PUIGDEMONT CUENTA SU VERSIÓN DEL 'PROCÉS'

Puigdemont se dibuja como 'Braveheart' en sus memorias y tacha a Junqueras de traidor

Puigdemont arranca la carrera por la Generalitat con la publicación de sus memorias, un ajuste de cuentas con ERC en el que lo culpa de casi todos los fracasos del independentismo

Foto: Carles Puigdemont acude al Palacio de Justicia de Bruselas, en junio. (EFE)
Carles Puigdemont acude al Palacio de Justicia de Bruselas, en junio. (EFE)
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Casi todo lo malo que ha pasado en Cataluña desde el año 2016 es culpa de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), según sugiere repetidamente Carles Puigdemont en el primer volumen de sus memorias, tituladas ‘Me explico. De la investidura al exilio (2016-2017)’, un libro de casi 700 páginas en las que Puigdemont se dedica principalmente a dejar a Oriol Junqueras y a los líderes de ERC a la altura del betún. El lector pronto comprende que son gente traicionera y desleal, no se puede confiar en ellos. Un muy oportuno aviso a la parroquia independentista ahora que Puigdemont está a punto de convertir Junts per Catalunya en partido político y que se perfilan elecciones autonómicas para otoño.

La fábula ‘El maestro y el escorpión’ sirve como preámbulo del libro. Aquella en que un maestro oriental salva a un escorpión de morir ahogado varias veces y este siempre le responde con un picotazo. "La naturaleza del escorpión es picar, pero eso no hará cambiar la mía, que es ayudar", termina la fábula. En el contexto de ‘Me explico’, es fácil interpretar que Puigdemont es el maestro sabio y generoso y Junqueras el escorpión obtuso y traicionero por naturaleza. Luego en las memorias se deja de metáforas y lo dice explícitamente. Cuando Artur Mas le cedió la presidencia de la Generalitat, le advirtió de la "probable deslealtad" de ERC. Y más adelante le recuerda que ERC siempre da picotazos. "Ya te lo dije", le recuerda Mas a Puigdemont tras la enésima traición, en la que este se muestra desolado, pues él, como se desprende a lo largo del libro, es honesto y siempre va de cara. Puigdemont pronto descubre que Junqueras le será desleal siempre que pueda con el fin de derrocarle y convertirse en 'president', y tratará de pactar todo lo que haga falta con la pérfida España para conseguirlo.

Portada del primer volumen de las memorias de Carles Puigdemont.
Portada del primer volumen de las memorias de Carles Puigdemont.

‘Me explico’, editado en catalán por La Campaña y en castellano por Plaza & Janés, saldrá a la venta este jueves. Es un libro escrito a modo de dietario, en el que se detallan los hechos ocurridos desde que Puigdemont se convierte en presidente de la Generalitat en enero de 2016 hasta su huida (o exilio) a Bélgica en octubre de 2017. Es decir, explica los meses convulsos hacia el referéndum del 1 de octubre y sus consecuencias. Está elaborado por Xevi Xirgo, director del diario 'El Punt-Avui', de largo el periódico más subvencionado por la Generalitat, lugar en el que trabajó Puigdemont en su etapa como periodista. Xirgo, amigo de Puigdemont, transcribe en el libro más de 60 conversaciones grabadas con el 'expresident' a lo largo de su mandato y las vuelca en un relato en tercera persona salpicado de pensamientos de Puigdemont y multitud de diálogos con los principales actores de la política catalana y española de esos dos años.

"Un vicepresidente desleal"

A continuación, va una batería de pasajes dedicados al líder de ERC, que se convierte en el villano de esta historia y es culpable de todos los males que asolan Cataluña. Primero, Junqueras el desleal: “No quiero ir con un 'vicepresident' desleal a una etapa tan dura como la que se avecina. (...) No anunciaré un referéndum en estas condiciones. No puedo ir junto a una gente que no cree en ello y que nos ha colgado la etiqueta de poco independentistas”. Segundo, Junqueras el taimado: “Da la sensación de que ellos no tienen la independencia como única estrategia. Por encima de todo, quieren gobernar, y quieren un tripartito contra nosotros. ¿Qué quiere Junqueras? ¿Ser el 'president' de una Cataluña autonómica? ¿O es que les da miedo continuar con el enfrentamiento con el Estado?”.

