Recelos y luchas de poder: la cara B del pacto a la valenciana que quiere Podemos
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radiografía de un modelo organizativo

Recelos y luchas de poder: la cara B del pacto a la valenciana que quiere Podemos

El Gobierno de PSOE y Compromís, respaldado por los podemitas desde las Cortes, tiene sus flancos débiles en la falta de agilidad y el pulso soterrado por las competencias y el protagonismo

Foto: PSPV, Compromís y Podemos, cuando firmaron el Acuerdo del Botánico. (EFE)
PSPV, Compromís y Podemos, cuando firmaron el Acuerdo del Botánico. (EFE)

Este lunes, el Gobierno valenciano en pleno se vestía de largo para presentar en público, y con la solemnidad que otorga el patio gótico del Palau de la Generalitat, un vídeo. ¿Un vídeo? Se preguntará el lector. Sí, un vídeo, un microdocumental de un minuto y medio lanzado a través del canal autonómico en YouTube y por las cuentas de las redes sociales de la institución territorial. Bajo el epígrafe 'Orgull de ser valencians' (orgullo de ser valencianos), es una producción que pretende insuflar una inyección de autoestima colectiva, poniendo en valor el carácter “trabajador, creativo y honrado” del pueblo valenciano en contraposición a los innumerables casos de corrupción que han copado los titulares de los medios de comunicación en los últimos años y que se ocultaban tras el discurso de neón de los grandes eventos y proyectos impulsados por el Partido Popular en sus dos décadas en el poder.

Desde que desalojaron a la formación de la gaviota del Consell autonómico, el pacto entre Ximo Puig (PSPV-PSOE) y Mónica Oltra (Compromís), con Podemos como muleta en las Cortes, ha hecho de la lucha contra lo que denominan “hipoteca reputacional” de la Comunidad Valenciana uno de los ejes de su discurso y está tratando de construir un relato político sustitutivo más allá de los grandes fastos de sus antecesores. En gran medida, esto obedece a una exigencia de la sociedad. Los electores valencianos apostaron claramente por un cambio en mayo del año pasado, tanto en los ayuntamientos como en la Generalitat. El PP pasó de fuerza hegemónica a perder más de 20 puntos de una tacada, y con ellos casi todo el poder acumulado durante años. Nuevas revelaciones judiciales, como la operación Taula, no han hecho sino castigar más el hígado de un Partido Popular autonómico que no sabe cómo refundarse y que además siente en su espalda el aliento de Ciudadanos.

La ausencia de nuevas mayorías claras tras el 24-M de 2015 dio lugar a un pacto tripartito (el Acuerdo del Botánico) del que surgió un Gobierno en el que los socialistas se reservaron la presidencia, el control de la caja con la Conselleria de Hacienda y departamentos como Sanidad o Infraestructuras. Compromís, por su parte, se quedó una nueva vicepresidencia con amplias competencias y de alto contenido social, y consejerías como Educación o Economía y Sectores Productivos. Podemos optó por mantenerse fuera del Ejecutivo y ejercer de sostén parlamentario.

La nueva mayoría es cosa de tres

De esta forma, pese a los devaneos iniciales de Puig con Ciudadanos, todas las fuerzas de centro-izquierda e izquierda optaron por agruparse y configurar una nueva mayoría. Se trata del mismo modelo que Pablo Iglesias y los dirigentes de Podemos han defendido en las fallidas negociaciones para conformar Gobierno en España, en las que el líder podemita ha llegado a postularse como vicepresidente. El manido pacto a la valenciana es seguro que volverá a protagonizar los discursos de los dirigentes podemitas, de su posible aliado Izquierda Unida y de Compromís de cara a la inminente campaña del 26-J.

¿Qué balance puede hacerse de casi un año de mayoría tripartita en la Comunidad Valenciana en términos organizativos o de gestión de recursos humanos? Al margen de opiniones, simpatías o antipatías sobre su contenido ideológico o sobre algunas de sus decisiones de gestión, lo cierto es que la experiencia ha hecho evidente el cambio político deseado mayoritariamente en la autonomía. Pero desde el primer momento puso de relieve batallas soterradas por el poder y las competencias y un pulso por el protagonismo indisimulado entre los equipos de Puig y Oltra, con la vista puesta en la cita electoral de 2019 (donde seguramente volverán a competir), que ha llevado, por ejemplo, a que el entorno del presidente de la Generalitat haya generado canales específicos en redes sociales e internet y estrategias nuevas para poner en valor su figura como presidente y contrarrestar así el protagonismo mediático de la vicepresidenta y portavoz.

