Pendientes de que Rajoy suspenda la autonomía

La declaración a la eslovena desmoviliza a la calle y condena a Puigdemont al artículo 155

El lunes por la noche, el equipo de Puigdemont ya tenía perfilada una solución a la eslovena, que imita la declaración suspensiva con la que Eslovenia se separó de Yugoslavia en 1991

Foto: El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, firma el documento sobre la independencia. (EFE)
El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, firma el documento sobre la independencia. (EFE)

“Que la prudencia no ens faci traïdors” (que la prudencia no nos convierta en traidores). La frase la pronunció uno de los presidentes históricos de ERC, Jordi Carbonell, fallecido el año pasado. Estrechos colaboradores del vicepresidente catalán, Oriol Junqueras, la tienen en sus despachos a guisa de frontispicio. Y ese fue el error del presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont: se mostró prudente, pero para no parecer traidor también fue torpe. No se atrevió a declarar la independencia, pero al firmar la declaración posterior, que legalmente no tiene mayor valor, quedó condenado a esperar que el Gobierno de Mariano Rajoy suspenda la autonomía de Cataluña durante los próximos días.

El lunes por la noche, el equipo de Puigdemont ya tenía perfilada esta solución a la eslovena, que imita la declaración suspensiva con la que Eslovenia se separó de Yugoslavia en 1991. La había propuesto el eurodiputado convergente Ramon Tremosa, gran amigo de Junqueras. La fórmula implica que se declara la independencia pero acto seguido se suspende la misma para intentar dialogar una salida pactada, algo por cierto que en el caso esloveno no funcionó, puesto que hubo una guerra.

Así, Puigdemont fue especialmente prudente en declarar la independencia en el pleno del Parlament: “Llegados a este momento histórico, y como presidente de la Generalitat, asumo, al presentarles los resultados del referéndum, ante todos ustedes, y ante nuestros conciudadanos, el mandato de que el pueblo de Cataluña se convierta en un estado independiente en forma de república”. Ni siquiera dijo 'declaro'. Y acto seguido suspendió “los efectos de la declaración”. El diputado socialista, Miquel Iceta, fue especialmente cruel: “Ha suspendido usted una declaración que no ha hecho”, le espetó. La diputada de la CUP Anna Gabriel ha lamentado: “Esperábamos la proclamación solemne de la república catalana. Quizás hemos perdido una ocasión”.

La declaración a la eslovena desmoviliza a la calle y condena a Puigdemont al artículo 155

Tras la sesión se firmó la declaración de independencia, que reza sin ningún lugar a dudas: “CONSTITUIMOS la República catalana, como Estado independiente y soberano, de derecho, democrático y social. DISPONEMOS la entrada en vigor de la ley de transitoriedad jurídica y fundacional de la República. Suficiente para que Rajoy se sienta justificado para aplicar en el Senado el artículo 155 y suspenda la autonomía, pese a que el papel firmado por los diputados de Junts pel Sí y la CUP carece de cualquier valor jurídico al no haberse votado en el pleno ni haberse registrado en el Parlament. Un brindis al sol, otro más en la larga vida del 'procés'.

Desánimo independentista

Rápidamente, TV3 y Catalunya Ràdio empezaron a lanzar la consigna de que “había que dar un voto de confianza al ‘president”. Puigdemont y su entorno estaban amagando con que tenían un mediador internacional. Pero el independentismo estaba destrozado y no solo en la calle, donde los miembros de la ANC abandonaban la concentración a la que habían sido convocados con gran desánimo. También en el Parlament, donde la diputada de ERC Anna Simó, al ver la cara de honda decepción del filósofo Jordi Graupera, uno de los guardianes intelectuales de la pureza del 'procés', se fundió con él en un abrazo para infundirle ánimos en un momento tan duro.

En el entorno independentista molestaron dos cosas: las medias tintas que utilizó Puigdemont pero también que no se sobreactuara más

En los corrillos, el sociólogo Salvador Cardús, otro pilar de los opinadores independentistas, mostraba a un interlocutor su apoyo a Puigdemont antes de que los diputados firmasen, pero lamentaba que no se hubiera escenificado de otra manera para evitar haber lanzado el jarro de agua fría que les cayó a los simpatizantes en la calle. Es decir, para Cardús, el problema no era el fondo, sino su teatralización.

Caras largas en la CUP

En esencia, Junqueras y Puigdemont le ganaron la partida a la CUP. Y hacía muchos meses que eso no pasaba. Evitaron los automatismos de la entrada en vigor de la Ley de Transitoriedad y abrieron un periodo de diálogo indefinido. No importa tanto que el Gobierno español no quiera dialogar. Importa ganar tiempo y no convocar elecciones.

Junts pel Sí le metió un buen gol a la CUP al colar un periodo de negociación indefinido a la hora de establecer conversaciones con el Gobierno español

El precio ha sido muy alto: se ha roto la convivencia en Cataluña, la acción política con la CUP ha salido muy mal parada, se ha despertado a la ultraderecha en España y se han perdido las sedes sociales de las mayores empresas que operaban desde el mercado catalán. Y lo será más si se suspende la autonomía. Un precio altísimo.

La esperanza de Junts pel Sí pasa por que Rajoy, al calor del Día de la Hispanidad, aplique el artículo 155. Ahora, también es por todos conocido que a Mariano Rajoy los desfiles militares no le entusiasman, precisamente. Y está por ver si la gente que hoy volvió desolada de la concentración saldrá a la calle dentro de unos días para defender una Generalitat en caso de suspensión de la Administración autónoma de los catalanes. Además, posibles detenciones siguen pesando como una losa sobre las cabezas de la mayor parte de los líderes independentistas.

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