Por ahora, el fiscal evita pedir cautelares

ERC dinamita el último puente con JxCAT a la espera del destino penal de Marta Rovira

Cómo acabe Rovira ante el alto tribunal será determinante para la marcha de las conversaciones entre JxCAT y ERC. Por ahora, el fiscal no pide prisión preventiva ni otras medidas cautelares

Foto: La secretaria general de ERC, Marta Rovira. (EFE)
La secretaria general de ERC, Marta Rovira. (EFE)

ERC ha dinamitado el último puente que quedaba en la negociación con JxCAT. Los republicanos se niegan a votar la propuesta de resolución que pretenden someter al pleno del Parlament para reivindicar la legitimidad de Carles Puigdemont y denunciar la suspensión de la autonomía de Cataluña por la vía de la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Con esta negativa, ERC rompe el último principio de acuerdo para la investidura y ahora todo queda a la espera de cómo le vaya a la secretaria general del partido, Marta Rovira, cuando declare el lunes ante el Tribunal Supremo (TS).

Cómo acabe Rovira ante el alto tribunal será determinante para la marcha de las conversaciones entre JxCAT y ERC. Por ahora, el fiscal no pide prisión preventiva ni otras medidas cautelares. Eso es bueno, porque Marta Rovira no participa en las conversaciones pero las tutela. Y tiene a su mano derecha, el diputado Sergi Sabrià sentado a la mesa de negociaciones. Además de a su jefe de gabinete, Jordi Bacardit. Por tanto, el futuro legal de Rovira resulta clave para la evolución de las conversaciones.

Fuentes de JxCAT y ERC explican que las relaciones entre los negociadores se han deteriorado mucho. Tanto que no se prevé que la semana que viene se llegue a acuerdos relevantes. Sabrià, Bacardit y en menor media el secretario de Economía, Pere Aragonés, ya no soportan a los que están al otro lado de la mesa por JxCAT: Elsa Artadi y el portavoz de la formación, Eduard Pujol. Demasiados vaivenes y cambios de criterio. Y las críticas en público al presidente del Parlament, Roger Torrent, han sentado fatal entre los republicanos. Hoy por hoy, las relaciones se encuentran del todo rotas. Y en los contactos que hubo ayer no se produjo avance alguno.

Pero no se trata solo del trato humano. Y de que los principales líderes no puedan participar de manera directa —Oriol Junqueras por estar en la cárcel y Carles Puigdemont por encontrarse en Bruselas—. Depende también de que todos los puntos clave de la negociación están rotos por uno u otro bando. Así que no hay nada. Cuando acaben las declaraciones en el TS —la última convocada es Anna Gabriel (CUP), el miércoles 21 de febrero—, las conversaciones se retomarán, aunque en la práctica tendrán que volver a comenzar desde el principio, y más tras la negativa de ERC de apoyar la propuesta de resolución.

Todos los juguetes rotos

Por tanto, no hay propuesta de resolución. Y eso que JxCAT ya la tiene redactada. Y también se ha caído la reforma de la Ley de Presidencia que querían los 'juntaires' para poder investir a Puigdemont a distancia. La misma reforma que Roger Torrent ha metido en un cajón para congelar su tramitación 'sine die'. Por tanto, los dos primeros pilares de las negociaciones se han caído. ERC sabe que la reforma de la Ley de Presidencia violaría el veto impuesto por el TC a la investidura del Puigdemont a distancia. La reforma de la Ley de Presidencia es ilegal. Y por eso los republicanos no quieren jugársela.

Sin embargo, no solo ERC se ha cargado puntos del acuerdo. JxCAT ha hecho lo mismo con la Asamblea de Electos que iba a investir a Puigdemont en Bruselas, al considerarla demasiado simbólica.

Obstinación en Bruselas

Puigdemont sigue obstinado. El PDeCAT ya habla de manera clara de que ha de retirarse. Pero su núcleo duro sigue afirmando que ha de ser él el presidente de la Generalitat. Y en todo caso, Puigdemont no admite más plan B que el que su sustituto sea Jordi Sànchez, el expresidente de la ANC, que sigue encarcelado en Soto del Real. Puigdemont no cede desde su fortaleza belga: si no es él quien bloquee institucionalmente la política catalana, será su sucesor. Nada que suene remotamente a normalidad.

En JxCAT aseguran que Puigdemont será el presidente y que para nada asumirán una presidencia simbólica, tal y como pretende ERC. Pero el viento está cambiando. Y la oposición también presiona. Aun así, hay tanto por hacer y Puigdemont es una personalidad tan compleja, que a corto plazo no puede esperarse un acuerdo.

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