"ERA UNA CARGA QUE TENÍA QUE LLEVAR YO"

El sufrimiento que ediles acosados ocultaban a la familia: "Supe que lloraba con amigos"

Concejales amenazados por ETA y el entorno radical reflejan con sus testimonios en un informe del Gobierno vasco su ansiedad por la afección que las coacciones generaban sobre sus allegados

Foto: Homenaje floral al político socialista Fernando Buesa y a su escolta, el 'ertzaina' Jorge Díez, asesinados por ETA. (EFE)
Homenaje floral al político socialista Fernando Buesa y a su escolta, el 'ertzaina' Jorge Díez, asesinados por ETA. (EFE)

"Le pedí que lo dejara por nuestras hijas. Lo que pasa es que unos años antes a él le habían concedido la invalidez por motivos de salud. El único trabajo que él tenía era lo del ayuntamiento. Y yo pensaba: si le quito esto, ¿qué va a hacer este hombre? El ayuntamiento era como su segunda casa. Y encima era un hombre que ayudaba mucho a la gente. Por su manera de ser era campechano, era gente de pueblo y para trabajar por su pueblo. Por eso yo estaba así, sin atreverme a insistirle. Él me dijo una vez: 'No sé si iré al cielo o al infierno, pero será desde este pueblo'". Asun (nombre ficticio) sabía el final que le aguardaba a su pareja, concejal constitucionalista en un municipio vasco, en la época de plomo de ETA. Pero él, aunque estaba en la diana, se resignaba a asumir que un día iba a engrosar la macabra lista de víctimas de la banda terrorista. No se sabe si para mostrar fortaleza a su familia. Por ello, sufría en silencio cuando le gritaban por la calle "carcelero" o le tiraban piedras por la calle. "Después me he enterado de que ha llorado con gente, cosa que yo no he sabido nunca porque a casa nunca ha traído nada de esto. Cuando mis hijas fueron al cajón a retirar sus objetos personales tenía amenazas allí que nunca nos dijo".

Pedro (también nombre ficticio) se juntaba con algunos vecinos con cada asesinato de ETA para denunciar en silencio la nueva barbarie de la banda terrorista. "Estábamos concentrados y nos echaron piedras con la sangre del muerto aún caliente. Tuvieron las santas narices de echarnos piedras. Era terrible escuchar el ruido seco de las piedras golpeando personas, coches y escaparates", expone este antiguo concejal. Otro ruido, el de una explosión, sacudió a Laura (otro nombre irreal), que se tuvo que ir de su casa de toda la vida ante la imposibilidad de proteger el hogar de los continuos ataques de los radicales. "Me pusieron una bomba en casa, de cuatro kilos. Me destrozaron la casa. Yo estaba en Madrid, pero estaban dos de mis hijas. Afortunadamente la habitación que quedó en pedacitos es en la que dormía mi hijo, pero él no estaba, se había ido de vacaciones (...) Tuve que dejar la casa de toda la vida porque me dijeron que no tenían posibilidad de darme seguridad, porque era un piso bajo. Tendrían que haber puesto una dotación enfrente día y noche porque el piso era muy vulnerable".

"Dejaron una cajita de galletas precintada encima del buzón de mis padres y un vecino me dijo que la culpa es nuestra y que lo que debemos hacer es irnos"

Junio de 1995. Una semana después de la constitución de los ayuntamientos, Ángel (también inventado) sufre una agresión por su condición de edil "enemigo del pueblo" y acaba en el hospital. A su salida del complejo hospitalario decide ir un fin de semana con un compañero a un pueblo de Salamanca para intentar descansar. A su vuelta, un vecino le informa de que han tenido que llamar a los artificieros de la Ertzaintza porque han desmontado las puertas del portal y el portero automático y han dejado una cajita de galletas bien precintada encima del buzón de sus padres. "Eso yo no lo vivo, lo viven mis padres y mi hermano. Y luego lo peor fue un vecino que me conoce de toda la vida, en vez de protestar por lo que se había hecho, dice que la culpa es nuestra, que lo que debemos hacer es irnos".

