por la revista médica 'The BMJ', se basa en la experiencia de más de 60.000 juristas y compara los resultados de estos profesionales con los de los sanitarios debido a las semejanzas entre ambos trabajos.

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