ERC marca distancias

Temor en los partidos soberanistas: la ANC queda fuera de su control antes de la Diada

El último pulso entre la Assemblea y ERC solo es una deriva más de Paluzie. El pecado de esta es que no es de nadie, al no representar ni a republicanos ni al mundo de JxCAT

Foto: Manifestación de la Diada del 11 de septiembre del año pasado en Barcelona. (EFE)
Manifestación de la Diada del 11 de septiembre del año pasado en Barcelona. (EFE)

La Diada de este año se complica, y no solo por la sentencia pendiente del Tribunal Supremo. La Assemblea Nacional de Catalunya (ANC) llevaba meses distanciándose de los partidos políticos soberanistas. Ni ERC, ni JxCAT ni la Generalitat controlan ahora la ANC en la actual fase del 'procés' y su enorme capacidad de movilización en la calle. A puertas de la gran manifestación anual del 11 de septiembre, la ANC se encuentra en la encrucijada y su presidenta, Elisenda Paluzie, está en una situación muy incómoda, cuestionada por los mismos partidos políticos que en su día la vieron como un mal menor.

Facciones de la ANC intentaron radicalizar la institución este mes de enero promovieron una moción para moverle la silla a Paluzie, que no llevaba ni un año en el cargo. La acusaba de inmovilismo y de que no se estaba implementando la república, tal y como ambicionan las bases. Desde entonces, Paluzie y el secretariado de la ANC intentaron radicalizar la institución antes de verse rebasados por las bases. A medida que ha pasado esto, la ANC se ha ido alejando de ERC. De manera que ERC es como una manta demasiado corta. Si te tapas la cabeza se te destapan los pies.

En febrero, un mes después, David Minobes, el hombre de ERC en el secretariado de la ANC, dimitió. A partir de aquí, la ruta de la ANC y de los republicanos se iba a distanciar de manera irremisible, animada por la animadversión personal que se tienen de antiguo Elisenda Paluzie y Oriol Junqueras, generadas en antiguas militancias pasadas, según explican fuentes de sectores independentistas.

En las municipales, la ANC impulsó las primarias, como las que querían llevar a Jordi Graupera a la alcaldía de Barcelona. Para Paluzie y otras personas afines —Uriel Bertran, Anna Arqué— era el paso para convertir la ANC en el cuarto partido del independentismo. Esta semana, Paluzie aseguraba que “descartaba” crear un cuarto partido después de la experiencia de las primarias. Traducción: después del fracaso de las primarias —Graupera solo obtuvo 28.000 votos y en otros municipios el resultado de los candidatos impulsados por la ANC fue testimonial— no tiene sentido impulsar un partido.

La presidenta de la ANC, Elisenda Paluzie. (EFE)
La presidenta de la ANC, Elisenda Paluzie. (EFE)

Pero ERC ya salía tocada. Los 28.000 votos de Graupera han sido la diferencia que ha permitido al PSC pactar con unos y con otros y explotar su derrota como si fuese una victoria. Ernest Maragall se quedaba fuera, y a su edad, la mejor apuesta de Oriol Junqueras ya no tendrá una segunda oportunidad.

ERC centrífuga

ERC, además, llevaba un año virando para explicar a los suyos su cambio de estrategia tras la derrota del 27-O. Eso explica la moderación de Gabriel Rufián en el Congreso. La nueva línea de los republicanos se resume en “independencia sí pero ahora no”. Con ERC alejándose en modo centrífugo de la asociación, se ponían las bases para que la ANC entrase en una deriva hacia el unilateralismo y quedase fuera de control de cualquier partido o institución.

ERC se alejó al sentir que la ANC se oponía a respaldar su vuelta al realismo político y a la aceptación de que el 27-O fue un fracaso


Los partidos soberanistas jugaron en su día a controlar la ANC. Cooptaron a Carme Forcadell —“president, posi les urnes” en la Diada de 2014— nombrándola presidenta del Parlament. Junqueras la convirtió en uno de sus peones de los hechos de octubre. Mientras, el PDeCAT logró colocar a Jordi Sànchez al frente de esta asociación, que quedó bajo la tutela de la Generalitat. Desde el Palau se decidían las concentraciones, las protestas y las movilizaciones. Así, Sànchez, como Jordi Cuixart, presidente de Òmnium Cultural, acabó procesado en el juicio del Tribunal Supremo. Lo mismo que Carme Forcadell.

El pecado de no ser de nadie

El pecado de Paluzie es que no es de nadie. Se encaramó a la presidencia de la ANC porque no representaba ni a ERC ni al mundo de JxCAT. Y ha empezado a organizar protestas contra los propios partidos. Paluzie no podrá montar el cuarto partido independentista pero tampoco se someterá. Para resistir, ha buscado apoyo en Carles Puigdemont y su Consell per la República. Muchas asociaciones locales de la ANC están comprometidas en la captación de socios para el registro ciudadano de Puigdemont. Otro factor para que ERC siga desconfiando.

La esperanza de JxCAT y del Palau de la Generalitat es que su mandato solo dura dos años y ya ha agotado uno. En breve, podrán maniobrar para volver a tomar al asalto la ANC y llevarla de nuevo al redil de los partidos. Aunque por ahora el precio sea dañar la convocatoria de la Diada de este año.

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