Tercero, Junqueras el que no ha montado las estructuras de Estado: “Me siento solo. En la reunión de Govern me he sentido solo. Junqueras no hace nada; si la vicepresidenta hubiese sido Marta Rovira, todo habría ido de otro modo. Él no tira, se limita a quedarse atrás". Cuarto, Junqueras el responsable del 155 una vez celebrado el 1-O: “No te puedes llegar a imaginar todo lo que pasa. Marta Rovira y Oriol Junqueras no paran de apretarme para que pronuncie la DUI. Quieren hacerlo saltar todo por los aires. Por intereses de partido. Les da igual cómo acabe todo y qué precio paguemos nosotros y el país”. Quinto, Junqueras el traidor: “Los diputados tienen la información que tienen, pero yo había pactado lealtad con el presidente de Esquerra. “Te acompañaremos en la decisión”, me repitió varias veces. Qué acompañamiento me están haciendo. Me acompañan dándome puñaladas”. Y así 700 páginas.

Oriol Junqueras, líder de ERC, recibido tras su tercer grado penitenciario. (EFE)
Oriol Junqueras, líder de ERC, recibido tras su tercer grado penitenciario. (EFE)

Una "gran lealtad" al 1-O

En la presentación de las memorias este lunes, Puigdemont aseguró que su relación con Junqueras es frecuente y productiva, especialmente ahora que el líder de ERC goza del tercer grado penitenciario. Es más, aseguró que el conjunto de traiciones narradas en las 700 páginas supone, paradójicamente, una muestra de “gran lealtad”. “Sin lealtad, el 1 de octubre no habría salido bien. Son anécdotas que no pueden convertirse en categoría. En un libro no podía ocultar los sentimientos que yo tenía, porque esas percepciones son útiles para entender las declaraciones o decisiones en ese momento. La idea no es decir este es desleal y yo lo soy menos. Pese a eso, Junqueras y yo tenemos una relación para tirar hacia adelante el país. Por encima de todo sobrevuela una gran lealtad al 1-O”.

Casualmente, Puigdemont también carga sobre Marta Pascal, ex coordinadora general del PDeCAT de Puigdemont y que podría concurrir como competencia moderada a las elecciones autonómicas con el nuevo Partido Nacionalista de Catalunya (PNC). La crítica es parecida a la que hace a Junqueras: primero se acobarda y luego le traiciona. En este pasaje, la cobardía: “¿Ha llegado un punto en que te cuestionas qué haces aquí? —le pregunto. —No. No tanto. No es tan cruel como eso… Porque sé lo que hago aquí… —Hace una larga pausa y añade—: Sé lo que hago, pero, de haber sabido algunas cosas, no me habría embarcado en este viaje…”. Y aquí, la traición: "¿Es normal que Pascal reúna a todos los 'consellers' del partido y no me lo diga? —se pregunta—. Estamos a punto de hacer pública la ley de referéndum, ya hemos hecho públicas la fecha y la pregunta, ¿y el partido convoca una reunión sin decírmelo? ¿Cómo se entiende?". "Les he preguntado en dos ocasiones, en las reuniones de Govern, si están dispuestos a ir hasta el final. Y me dicen que sí, pero luego se reúnen a mis espaldas… Y a Marta Pascal, ¿cómo se le ocurre…? ¿Qué creía? ¿Que no iba a enterarme?".

Carles Puigdemont, en un momento del acto en Perpiñán. (EFE)
Carles Puigdemont, en un momento del acto en Perpiñán. (EFE)

Junto al ajuste de cuentas con sus rivales políticos en Cataluña, la otra pata del libro es la autocomplacencia, el reparto de culpas a los demás cuando algo ha salido mal y una sensación general en todo el libro de que el 'expresident' es un William Wallace moderno que ha luchado contra viento y marea para guiar a su pueblo hacia la libertad, y lo seguirá haciendo desde el exilio. Frente a él está España, un estado opresor y sin corazón, mentiroso y vil.

Esta falta de autocrítica y en ocasiones de honestidad (afirma por ejemplo que el 27-O la república fue proclamada, cuando eso nunca ocurrió) es lo que roba a las memorias de Puigdemont de gran parte del interés. Puigdemont se presenta (o le presenta su amigo Xevi Xirgo) como un estadista ungido por el peso de la historia, que no dudaría en inmolarse por la libertad y dignidad nacional de Cataluña. Casi todos los diálogos que mantiene con los principales actores políticos y económicos de España, empezando por Felipe VI y pasando por el entonces presidente Mariano Rajoy, y que son de un indudable interés histórico, se resumen en lo siguiente: el interlocutor tantea a Puigdemont sobre cómo de serio va sobre la independencia, o le intenta convencer de no declararla ya en las etapas finales. La respuesta de Puigdemont es siempre la misma: nada ni nadie podrá sobornar las ansias de libertad del pueblo de Cataluña, que él encarna con dolor y gravedad, al estilo de los mártires cristianos.

