ANIVERSARIO DEL CAMBIO ANDALUZ

Primer año del presidente inesperado: Moreno quiere jugar en el centro

Tras conseguir el vuelco político en Andalucía de la mano de Cs y Vox, el barón andaluz busca afianzar su liderazgo sin generar rechazo y huyendo de la crispación

Foto: El presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla. (EFE)
El presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla. (EFE)

Con miel, mucho mejor que con hiel. Es un dicho que el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, usa mucho. El refrán es "más moscas se cogen con miel que con hiel", pero el barón del PP obvia lo de las moscas. El pasado miércoles, mientras se entrevistaba con ministros del gobierno de izquierdas de Portugal, en su tercera salida internacional, Moreno recordó que hacía un año que había sido investido presidente. Aclaró que no lo celebraba ese día, que le dejó un gusto muy agridulce. Lograba su sueño político de presidir Andalucía pero justo hacía un año y tres horas de la muerte de su padre. Por eso, Moreno tiene en la agenda el aniversario el 18 de enero, el día de su toma de posesión.

Llegó por sorpresa. Él asegura que siempre creyó en que lograría desbancar al PSOE en la comunidad andaluza después de 36 años sin alternancia. Pero lo cierto es que muchos de sus mismas filas se reían a sus espaldas y preparaban su funeral una vez que perdiera las elecciones. Alcanzó el poder con 26 diputados, la cifra más baja obtenida por el PP andaluz. Y lo hizo estrenando una fórmula que después se exportaría a toda España, en coalición con Cs y de la mano de Vox. Ha logrado que en su gabinete no haya dos gobiernos. La sintonía con el partido naranja es total.

En este año, Juanma Moreno ha cultivado su perfil de hombre de centro moderado, a pesar de los volantazos de su partido con Pablo Casado a los mandos. Y a pesar también de que en realidad, su gobierno depende, sí o sí, de Vox. El último barómetro del Centro de Estudios Andaluces (Centra), adscrito a la Consejería de Presidencia, señala que si se repitieran elecciones la derecha seguiría gobernando aunque, con Cs hundido, la coalición tendría que ser con Vox. Es lo que le queda al PP, dicen los sondeos, si quiere llevar a cabo, como confiesan en el equipo de Moreno, un proyecto de ocho años. Esto preocupa. Saben además que el Gobierno de PSOE y Podemos es un cañón de propulsión electoral para Santiago Abascal.

El presidente andaluz esquiva las polémicas. De ese sondeo, lo más valorado por su guardia de corps es el dato de que cada vez genera menos rechazo. Moreno es un presidente que no cae antipático. Obtiene una valoración de 5,44, sube respecto a julio (5,20). Es el estilo de liderazgo que quiere ejercer. Sin trincheras ideológicas, aseguran los suyos, con pragmatismo.

Subidos a la ola de la economía

En estos doce meses, el presidente andaluz ha probado lo que es el poder. Lo que es recibir decenas de llamadas cada día que tienes que atender sí o sí. También habrá sabido de la influencia de Andalucía y habrá vivido en primera persona el peso que da liderar una comunidad de más de ocho millones y medio de habitantes. No ha tenido mala suerte con el viento de la economía. Su mantra es el de la reforma fiscal, mucho menos que la BMI, Bajada Masiva de Impuestos, prometida. El de la estabilidad y la atracción de inversiones.

No es Moreno, aseguran, de infravalorar al adversario político. Sin embargo, sí que prefieren que siga Susana Díaz antes que uno nuevo

Tras lograr el cambio de ciclo político, el PSOE ha ganado todas las elecciones. Cinco convocatorias con las autonómicas, cinco victorias socialistas pese a que Susana Díaz es una líder en horas muy bajas, con poca valoración y mucho rechazo desde su electorado. Pese a la condena del caso ERE. En el PP saben que el PSOE andaluz es mucho PSOE y que no pueden confiarse. Necesitan tiempo y no tener tropiezos para consolidar su proyecto.