Los testimonios de Asun, Pedro, Laura y Ángel, así como de otros concejales y familiares que padecieron el sistemático acoso de ETA y su entorno, se recogen en el informe que ha elaborado el Gobierno vasco sobre "la injusticia padecida por concejales que sufrieron violencia y persecución” entre los años 1991 y 2011. Son testimonios que acompañan a las cifras de una persecución etarra que no solo provocó la muerte de 24 concejales o exediles en el País Vasco, según refleja el estudio. Los datos cuantitativos y cualitativos dan cuenta del sufrimiento injusto que tuvieron que soportar quienes realizaban su labor en los ayuntamientos y a sus allegados ante la amenaza de ETA y del entorno radical, así como el aislamiento social de los concejales, forzado en algunos casos y autoimpuesto en otras ocasiones.

El informe se nutre de los testimonios de 14 personas, de las que 11 ejercieron de concejales —la mayoría de ellos de PP y PSE, si bien también se ha entrevistado a integrantes de PNV y EA (la formación hoy diluida en la coalición EH Bildu—, dos corresponden a parejas de ediles y uno implica a los padres. Todos ellos constatan la amenazas, agresiones y presiones sufridas dentro de un prolongado acoso que provocó "sufrimientos intensos y profundos" con sentimientos de "aislamiento y soledad" que afectó en muy gran medida a la familia, así como secuelas físicas y psíquicas.

"Lo curioso es que yo siempre he pensado que lo había soportado bastante bien, hasta que recientemente empecé a recordar y me di cuenta 'como que esto no lo tengo muy limpio'. Fui a un psiquiatra y me diagnosticó estrés postraumático. Y yo pensaba que estaba muy bien. Pero claro, lo pienso y llevo más de dos años sin pisar el pueblo, totalmente apartado, y aun con todo tengo a mis difuntos padres enterrados allí. Desde que dejé el ayuntamiento no he ido a visitar la tumba. Me doy cuenta de que tengo una tendencia a la vigilancia excesiva, que sale de toda esa ansiedad que todavía está", relata un antiguo concejal que vivió el acoso de ETA. "Llevo con mi marido más de 40 años y te vas dando cuenta de cosas. Se enfada por todo, pero no le puedes decir nada. O cuando le da que todos vamos contra él. Él fue diagnosticado de estrés postraumático siendo concejal. Tiene muchas actitudes compulsivas. Nos lo comentó un psicólogo que estudia precisamente el estrés postraumático. Y me dijo: 'Es que tu marido es un caso paradigmático; de libro. Me dan ganas de estudiarlo. Tiene todos los síntomas. Hasta el síndrome de 'la pierna inquieta’. Están durmiendo y no descansan nunca, le dan como latigazos a la pierna", asevera al respecto la pareja de un exedil.

Jonan Fernández (i), en la presentación del informe, junto a José Ramón Intxaurbe y Gorka Urrutia. (EFE)
Jonan Fernández (i), en la presentación del informe, junto a José Ramón Intxaurbe y Gorka Urrutia. (EFE)

Son testimonios que abarcan todas las aristas derivadas del prolongado acoso de ETA. Ataques a la vivienda o a los bienes de manera sostenida y cotidiana, agresiones verbales durante concentraciones de repulsa a atentados, situaciones de acoso en el espacio público, amenazas de diferente naturaleza colocadas en lugares visibles para amedrentar a sus destinatarios, manifestaciones y pintadas de los radicales ante los domicilios con mensajes del tipo "estáis muertos"... Son palabras duras que aluden al incremento de la presión a raíz de la ilegalización de la izquierda 'abertzale' en 2003, a las coacciones sufridas en los plenos municipales, donde los radicales actuaban con total impunidad, a la falta de libertad por llevar escolta, a la obligación de hacer las maletas e irse a vivir fuera del País Vasco, a los esfuerzos por proteger a los hijos, a la soledad autoimpuesta para salvar a la familia

"Yo trato de no contar la mitad de la mitad. Yo no busqué nunca a mi familia para apoyarme en ellos. Ya sabía que era una decisión mía, tomada autónomamente y libremente, era una carga que tenía que llevar yo. Creía que no tenía una situación difícil para sobrellevarla en la medida en que todavía no tenía niños mayores. Luego he visto que es una carga para los niños cuando se van haciendo mayores y van a la escuela, que se convierte para ellos en un lugar con mucha presión social. La mayor ha vivido más esto. Cuando nos venían a escrachar, estoy hablando igual de escraches durante un par de años, todas las semanas, y a veces más de una vez, nosotros tratábamos de llevarle a la habitación más lejana de la calle o poníamos la televisión a todo volumen para que no escuchasen los gritos y las amenazas. Nuestra hija tendría entonces seis años, y en una de estas me dijo 'ya sé por qué me traéis aquí'. Hubo un tiempo en el que vivía con un poquito de miedo, aunque ya se recuperó", relata un antiguo concejal.

