sensaciones tras la no declaración de independencia

"Estoy decepcionado. Se han bajado los pantalones": la calle señala a Puigdemont

Muy pocos esperaban este desenlace. Una espantada en toda regla que contrasta con el enorme júbilo cuando Puigdemont dijo que asumía "el mandato" para crear una "república catalana"

Foto: Vista de la concentración convocada esta tarde en las inmediaciones del Parlamento de Cataluña. (EFE)
Vista de la concentración convocada esta tarde en las inmediaciones del Parlamento de Cataluña. (EFE)

"Mira, ¿ves mi estelada? La llevo guardada así, estoy decepcionado. Se han bajado los pantalones. Llevo desde el día 20 en la calle entregado. ¿Si esto me hará dejar de salir? No lo sé, ahora mismo pienso que sí". Esta es la sensación de Pere, 21 años, que aún no sale de su asombro. Es la imagen extrema, pero no la minoritaria. En la avenida Lluís Companys, la gente ha terminado muy enfadada tras la declaración de Puigdemont, al punto de que, como ocurre en los estadios de fútbol cuando su equipo es derrotado con estrépito, el público ha abandonado su lugar mucho antes de que terminase la función.

"Era lo previsible, pero aun así duele. Espero que esto sirva para avanzar, para implicar a Europa, porque con España está claro que no se puede hablar", cuenta Mercè, 42 años, que se toma la continuación del 'procés' con filosofía. "Lo importante es cómo termina. Sigo teniendo confianza en el Govern. Si se declaraba la DUI, nos hubieran lanzado a los 'piolines".

"Estoy decepcionado. Se han bajado los pantalones": la calle señala a Puigdemont

Muy pocos en la avenida Lluís Companys esperaban este desenlace. Una espantada en toda regla que contrasta con el enorme júbilo cuando Puigdemont dijo que asumía "el mandato" para crear una "república catalana". En ese momento, tras una tensión 'in crescendo', estalló el clímax. Abrazos, vivas, puños en alto. Ya solo faltaba escuchar cómo declaraba la DUI, aunque esta fuese blanda, aunque solo fuese retórica. Pero eso no ocurrió, el 'president' apeló al diálogo sin dar un paso al frente y comenzaron los abucheos. No masivos, pero abucheos y silbidos al fin y al cabo. Lo que nadie esperaba.

Puigdemont abandonó el atril y tomó el turno Inés Arrimadas. Pero entonces, la gente ya estaba desconectada, con la mirada ausente. El 'procés' continúa, pero hoy la fe en el Govern se tambalea.

La CUP como salvavidas

En mitad del torrente de emociones, un rumor comenzó a sonar. La CUP es la única alternativa para alcanzar la república, ahora que Puigdemont y Junqueras se han echado atrás, al menos por ahora. "Yo nunca he votado a la CUP, pero si nada cambia voy hacerlo", dice Toni, 30 años, antes de escuchar el parlamento de la líder antisistema Anna Gabriel. Y Gabriel no decepcionó a la audiencia. Se postuló como formación política que piensa dar todo por la república, y el público le aplaudió más que a nadie.

"No hay que precipitarse. El Govern quiere comenzar a dialogar por la independencia, vamos a darle un margen. Pero un margen de algunos meses, no de dos años. Si no hacen nada entonces ya sí pensaremos en votar a otra gente, a la CUP o a quien se moje por la república. Pero ahora, démosle tiempo", sentencia Marta con el asentimiento de su grupo de amigos.

Los que aguantan ante las pantallas escuchan, aplauden y silban. Pero nadie tiene ya nada claro. Comienza una nueva fase del 'procés'. La enésima.

Cataluña

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