Pese a todo, la relación entre ambos sigue siendo buena y es la principal garantía de estabilidad del pacto a la valenciana, una circunstancia que está por probarse en el caso de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, por poner un ejemplo.

Los daños colaterales del 'mestizaje'

Sin embargo, no es en la cúpula donde más problemas o conflictos se generan. El reparto de sillones se configuró bajo el concepto de 'mestizaje', por el cual debajo de cada 'conseller' se situaría un secretario autonómico (figura análoga a la de secretario de Estado en el Gobierno central) del otro partido. En teoría se buscaba generar confluencias y sintonía entre socialistas y Compromís en el día a día de la gestión, un deseo que ha funcionado en algunos casos pero que ha fallado en otros. En la práctica, algunos responsables de departamento ven a su número dos como un comisario político y, al contrario, el subordinado se siente ninguneado en otras muchas ocasiones. El desencuentro más sonado, por ser el más conocido pese a que ellos tratan de llevarlo con discreción, es el del 'conseller' de Economía, Rafael Climent, y la secretaria autonómica María José Mira, una independiente fichada por Puig a la que el equipo del primero excluye de forma sistemática del debate de las grandes decisiones del departamento.

placeholder Los 'consellers' de Sanidad, Carmen Montón (izda.); Hacienda, Vicent Soler, y  Justicia, Gabriela Bravo. Los tres por la cuota socialista. (EFE)
Los 'consellers' de Sanidad, Carmen Montón (izda.); Hacienda, Vicent Soler, y Justicia, Gabriela Bravo. Los tres por la cuota socialista. (EFE)

En este caso se produce ademas la circunstancia de que Climent (un exalcalde de Compromís ligado al ala nacionalista del Bloc) ha tenido la percepción de que la otra Conselleria económica, la de Hacienda, que dirige Vicent Soler, asumía funciones que le correspondían a él. Las tensiones surgieron de forma inmediata cuando el Instituto Valenciano de Finanzas trató de recuperar la competencia sobre la concesión de ayudas y créditos a las empresas, que Climent se resistió a soltar. El reparto de las políticas de innovacion ha abierto otro foco de conflicto, esta vez entre Economía y Presidencia de la Generalitat, que ha comenzado a desarrollar la Agencia Valenciana de la Innovación que Puig llevaba como promesa en su programa electoral.

Que PSPV-PSOE y Compromís se vigilan constantemente con el rabillo del ojo es un secreto a voces. En ocasiones, los pulsos han tenido que ver con el protagonismo a la hora de difundir medidas de gestión, como cuando la Generalitat recuperó la Sanidad universal. Oltra y la 'consellera' de Sanidad, la socialista Carmén Montón, fueron incapaces de sentarse juntas a presentar una de las medidas estrella del nuevo Ejecutivo. La relación entre ambas no es buena y la vicepresidenta no dudó en lanzar en público sospechas de nepotismo cuando una de las empresas de la Diputación de Valencia, Egevasa, estuvo a punto de contratar al marido de la 'consellera' como gerente. Las críticas al nombramiento generaron un revuelo mediático y finalmente Egevasa descartó la contratación.

Sustitución o cese: palabras prohibidas

El pacto a dos (Podemos de momento sigue fuera, aunque no descarta entrar y trata de condicionar algunas decisiones para sacar cabeza y no perder perfil político) tiene otra característica negativa: hace casi imposible propiciar relevos en los equipos. Al haber una distribución entre partidos (Compromís son tres: el Bloc, Iniciativa y Verdes), los equilibrios de poder y el reparto de cuotas condicionan mucho la posibilidad de realizar cambios. Un ejemplo: Puig no puede sustituir un 'conseller' sin consenso con Oltra, que su vez mantiene los equilibrios de su propia coalición.

Las diferencias, por el momento, se van resolviendo mediante diálogo y negociaciones, pero tanto la falta de agilidad en la toma de decisiones como los recelos que se van acumulando entre los distintos actores se han revelado ya como el principal flanco débil del pacto que sirve de espejo a Podemos, sus confluencias y otras formaciones de izquierda. Una apuesta que mantendrán tras el 26-J.

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