"Yo no busqué nunca a mi familia para apoyarme en ellos. Ya sabía que era una decisión mía, tomada libremente, era una carga que tenía que llevar yo"

Cada uno con sus historias personales, de los testimonios se extrae como denominador común que la principal fuente de ansiedad tuvo que ver con la afección que tuvieron las coacciones y la violencia ejercida contra ellos en sus familiares. "Yo cuando peor lo he pasado es cuando he visto que mi vida afectaba a los demás. Cuando salía de casa allí estaban los escoltas enfrente del portal esperándome. Me di cuenta de que eso era una presión excesiva para el resto de mi familia. Yo mismo pensé 'me marcho'. Aunque no fue una recomendación expresa del partido o de las fuerzas de seguridad, pensé que lo mejor que podía hacer era irme con otro compañero de partido también concejal. De esa forma sentí que quitaba una presión a mi familia", se sincera un concejal amenazado.

A Asun y a su familia trató de mantener alejados de la realidad que vivía su marido hasta que fue asesinado. Pero no fueron ajenas a su tormento. Luego, con su muerte, precisaron de ayuda de profesionales sanitarios para "sobrellevar tanto sufrimiento". "Y eso me causo dolor, el haberme enterado de que él había llorado con amigos. Él luego se hacía el fuerte y decía: 'Si me quieren secuestrar es muy fácil, nada más me quitan la medicación y en seguida me voy'. Buscas la ayuda que necesitas y así, si necesitas tomar pastillas, las tomas, y sino, no puedes estar. Al principio todo parece una pesadilla, pero cuando ya pones los pies en el suelo, necesitas ayuda de alguna manera, y yo busqué de todo, por ayudarles a ellas. En vida de su padre, la pequeña estuvo dos años con tratamiento psiquiátrico porque se encontraba muy mal, era la que salía a la calle, por zonas que le decían cosas, veía las amenazas a su padre, lo vivía no sé, se encontraba mal, necesitaba medicación y por eso la estaba tomando", expone con crudeza su viuda.

Hubo mucha soledad, pero también grandes dosis de incomprensión ante una mayoría de la sociedad que miraba para otro lado, cuando no amparaba el acoso. "Alguien que se está ahogando para sobrevivir pide auxilio, grita, alguien que se está muriendo pide ayuda, pero un amenazado no podía pedir ayuda en voz alta", afirma otro edil acosado por ser "español y de derechas". La soledad no solo era autoimpuesta, sino forzada por diversos motivos: la negativa de amigos a relacionarse socialmente con el "enemigo" por miedo, la presencia continua de escoltas... "No veas lo difícil que es tener un noviazgo con cuatro personas alrededor. Yo para tener noviazgo tenía que irme de La Rioja para abajo. Yo iba a Navarra y tenía escolta en Navarra, me iba a Cantabria y durante bastante tiempo tenía escolta en Cantabria. A donde voy, no es fácil. Si ya de por sí es difícil buscar pareja, imagínate, ¡estás conmigo y con estos dos! o estos tres, porque he llegado a tener tres", relata un exedil.

El periodo temporal del informe comprende los años transcurridos entre 1991 y 2011 —año del fin de la violencia decretado por ETA— para abarcar así desde la cuarta hasta la octava legislatura municipal desde la aprobación de la Constitución de 1978 y el Estatuto de Autonomía de Gernika. El trabajo, realizado por José Ramón Intxaurbe y Gorka Urrutia, y de acceso público, desarrolla un estudio anterior de 2016 del Gobierno vasco que abordaba en su conjunto la "injusticia padecida por las personas amenazadas por ETA" entre 1990 y 2011 para incidir ahora de forma específica en el colectivo de los centenares de concejales que sufrieron la persecución etarra. "Con este informe no solo hablamos de datos cuantitativos, hablamos de personas concretas, de familias enteras y de un sufrimiento inmenso, prolongado y poco visibilizado. Es necesario construir una memoria reparadora y generar una empatía hacia el sufrimiento padecido por las víctimas", subraya el secretario general de Derechos Humanos del Gobierno vasco, Jonan Fernández.

País Vasco

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
0 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios