Los padres de Albert Rivera: "¿Cerrar el negocio? Eso sería lo último que haríamos"
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LA OTRA CATALUÑA ANTES DEL 1-O

Los padres de Albert Rivera: "¿Cerrar el negocio? Eso sería lo último que haríamos"

María Jesús y Agustín pasan página del ataque que sufrió hace diez días su comercio de comida precocinada en Granollers y agradecen el afecto recibido por los vecinos y el alcalde de la ciudad

placeholder Foto: El comercio de comida precocinada de los padres de Albert Rivera, en Granollers (Barcelona), este 30 de septiembre. (J. R.)
El comercio de comida precocinada de los padres de Albert Rivera, en Granollers (Barcelona), este 30 de septiembre. (J. R.)

—¿Qué tal, qué querías?

—Pollo 'rustido'.

Son cerca de las dos de la tarde y en el pequeño negocio de comida precocinada ya van faltando platos.

—¿Y cómo estáis? Mi hermana me dijo lo que os habían hecho.

La clienta, una mujer de unos cuarenta años, de media melena, le saca el tema de conversación a María Jesús Díaz, la dueña del establecimiento. Ella es una mujer menuda, rubia, discreta. Es la madre de Albert Rivera, el presidente de Ciudadanos, y apenas quiere referirse a lo que sucedió hace poco más de una semana. "Lo que os habían hecho".

Era eso. Los carteles y pancartas independentistas que los soberanistas estamparon en el cierre metálico morado de su pequeña tienda en Granollers, en la calle del Triomf, esquina con Travesseres. En el centro histórico, a dos pasos de La Porxada, uno de los monumentos más característicos de la ciudad, y de la plaza de Josep Maluquer i Salvador. Los padres de Rivera retiraron los papeles enseguida aquel 21 de septiembre. La fachada luce limpia. Igual que el interior, un espacio pequeño y modesto, decorado en morado y verde. Menú completo a 6,50 euros. Platos especiales por encargo. Unas cuantas revistas se apilan a la entrada para que los que quieran almorzar allí tengan con qué entretenerse. Un comercio normal, humilde y sin lujos.

Los Rivera no han sufrido nuevos incidentes. La tienda está "bien vigilada" por los Mossos. María Jesús quiere que "todo vaya bien y que funcione"

Se nota que a María Jesús le cuesta rebobinar cuando el periodista le pregunta. No se siente cómoda. "No, no quiero fotos. Me quiero quedar al margen de todo esto". Lo que desea es pasar página, mirar hacia delante. Desde el pasado 21 de septiembre no se han repetido los incidentes, no le han increpado ni a ella ni a su marido, Agustín. No han sufrido más ataques. El negocio, del que no se da el nombre por seguridad, está "bien vigilado por los Mossos". "Venimos al pueblo a trabajar [su residencia la tienen en otra localidad próxima] y lo único que queremos es que todo vaya bien y que funcione".

Foto: Pintada en la fachada de la tienda. (C's)

Ya pasó en El Bazar del Puerto

Agustín es más expansivo. María Jesús es más callada, cuenta, porque no quiere que el establecimiento de comida precocinada que ella y su hermana montaron hace cuatro años se vea afectado por la explosión independentista. Los padres de Rivera eran dueños de un comercio muy conocido en Granollers, El Bazar del Puerto, donde vendían material de importación, electrónica, telefonía... Tras 27 años tuvo que cerrar. La crisis económica arruinó el negocio, aunque también influyó, señala Agustín, el señalamiento al que eran sometidos por ser los padres de él, de Albert Rivera, "el segundo enemigo público de Cataluña," para los separatistas. Justo después de Mariano Rajoy.

"Está muy inculcado el odio. Aquí hay miedo, pero no miedo físico", señala Agustín, que lamenta que su hijo sea el "segundo enemigo" de Cataluña

El Bazar del Puerto también sufrió ataques. "Porcs feixistes! [¡Cerdos fascistas!]", les pintaron en la fachada una de las primeras veces, al poco del salto de Albert a la política. ¿Tienen miedo? "En Cataluña hay miedo, pero no es miedo físico —explica Agustín—. Puedes temer que marquen a tus hijos en el colegio, o que te señalen. Está muy inculcado el virus del odio. Y han conseguido que el independentismo penetre en el tejido social. Pero si reaccionas de forma virulenta es mucho peor".

Los padres de Rivera sí subrayan que los casos de acoso son aislados. "Recibimos el cariño y solidaridad de los vecinos. Estos días han sido normales. Y el alcalde, Josep Mayoral [del PSC], nos llamó", cuenta María Jesús. ¿Y la Generalitat? ¿Telefoneó tras la invasión de carteles a favor del 1-O en su fachada? "No, aunque tampoco lo esperaba", prosigue. "Con nosotros la gente es amable. Somos trabajadores y gente educada, y nos respetan porque somos respetables, pero a veces van con la prevención por delante", añade Agustín.

