Puigdemont espera agazapado el error de Pedro Sánchez que movilice al soberanismo
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Ven a Aragonès como un paréntesis

Puigdemont espera agazapado el error de Pedro Sánchez que movilice al soberanismo

El expresident huido en Bélgica preserva su figura de las negociaciones para formar 'govern', que ve como un paréntesis autonomista

placeholder Foto: El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont. (Reuters)
El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont. (Reuters)

La ausencia de Carles Puigdemont en la negociación sobre la configuración de la nueva Generalitat, que está intentando salvarse en una fase agónica, no es casual. El residente en Waterloo llevaba tiempo en esta línea y ve la actual legislatura como un receso. Su retirada de la primera línea política se interpreta, según fuentes soberanistas, no solo en un agudo cálculo que le ha evitado quemarse en cuanto han descarrilado las conversaciones, sino también en que entiende que si Pere Aragonès logra ser investido, la legislatura será poco más que un paréntesis autonomista al que prefiere no vincularse. Solo un error del Gobierno y de su presidente podría hacerle volver a la primera línea en caso de que hubiese una gran movilización en la calle, similar a la que se produjo con la sentencia del 'procés', según apuntan personas próximas al expresident en su entorno belga.

Mientras el secretario general de JxCAT, Jordi Sànchez, se ha quemado marcando la estrategia de los contactos, Puigdemont preserva su figura, no como 'president legítim' sino, sobre todo, como reserva pata negra del independentismo unilateral. Su “preparem-nos” de Perpinyà marca el camino de lo que hay que hacer en esta pausa que va a suponer la presidencia de Aragonès: prepararse para volver a intentar un choque frontal con el Estado español… cuando sea el momento.

Foto: Pere Aragonès conversa con Laura Borràs y Roger Torrent tras un acto este miércoles de Òmnium Cultural. (EFE)

Este movimiento ya se inició tras la derrota del 14-F, cuando envió una carta a todos los grupos parlamentarios. Allí ya dibujaba un retiro en Bruselas. Al contrario de lo que dicen algunos, Puigdemont es el primero que no quiere repetir elecciones, eso queda para el sector duro del partido (Laura Borràs, Joan Canadell, Francesc Dalmases, etc.). Puigdemont no quiere volver a presentarse, espera colocarse como una figura por encima del debate político, como árbitro de disputas. Por eso le ha molestado enormemente que ERC le culpe del descarrilamiento de las conversaciones para configurar la nueva Generalitat. Ya no pretendía encabezar la lista en el 14-F. Y no desea volver a hacerlo, en un momento en que su partido carece de candidato.

La retirada es estratégica. Lo único en lo que se han puesto de acuerdo JxCAT y ERC es que durante dos años, lo que durará la mesa de diálogo, se aparca cualquier pretensión de unilateralidad. Así, Puigdemont y su figura no queda contaminado por esta claudicación. Por eso también uno de las cuestiones que no se ha podido pactar con ERC es qué hacer tras estos dos años de tregua si la mesa de diálogo fracasa.

A la espera de un error

Carles Puigdemont puede respetar este aplazamiento o no. Está a la espera de que el Estado español cometa un error. Así lo explica Erika Casajoana su número cuatro en la lista de las europeas y presidenta de CATGlobal ASBL, la asociación belga que da cobertura jurídica a la actividad del Consell per la República. En un artículo en LaRepública.cat asegura: “La cuestión clave ahora es situar el umbral catalán de tolerancia a la humillación y la toma de pelo. ¿Cuál será nuestro equivalente de la invasión de Polonia? ¿Qué nos hará despertar de sueños húmedos de referendos acordados y nos devolverá a la realidad de la confrontación inevitable?”. Es decir, Puigdemont está esperando que una decisión administrativa vuelva a levantar las movilizaciones a caballo de la indignación popular. Casajoana apunta que podría ser la reclamación del Tribunal de Cuentas por el gasto en política exterior durante el 'procés'. Pero parece difícil porque es algo que será dentro de poco tiempo.

Puigdemont ha aparcado el discurso de la legitimidad y se reserva para la unilateralidad

Con su retirada, Puigdemont también aprovecha que el independentismo está muy desmovilizado, como prueba el desinterés con el que se sigue por la mayor parte de la población la tortuosa negociación para que ERC y JxCAT formen una coalición.

Otros intereses

Mientras Puigdemont se repliega en Waterloo, sus intereses son otros. Las batallas en el seno de la UE, donde el independentismo no está encontrando los apoyos que esperaba. También el pulso en el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) donde el objetivo es vender las victorias jurídicas como si fuesen victorias jurídicas. Ahora, por ejemplo, el abogado de Puigdemont, Gonzalo Boye está asegurando que el expresident catalán podría volver gracias a un fallo del TJUE que nada tiene que ver con la causa catalana. La justicia española niega este extremo, pero es igual. Puigdemont no piensa volver. Otro frente legal serán los tribunales belgas para evitar que la euroorden de Pablo Llarena le acabe entregando al Tribunal Supremo.

Sin reconocerlo, Puigdemont ha acabado como Quim Torra, esperando su 'momentum'. Mientras, las iniciativas del Consell per la República, como el DNI catalán están teniendo un seguimiento discreto. El viejo fervor decae. Hay que esperar.

La ausencia de Carles Puigdemont en la negociación sobre la configuración de la nueva Generalitat, que está intentando salvarse en una fase agónica, no es casual. El residente en Waterloo llevaba tiempo en esta línea y ve la actual legislatura como un receso. Su retirada de la primera línea política se interpreta, según fuentes soberanistas, no solo en un agudo cálculo que le ha evitado quemarse en cuanto han descarrilado las conversaciones, sino también en que entiende que si Pere Aragonès logra ser investido, la legislatura será poco más que un paréntesis autonomista al que prefiere no vincularse. Solo un error del Gobierno y de su presidente podría hacerle volver a la primera línea en caso de que hubiese una gran movilización en la calle, similar a la que se produjo con la sentencia del 'procés', según apuntan personas próximas al expresident en su entorno belga.

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