La duda de Ximo Puig: por qué adelantar las urnas con Sánchez puede ser una mala idea
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la izquierda valenciana sufre en generales

La duda de Ximo Puig: por qué adelantar las urnas con Sánchez puede ser una mala idea

El barón valenciano recibe presiones para llevar las autonómicas al 28A y aprovechar la movilización. Pero los datos del pasado dicen que a la izquierda valenciana le va peor en las generales

placeholder Foto: Ximo Puig y Pedro Sánchez, en un acto político en Valencia. (EFE)
Ximo Puig y Pedro Sánchez, en un acto político en Valencia. (EFE)

Ximo Puig es Hamlet. La duda es actualmente su estado existencial. Duda sobre si hacer uso de la prerrogativa que otorga el Estatuto de Autonomía de la Comunidad Valenciana al presidente de la Generalitat para disolver las Cortes y convocar elecciones antes de acabar el mandato. Nunca ha ocurrido en la historia de la democracia regional. La cita de las autonómicas siempre ha coincidido con las municipales. A lo largo de su legislatura, Puig ha expresado en diversas ocasiones su deseo de anticipar las urnas para singularizar el debate político valenciano en el contexto español, como hacen el resto de comunidades históricas: Andalucía, Galicia, País Vasco y Cataluña. Las encuestas a favor le invitaban a ello y amagó con montar el experimento en varias ocasiones. Hasta que el debate sobre el desafío independentista catalán se expandió como una metástasis tumoral por todos los resquicios de la política del país y cristalizó en la irrupción de Vox en el Parlamento de Andalucía, que clausuró una larga etapa de 36 años ininterrumpidos de poder del PSOE en la Junta.

El temor a que el foco electoral de todo el país se pusiese en exclusiva sobre la Comunidad Valenciana, como había ocurrido en Andalucía, llevó al barón socialista a descartar el anticipo electoral. Sin embargo, la convocatoria acelerada del 28 de abril para las generales lanzada por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha vuelto a desatar la pulsión shakespeariana en Ximo Puig y su entorno, del que recibe opiniones encontradas. El dilema es acertar en si es mejor para revalidar el poder autonómico concurrir con el PSOE sumando autonómicas y generales o esperar al 26 de mayo, como estaba previsto.

Sería un final nefasto para un político que ha hecho del discurso federalista su perfil: perder el poder por sumar sus elecciones a las generales

La tentación es grande. Los socialistas dan por hecho que ganarán las elecciones a las Cortes Generales y confían en una importante movilización y concentración del voto de izquierdas a su favor ante la amenaza que, según sostienen, supone la posible conformación de un Gobierno conservador condicionado por la formación de derecha radical Vox. Los análisis demoscópicos de cara a las generales son contradictorios. Partido Popular, Ciudadanos y Vox están cerca de sumar los 175 escaños en el Congreso, y el PSOE, aunque crece, tampoco parece que pueda ser capaz de lograr mayorías estables, aunque sí tiene a su alcance el control del Senado si el voto de derechas sigue fragmentado.

placeholder Ximo Puig y la vicepresidenta del Consell, Mónica Oltra. (EFE)
Ximo Puig y la vicepresidenta del Consell, Mónica Oltra. (EFE)

En ese escenario, algunas voces en el PSPV, la federación socialista valenciana, creen que fusionar las dos campañas puede ser una oportunidad, un 'win to win' con Sánchez. Apuntan que es mejor juntarse y contribuir a esa ola de movilización contra la 'triple alianza', como define Puig en tono jocoso al posible acuerdo poselectoral de las derechas, antes que arriesgarse a un desplome de la participación en la segunda vuelta de las municipales, bien por cansancio del electorado, bien porque el voto progresista concluya que no vale la pena regresar a las urnas si Sánchez se queda sin opciones de gobierno. "Incluso aunque pueda gobernar, la campaña de las autonómicas coincidirá con las negociaciones del nuevo Gobierno y volverá el debate del acuerdo con los independentistas", afirman fuentes socialistas.

Foto: José María Llanos (i), con Santiago Abascal (d) en la sede de Lo Rat Penat.