Por eso el libro, más que unas memorias, parece un vanidoso artefacto electoral. Puigdemont narra multitud de anécdotas y percepciones personales inéditas, pero hay poco jugo que extraer de todas ellas. Ninguna de sus conversaciones, de sus pensamientos, de sus encuentros, sorprende al lector. Todo lo que Puigdemont piensa y hace es encorsetado y previsible. Sus sentimientos son nobles y puros. Sí descubre el lector que le chifla la horchata y que se la servían con frecuencia en el Palau.

Carles Puigdemont, en el acto de propaganda en Perpiñán. (EFE)
Carles Puigdemont, en el acto de propaganda en Perpiñán. (EFE)

"Lo teníamos todo preparado"

Para casi todos los aspectos polémicos y fracasos hay una explicación complaciente. Un día, su esposa, Marcela Topor, le hace una pregunta hiriente: "Pero ¿cómo es posible que organizarais un 1-O tan bien hecho, que lo tuvierais todo preparado, y no hubiera nada previsto para el día siguiente de la proclamación? ¿Cómo podéis ir así?”. Él replica, según el libro: "No es cierto que no tuviéramos nada preparado. Lo teníamos todo preparado para un escenario en el que nos hacíamos fuertes en las instituciones, defendíamos la proclamación y entrábamos en una etapa de transición que debía culminar en una mesa de negociación”. ¿El culpable? ERC y el Estado español, un aparato sanguinario que no habría dudado en sembrar las calles de violencia para detener la independencia.

Otro elemento muy discutible es su huida a Bélgica, eludiendo así la cárcel. El expresident argumenta que desde el exilio se puede seguir luchando por Cataluña y desde la cárcel no. Así, el lector descubre que Carles Puigdemont en realidad no ha huido de la Justicia española. Lleva dos años viviendo en una mansión en Waterloo para poner difícil su detención, pero de huir, ni hablar. Así lo planeó días antes: “No huiré. La palabra no es huir. Se lo complicaré, pero no eludiré mi responsabilidad. Si fuese Carles Puigdemont, lo haría… Vaya, seguro que lo haría. Pero soy el 'president' de la Generalitat. No puedo huir. Se lo pondré difícil, pero no huiré. Si me conviene, me refugiaré en Bélgica. No huiré porque sabrán dónde estoy, pero se lo complicaré. Apelaré a la comunidad internacional”.

Uno de los pocos aspectos novedosos en las 700 páginas de memorias atañe a la predisposición de Pedro Sánchez a dialogar sobre un referéndum pactado en el que “debería votar toda España” y el reconocimiento del hoy presidente del Gobierno de que en Cataluña no existe una fractura social con el fin de contentar a Puigdemont cuando Sánchez era líder de la oposición. También llama la atención el vaticinio que hace Pablo Iglesias. El líder de Podemos le asegura que en 15 años una nueva generación de españoles, más abiertos de mente y viajados, no se opondrá a un referéndum de independencia.

Carles Puigdemont, en un encuentro con Pablo Iglesias. (EFE)
Carles Puigdemont, en un encuentro con Pablo Iglesias. (EFE)

¿Y la relación del soberanismo con el 52% de catalanes no independentistas? ¿Le preocupaba a Puigdemont? Parece que no. El 'expresident' deja caer en alguna ocasión que Cataluña es un país cohesionado y que el 80% de la población quiere un referéndum. El relato habitual. Y se permite una reflexión autoparódica sobre L’Hospitalet cuando toma posesión de su cargo. “A L’Hospitalet de Llobregat hay que cuidarlo; no podemos dejar de lado a poblaciones de estas dimensiones; de hecho, no podemos dejar de lado a ninguna población con el argumento de que sociológicamente piensan y votan distinto", dice convencido. No será la única reflexión surrealista de sus memorias.

El libro comienza con la fábula de El maestro y el escorpión’ y termina, para rematar el linchamiento, con una última colleja a ERC. El 21 de diciembre de 2017, tras las elecciones autonómicas, el soberanismo vuelve a arrasar pese a la victoria de Inés Arrimadas. En Waterloo, Puigdemont y su gente de Junts per Catalunya celebran la victoria del independentismo. “En la sala de al lado, reservada para ERC, solo hay dos personas: Toni Comín y Meritxell Serret, los dos 'exconsellers' de Esquerra. Nadie más. El contraste es desgarrador”, narra el libro, antes de terminar como colofón: “Los han dejado solos, y a mí me parece que eso solo puede interpretarse de una manera: ERC ha roto con el exilio”.

La segunda parte de sus memorias, que versan sobre su vida en Waterloo, se publicarán durante el mes de agosto.

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