Aparecen pintadas intimidatorias contra Rivera en el comercio de sus padres

¿Se han planteado marcharse? "¿Cerrar el negocio? Sería lo último que haríamos, y menos por cuatro. Para nada. Pero sí me sabe mal por mi mujer y su hermana, que están muchas horas al pie del cañón", responde el padre antes de despedirse para ayudar a ponerle un enchufe a un vecino de 87 años que vive a escasos 50 metros del local.

placeholder Puestos ambulantes, 'estelades' y carteles independentistas en la plaza de Josep Maluquer i Salvador, en Granollers (Barcelona), este 30 de septiembre. (J. R.)
Puestos ambulantes, 'estelades' y carteles independentistas en la plaza de Josep Maluquer i Salvador, en Granollers (Barcelona), este 30 de septiembre. (J. R.)

"Una mayoría silenciosa"

Minutos antes había salido del establecimiento Martí Falcó, jefe de producción de una perfumería, enfundado en una camiseta del Barça. Él sí es de los que estaba al tanto de que el negocio pertenece a los padres de Rivera. Pero en las tiendas aledañas —una recoleta peluquería, una panadería-cafetería— los dependientes aseguran no conocer ese dato y prefieren no mantener conversación sobre eso y seguir a lo suyo. Martí sí se solidarizó con María Jesús y Agustín y sigue yendo a comprarles comida porque le gusta cómo cocinan la dueña y su hermana. "Las habas están muy buenas", sonríe.

Granollers es un fortín histórico del PSC en las municipales. Pero su alcalde, Josep Mayoral, ha sufrido protestas por no ceder locales

Él es de los que no irá a votar este 1-O porque no está de acuerdo, es de los que se siente "catalán y español". Igual que Juan y Pedro, dos andaluces de origen pero afincados en la comunidad desde hace décadas y que regentan sendos puestos ambulantes de discos de vinilos y de antigüedades, instalados este sábado en la plaza de Josep Maluquer i Salvador. Ambos se enervan con el 'procés'. Los dos comerciantes y amigos subrayan que hay "una mayoría" que no quiere la secesión de Cataluña, pero es "silenciosa" y no alza la voz. Insisten en que ha de respetarse "la legalidad" y en que "no se pueden hacer las cosas por cojones" como las hace, a su juicio, la Generalitat, al seguir adelante con el 1-O pese a la prohibición del Constitucional y de jueces y fiscales.

placeholder El comercio de los Rivera, este 30 de septiembre. Al fondo, una 'estelada'. (J. R.)
El comercio de los Rivera, este 30 de septiembre. Al fondo, una 'estelada'. (J. R.)

Granollers (60.170 habitantes), capital de la comarca del Vallès Oriental, en Barcelona, es zona mixta. Es un municipio fortín del PSC en las locales, pero en el que la presencia independentista es muy visible. Cuelgan multitud de 'estelades' de los balcones, y los carteles del '', 'Democràcia' o de 'Hola, República' lucen cada pocos metros.

Escraches y acoso

Josep Mayoral, alcalde socialista de la ciudad desde 2004, prefiere no atender a los medios estos días. Él, como otros regidores de su partido, se negó a ceder los colegios para el 1-O aunque sí instó a la Generalitat a que abriera sus propios locales para facilitar el voto si así lo deseaba. Su actitud desencadenó actos de protesta a las puertas del Ayuntamiento, aunque no ha sufrido escraches y acoso personal como otros compañeros suyos, como Josep Monràs, el primer edil de la cercana Mollet y cuya mujer, dicen en la formación, ha sido hasta insultada "en la calle y en el súper". Fuentes del PSC de la federación del Vallès recalcan que la indicación es mantener la serenidad y la prudencia para no excitar más los ánimos, porque la presión que padecen los alcaldes es "brutal". Se quejan de cómo se ha pervertido el debate, cómo no compartir el 1-O significa, a ojos de algunos ciudadanos, quedar alineado con el PP, cuando la posición que defienden los socialistas es otra: diálogo, reforma constitucional… pero también defensa de la legalidad.

Ni el regidor socialista ni Ciudadanos quieren hacer declaraciones. Desde el PSC prefieren guardar prudencia para no excitar los ánimos más

Tampoco desean expresar su opinión los dos concejales de Ciudadanos. Sobre el ataque al negocio de los padres de Rivera se remiten a las palabras de su líder de hace diez días —esas acciones intimidatorias, sean contra su familia, ediles o fuerzas de seguridad, tienen un "componente totalitario"— y a las de este sábado de la jefa de la oposición en el Parlament de Catalunya, Inés Arrimadas, que presentó una denuncia ante la Fiscalía de Menores contra la 'consellera' de Educación, Clara Ponsatí, por la utilización de los niños para posibilitar la votación este 1-O.

Albert Rivera condena las pintadas intimidatorias en el local de sus padres

Cerca de las tres de la tarde María Jesús y Agustín echan el cierre a su local. La fachada morada luce impoluta. En la zona circulan algunos viandantes pero las calles están tranquilas, sin demasiado ajetreo. Pero la cuenta atrás para la movilización por el referéndum se agota.

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