Independencia de Cataluña: La Generalitat rebaja la participación al 30% para que el 1-O tenga legitimidad
menos votos que el 9-n darán alas a la oposición

La Generalitat rebaja la participación al 30% para que el 1-O tenga 'legitimidad'

Todas las encuestas dicen que la participación será muy alta el 1-O. Sin embargo, hay miedo entre los convocantes, según reconocen fuentes del PDeCAT, ERC y de organizadores

Foto: El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont (c), junto al vicepresidente del Govern, Oriol Junqueras (i), y el portavoz del Govern, Jordi Turull (d), a su llegada a la reunión semanal del Govern.
El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont (c), junto al vicepresidente del Govern, Oriol Junqueras (i), y el portavoz del Govern, Jordi Turull (d), a su llegada a la reunión semanal del Govern.

Los ideólogos del mal llamado referéndum siempre lo han defendido porque han considerado que su propia existencia es una trampa mortal para el Gobierno central. Lo que todos los convocantes esperan de Mariano Rajoy es que se equivoque y que ese error resulte contraproducente para los intereses españoles. Pero el propio referéndum puede suponer un trampa para el independentismo: la participación. El 9-N puso el listón muy alto: si van a votar menos de 2,3 millones catalanes, los que lo hicieron el 9-N en 2014, como temen los organizadores de la consulta, PDeCAT, ERC y la CUP, tendrán un problema.

La CUP ha pedido un mínimo de participación para la consulta del 1-O. La diputada 'cupaire' Eulàlia Reguant ya lo apuntó este mes de agosto, cuando al referirse a la participación declaró que “es un debate que todavía hay que terminar de cerrar, pero no nos hace ningún favor, a veces, decir que no hay que tener en cuenta la participación”. La propia ANC estuvo debatiendo una propuesta en la que se pedía a la Generalitat que el resultado del 1-O se impusiese “al margen de la participación que se obtuviese”. Al final, la ANC optó por no trasladar esta propuesta a la Generalitat y los partidos, en buena parte porque ponía en evidencia cuál era el punto débil de todo el 'procés'.

Precisamente la participación en la consulta fue uno de los ejes que centraron la cena secreta que reunió el pasado sábado en Barcelona al líder de Podemos, Pablo Iglesias, con Oriol Junqueras en casa del propietario de Mediapro, Jaume Roures, tal y como desveló El Confidencial. Junqueras cuenta con que una movilización de los partidarios de Podemos en Cataluña le saque del brete.

Preguntado sobre qué participación espera la Generalitat el 1-O, el portavoz del Govern, el 'conseller' Jordi Turull, se ha limitado a señalar: “Esperamos la máxima participación posible, pero no entraremos a poner una cifra. Estoy seguro de que habrá una muy alta participación”.

En todo caso, la ANC, Òmnium, los partidos soberanistas y la Generalitat han llegado al mismo acuerdo que refleja la ley del referéndum: no se fija una participación mínima. Pero que la ley no la fije es igual. Incluso de cara al Gobierno español, resulta indiferente. Para el Ejecutivo español, la consulta es ilegal, da lo mismo la cantidad de catalanes que voten. Pero para los partidos catalanes que se han opuesto al referéndum, una participación por debajo de los 2,3 millones del 9-N será gasolina muy valiosa de cara a las nuevas autonómicas, sean estas cuando sean. La participación en el 1-O es una verdadera carga de profundidad en clave de política interna catalana.

El debate sobre la participación se aparta en el espacio público por parte de los organizadores. Y este ya era un problema previo a los atentados yihadistas en Cataluña. Pero tras los ataques, nada han modificado los impulsores de la consulta.

Los organizadores del referéndum perciben cansancio entre su electorado potencial y temen una baja participación que deslegitime el 'procés'

Todas las encuestas dicen que la participación será muy alta el 1-O. Sin embargo, hay miedo entre los convocantes, según reconocen fuentes el PDeCAT, ERC y altos cargos vinculados a la organización del referéndum. Se calcula que el censo en Cataluña es de 5,5 millones de catalanes. Si fuera a votar el 60% del censo, como apuntan los sondeos, eso serían 3,3 millones de personas, un millón más de las que depositaron su papeleta el 9-N. Ese sería un resultado óptimo para los convocantes y una victoria política para el independentismo.

El mínimo del 30%

No obstante, fuentes del Palau aseguran que se conformarían con un mínimo del 30% del censo. Eso implicaría 1,7 millones de votos. Aceptan con la boca pequeña que por debajo de esa cifra sería muy difícil vender a los medios de comunicación internacionales que el referéndum ha sido un éxito o que tiene cualquier tipo de relevancia política.

Fuentes del PDeCAT y de ERC reconocen que un resultado así sería muy difícil de 'colocar' a sus votantes y miran esta posibilidad con preocupación. También porque la clave del Palau no es la clave de los partidos. Carles Puigdemont no piensa presentarse a las próximas autonómicas pese al capital político acumulado, que no ha sido poco. Además, desde la Generalitat se perciben más las dificultades legales y logísticas de organizar el 1-O que desde la ANC y los partidos.

Superar el 9-N

En cambio, para los partidos el objetivo es superar el 9-N. Por tanto, situarse alrededor de los tres millones de votos sería el objetivo que se marcan las organizaciones convocantes: la participación es el gran yuyu del nuevo referéndum.

La Generalitat rebaja la participación al 30% para que el 1-O tenga 'legitimidad'

El problema del independentismo el 1-O es que lucha contra sí mismo. O contra el 'fantasma del padre'. Los impulsores y defensores de la nueva consulta denostaron en su momento la capacidad de movilización que tenía el acto impulsado por Artur Mas. Pero entre bambalinas ahora se teme no llegar al listón marcado por el expresidente catalán. Guste o no, Artur Mas es ahora una referencia. Y no sencilla de superar. Tal vez demasiado para volver a repetir la experiencia tres años después, sin que haya una verdadera diferencia en garantías, apoyo legal o reconocimiento internacional.

Se podría resumir la situación con que el soberanismo no teme al no. Está seguro de ganar. Pero, en cambio, la abstención le aterroriza, por mucho que Puigdemont haya asegurado que la participación es indiferente y haya recordado que el Estatut de 2006 fue aprobado con una participación baja, de solo el 49,5%. Esta 'baja participación' sería considerada ahora una bendición en el actual panorama político.

Cataluña

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