Moncloa rechaza cualquier contacto

Puigdemont se escuda en el fracaso de la mediación para declarar la independencia

La presión de la ANC, de Òmnium y del resto de entidades se trasladará a las puertas de la cámara catalana. La calle reclamará su derecho a ver cristalizar todas sus movilizaciones

Foto: El presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont. (Reuters)
El presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont. (Reuters)

El intento de conciliación liderado por la decana del Colegio de Abogados, Maria Eugenia Gay, acabó ayer en vía muerta. Con la CUP presionando y la ANC convocando a las masas a las puertas del Parlament, el presidente catalán Carles Puigdemont está abocado a declarar la independencia hoy de manera unilateral, la temida DUI que le reclaman los 'hooligans' del 'procés'. En medios del PDeCAT y de ERC se vivía la jornada de ayer con pesimismo y sentido de fatalidad, como la tripulación de un ballenero condenada a perseguir a Moby Dick.

Puigdemont hará su intervención ante el Parlament, como Cicerón en el Foro romano su famoso discurso sobre Catilina, cercado por las masas: hasta los payeses vendrán con sus tractores. Se espera que los agricultores lleguen a Barcelona al mediodía. Un clima de máxima tensión que no ayuda a que el presidente catalán se modere. Al contrario. Puigdemont ha llegado hasta aquí por la presión en la calle y ahora esa calle le pasa factura.

En la Generalitat se vive esta situación en un clima de alta tensión. Hace días que Puigdemont va acompañado a todas partes de un fotógrafo, según explican fuentes del Palau, para inmortalizar el momento justo en que sea detenido. Una detención que ya se considera inminente y que se reflejará como un tributo para la historia.

Del mismo modo, miembros del Govern se han pasado la consigna de acudir acompañados o escoltados por grupos de simpatizantes, que puedan dificultar una posible actuación policial. En esta línea, el presidente de ERC y vicepresidente económico de la Generalitat, Oriol Junqueras, ha restringido al máximo sus movimientos, para intentar no ser detenido durante un trayecto, según explican fuentes de su partido. Todos estas situaciones no apuntan a que Puigdemont vaya a dar un paso atrás, por mucho que desde la Conselleria de Presidencia se ha insistido mucho en que hoy no se votará nada en la cámara catalana, una manera de intentar rebajar la inminente DUI. La situación es tan grave que hasta la alcaldesa Ada Colau le ha pedido a Puigdemont que eche el freno.

Puigdemont se escuda en el fracaso de la mediación para declarar la independencia

Mientras, la gran apuesta por el diálogo se ha estrellado contra las rocas, en esencia porque el Gobierno de Mariano Rajoy exige que Puigdemont vuelva a la legalidad española y catalana, algo que ni Junts pel Sí ni la CUP quieren hacer. Y eso pese a que la ley del referéndum no ha sido respetada en su dudosa vigencia ni por sus promotores.

Mediación fracasada

En este clima, mientras Puigdemont intentaba dar alas a la comisión independiente de Mediación, Diálogo y Conciliación impulsada por el Colegio de Abogados de Barcelona, el Gobierno central ha hecho todo lo posible para desactivar la iniciativa. Rajoy no ha recibido a la comisión. Y solo su jefe de Gabinete, Jorge Moragas, se ha reunido con Maria Eugenia Gay. El encuentro fue mal, según apuntan fuentes conocedoras de la entrevista.

El último intento desesperado para que Puigdemont y Rajoy se sentase en una mesa tuvo lugar ayer por la tarde en Barcelona. Pero el delegado del Gobierno en Cataluña, Enric Millo, tampoco aceptó reunirse con ellos. Solo se vio en solitario con la decana del colegio, pero tampoco fructificó ningún tipo de iniciativa para el diálogo.

Excusa perfecta

En el entorno de Junts pel Sí se apunta que este fracaso de la comisión de mediación será utilizado como excusa por Puigdemont para declarar la independencia. Una declaración que las fuentes consultadas apuntan como firme pero retórica y que se querrá desvincular de la presión de los manifestantes alrededor de la cámara catalana.

La maniobra de la Generalitat para que el Gobierno no aplique la suspensión de la autonomía en Cataluña a través del artículo 155 de la Constitución será decir que es “una declaración, pero no una proclamación”, es decir, que se mostrará intención política pero no supondrá consecuencias vinculantes o ejecutivas de forma inmediata. Pero todo apunta a que en Madrid no se tendrá en cuenta este tipo de sutilezas dialécticas.

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