Cs mejora sin Aguado y confía en el 'efecto Bal' para decidir la gobernabilidad de Madrid
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LOS NARANJAS SE LA JUEGAN EL 4-M

Cs mejora sin Aguado y confía en el 'efecto Bal' para decidir la gobernabilidad de Madrid

Las encuestas internas avalan el cambio de candidato, aunque todavía no premian el revulsivo de Bal. Las próximas semanas y los debates son esenciales para conseguir el 5%

placeholder Foto: Edmundo Bal junto a Inés Arrimadas y Begoña Villacís. (EFE)
Edmundo Bal junto a Inés Arrimadas y Begoña Villacís. (EFE)

Ciudadanos avanza en su particular ‘viacrucis’ hacia el 4 de mayo, la cita en la que el partido de Inés Arrimadas se juega todo. Para muchos dirigentes, las elecciones madrileñas suponen la prueba de fuego final después de la profunda crisis interna desencadenada por la moción de Murcia. Y en el escenario actual, la ambición pasa por superar el 5% del voto, lo que garantizaría entrar en la Asamblea con siete escaños, muy lejos de los 26 obtenidos hace apenas dos años. Después de la traumática ruptura con Isabel Díaz Ayuso, un cambio en la candidatura era obligado y los sondeos internos muestran que la decisión fue acertada.

Cuando la presidenta de la comunidad anunció el adelanto electoral, la situación era dramática y el partido apenas superaba el 1,5% del voto en sus encuestas. Ahora, afirman, las cosas han mejorado a pesar de que los 'trackings' les dejan a las puertas del 5% de los apoyos. El ‘efecto Edmundo Bal’ aún no se visualiza, pero sí ha tenido efecto la marcha del exvicepresidente regional. “Con Ignacio era imposible conseguirlo”, reconocen a este diario en el partido.

El hándicap sigue siendo dar a conocer al nuevo candidato, abogado del Estado y con una trayectoria profesional intachable, en tiempo récord. El partido, consciente de la relevancia que tiene el 4-M para la supervivencia del proyecto, está completamente volcado. Arrimadas pilota las decisiones de la campaña de la mano de su número dos, la secretaria general, Marina Bravo. El propio Aguado y su equipo más cercano trabajan en la sombra aportando la experiencia de estos años junto a otros dirigentes de peso madrileños como el diputado en el Congreso Miguel Gutiérrez. Y la vicealcaldesa del Ayuntamiento de Madrid, Begoña Villacís, se ha convertido en la principal valedora del candidato para darle visibilidad.

Foto: Imagen: Learte

Hasta ahora, el partido quería centrarse en despejar la incógnita de su política de pactos. Y está resuelta: Ciudadanos apuesta por reeditar el acuerdo con Ayuso, insistiendo en que el documento de gobierno firmado en 2019 era para una legislatura completa. Recuerdan que el adelanto electoral no evitará a los ciudadanos volver a las urnas en 2023, que es cuando tocaba. El partido naranja cierra la puerta a un acuerdo con la izquierda madrileña y con la irrupción de Pablo Iglesias ya no queda ninguna duda. De hecho, hasta ese momento existía una ventana de oportunidad con Ángel Gabilondo y Más Madrid, que después quedó completamente disipada.

En el partido naranja, no esconden que su votante, y especialmente en el caso de Madrid, es de centro derecha. Esencialmente, porque se trata de un voto liberal que castigó la corrupción del PP en esta comunidad con los casos Gürtel, Púnica o Lezo. De ahí que la preocupación nunca haya sido un éxodo de papeletas a las siglas socialistas, sino la capacidad de retener al elector que se identifica plenamente con las ideas de los naranjas y no volverá a votar al PP. El ya conocido como ‘efecto Ayuso’, sin duda, dificulta esta operación de resistencia.

Y, por eso, una vez aclarada la decisión poselectoral, el partido se involucra ahora en el siguiente paso de una estrategia más agresiva, culpando a la presidenta de un adelanto electoral que “no tenía sentido”, explican, y reivindicando los logros del partido en el Gobierno madrileño. Ciudadanos quiere poner en valor su aportación en la Puerta del Sol y no competir como un rival más de la oposición. Eso y el perfil del propio candidato (el otro elemento a explotar en estas cuatro semanas) serán las dos patas de la campaña que empieza oficialmente a finales de la próxima semana.

placeholder El candidato de Ciudadanos a la presidencia de la Comunidad de Madrid, Edmundo Bal. (EFE)
El candidato de Ciudadanos a la presidencia de la Comunidad de Madrid, Edmundo Bal. (EFE)

El partido quiere ‘explotar’ la trayectoria de Bal como azote de la corrupción (participó en el caso Pujol y la trama Gürtel, igual que en las denuncias por delito fiscal de varios futbolistas de primera división). Sin duda, su cese por parte del Gobierno de Pedro Sánchez por oponerse a omitir la violencia del delito de sedición en el escrito sobre los presos del 'procés' es su credencial más reciente. “Aún nos quedan cuatro semanas por delante y nuestro fuerte es el candidato”, insisten en el partido, poniendo el foco también en los debates electorales que se puedan celebrar.

Polarización y dejar a Vox fuera

Más allá de la candidatura, el reto que también tiene por delante el partido es que los electores vuelvan a confiar en la marca naranja. La moción de censura murciana debilitó todavía más sus siglas y en Madrid el coste de credibilidad será inevitable. El partido siempre ha afrontado las campañas con su condición de bisagra (con la única excepción de las generales de abril de 2019, cuando Albert Rivera se propuso superar al PP). Pero la dificultad el 4 de mayo es aún mayor por el marco de polarización absoluta entre los dos bloques.

Foto: La presidenta de la Comunidad de Madrid y candidata a la reelección, Isabel Díaz Ayuso, junto al presidente nacional del Partido Popular, Pablo Casado. (EFE)

Igual que la línea roja para los naranjas es Pablo Iglesias, lo que imposibilita un acuerdo por la izquierda, según insisten fuentes de la cúpula a este diario, por la derecha, Bal ya ha sido tajante: si de ellos depende, Vox no gobernará la comunidad.

“Vox no puede entrar en el Gobierno de Madrid”, afirmó este jueves el candidato. El partido naranja cree indispensable mantener los postulados de la formación ultra lejos de las políticas madrileñas y, de hecho, mira directamente al caso murciano. A pesar del fracaso de su moción de censura y de haber perdido el Gobierno autonómico (el presidente del PP resistió con la ayuda de los tránsfugas naranjas), el peaje que ahora paga López Miras por el apoyo de los expulsados de Vox será entregarle a uno de ellos la Consejería de Educación. Una de las joyas de la corona de todo Gobierno autonómico con la polémica de la implementación del pin parental (la autorización que permite a los padres vetar contenidos que los colegios impartan a sus hijos) y que Vox defiende contra el criterio de PP y Ciudadanos.

Si algo preocupaba en el partido naranja cuando Aguado no daba señales de echarse a un lado, era precisamente cómo afrontar una campaña en la que todos los caminos se dirigían a un pacto con el PP. El enfrentamiento del exvicepresidente regional con Ayuso era tan fuerte que defender la renovación del acuerdo si se mantenía como candidato era imposible. Y todo ello mientras el partido naranja sigue respaldando con vehemencia el acuerdo de gobierno firmado, igual que el resto de gobiernos de coalición, en el ayuntamiento de la capital y otras comunidades como Andalucía o Castilla y León.

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