Pero otras voces contrarias al anticipo también manejan argumentos de peso. El primero es que un crecimiento del voto al PSOE (y al PSPV) no es garantía de gobernabilidad en la Comunidad Valenciana si no va acompañado de respaldo suficiente al resto de socios del llamado Consell del Botánico. Los partidaros del adelanto confían en que la irrupción en campaña de Pablo Iglesias sirva para contener el desplome de Podemos, y son muy escépticos con la capacidad de aguante de los morados un mes después, con autonómicas y municipales juntas. El socio de gobierno en la Generalitat, Compromís, también puede sufrir sumando generales y autonómicas por el efecto de concentración de papeletas hacia el PSOE, pero a la vez porque perdería el empuje que suele recibir de sus candidaturas municipales, extendidas por casi todo el territorio valenciano, algo que no tiene, por ejemplo, Ciudadanos, y menos todavía Vox. La coalición que lidera Mónica Oltra lo tiene claro: un adelanto electoral es un error.

Podría darse la circunstancia, por tanto, de que los socialistas creciesen de forma importante el 28A, incluso de que Sánchez tuviese opciones de volver a formar Gobierno, y que, por contra, Ximo Puig perdiese la Generalitat al quedarse sin mayoría suficiente en las Cortes por la caída de sus socios. Sería un escenario y un final nefastos para un presidente autonómico que ha hecho del discurso federalista su perfil político: perder el poder por sumar sus elecciones a las generales tras defender durante toda la legislatura el derecho de la Comunidad Valenciana a singularizar su convocatoria. "No se trata solo de querer ganar, sino de jugar bien. Si juegas bien es más fácil ganar, aunque a veces pierdas", opina un analista valenciano conocedor del ecosistema político local.

Podría ser que el PSOE creciese de forma importante, incluso que Sánchez tuviese opción de gobernar, y que Ximo Puig desalojase la Generalitat

Esa ausencia de mayoría de izquierdas es precisamente lo que han arrojado todas las elecciones generales desde 2008 cuando se analizan terrritorialmente en la Comunidad Valenciana. En 2015, hubo un ligerísima ventaja del bloque de izquierdas si se tiene en cuenta el voto de Izquierda Unida, que no obtuvo representación. Pero en 2016, ya con Podemos e IU juntos, PP y Ciudadanos sumaron más del 51% de los votos en las tres circunscripciones valencianas. En 2011, los populares tocaron techo con un 53% de apoyo ciudadano y una altísima participación, del 74%.

Si Sánchez gana, es probable que tenga un efecto 'luna de miel' en la cita de mayo. Si se estrella, lo hará solo, y Puig tendrá una última oportunidad

Pero la convocatoria a las Cortes Generales que más debería inquietar a Puig al analizar la serie histórica es la de 2008. En aquella ocasión, José Luis Rodríguez Zapatero logró 169 escaños y ganó las elecciones en un clima muy similar al que ahora vive España, con la derecha en la calle contra las leyes socialistas y una fuerte crispación política derivada en gran parte del debate de la reforma del Estatut de Cataluña y la bronca oposición del PP 'tardoaznarista', con Eduardo Zaplana como portavoz. El entonces ministro de Fomento, José Blanco, alertaba sobre la "derecha más extrema" y Zapatero apelaba a la obtención de "una mayoría más amplia" para gobernar sin hipotecas. El PSOE logró su objetivo de superar al PP. Pero no por los votos obtenidos en la Comunidad Valenciana. La formación conservadora, en pleno éxtasis pre-Gürtel, cosechó el 52% de las papeletas frente al 41% de los socialistas.

La disyuntiva, por tanto, es envenenada para Ximo Puig. Él sostiene que el adelanto electoral "es posible, pero no probable" y mantiene viva la incógnita hasta el 5 de marzo, fecha límite para poder anunciar la disolución del Parlamento autonómico y poder concurrir el 28 de abril. Para quienes creen que es mejor dejar las cosas como están y mantener las autonómicas con las municipales y europeas del 26 de mayo el razonamiento es lógico: si Sánchez gana al tridente conservador, es muy probable que esto tenga un efecto arrastre o 'luna de miel' para la cita de un mes después. Si Sánchez se estrella, lo hará solo, y al menos el Botánico tendrá una última oportunidad.

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