Los socialistas siguen teniendo mucho poder en la comunidad, gobiernan cientos de ayuntamientos, cinco diputaciones. Tienen un entramado perfectamente engrasado. El PP no puede perder eso de vista, dicen en sus filas, si aspira a consolidar su proyecto. No es Moreno, aseguran, de infravalorar al adversario político. Sin embargo sí que prefieren, según todos los dirigentes consultados, que siga Susana Díaz antes que otro nuevo adversario. "Esto no vamos a decirlo", apostillan a continuación.


Primeros incumplimientos

El presidente ha podido comprobar en primera persona que no es lo mismo chillar desde la oposición que gobernar. En San Telmo saben que el deterioro de la sanidad pública andaluza es un problema. Que tienen a los profesionales en pie de guerra. Que hicieron promesas que no van a poder cumplir. Que desmantelar la administración paralela no es tan fácil. Que eliminar cargos tiene costes en la gestión. Admiten también que no pueden vivir eternamente abonados al 'show' de la herencia recibida aunque creen que les funciona. Durante los primeros meses denunciaron facturas impagadas en los cajones, sentencias judiciales en contra que lastraban el presupuesto, falta de gestión, "indolencia" en la cúpula de los gobiernos socialistas... Les dio oxígeno. Era atractivo ver cómo un gobierno llegaba a levantar alfombras después de casi cuatro décadas.

Las últimas denuncias tienen otro cariz. Cajas fuertes ocultas que son archivadores de seguridad perfectamente registrados y homologados, una ducha de hidromasaje y un zulo para echar la siesta que fueron denunciados por los sindicatos hace catorce años. Entonces Antonio Sanz, hoy viceconsejero de Presidencia, preguntó por el asunto en el Parlamento y no ocupó ni un breve. Hoy, muchos periódicos mandaron alertas a los móviles como si se tratara del 'Watergate'. "Es la cultura del clic", asumen en San Telmo, "eso vende más que un desvío de varios millones".

Nuevo papel frente a Sánchez

En su haber el Gobierno de Moreno tiene dos presupuestos aprobados, gracias a Vox, y un nuevo horizonte por delante con un Ejecutivo de la nación enfrente que nace con la intención declarada del PSOE de que será "contrapeso" y "freno" a las políticas de la Junta de PP y Cs. El presidente andaluz puede abonar ese guion de la confrontación política, del todo por mi tierra, que tan buenos réditos dio al PSOE andaluz en sus años dorados. Juanma Moreno conoce a Pedro Sánchez, compartieron tertulias de radio y televisión cuando eran diputados de tercera división y sus partidos los enviaban de teloneros. Aunque no conoce al Sánchez del 'síndrome de Moncloa', al de después de las primarias, al que tiene el control absoluto del PSOE y ha pactado con ERC su investidura.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y el presidente de la Junta, Juanma Moreno. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y el presidente de la Junta, Juanma Moreno. (EFE)

Deberá fajarse ante debates como el de la reforma de la financiación, ante el peligro de que se imponga la idea de la España a dos velocidades. Pero también sabe el líder del PP andaluz que si cae en el lenguaje bronco y, en muchas ocasiones desproporcionado del ala de Cayetana Álvarez de Toledo, no tendrá credibilidad en su traje de "presidente de centro moderado para todos los andaluces".

Sin ocuparse de Génova

El último ejemplo es el del 'pin parental'. Vox coló en el Presupuesto de Andalucía un texto muy similar al que ahora ha provocado un duro enfrentamiento del Gobierno de Pedro Sánchez con Murcia. A la comunidad andaluza, sin embargo, no llegó requerimiento desde el Ministerio de Educación. PP y Cs siguieron gobernando como si no hubieran firmado nada y cada vez que les preguntan aseguran que no pueden saltarse la ley. Queda ver cómo actúa Moreno ahora cuando Pablo Casado se ha sumado con énfasis al discurso de Vox, el de "saquen las manos de nuestras familias".

Se abre una etapa interesante. Moreno es un hombre de poca radicalidad pero tiene que conjugar su discurso con el de su partido. Amigo de Borja Sémper, habría que preguntarle qué le parece su marcha. Tendrá su opinión pero no la ha expresado públicamente. De momento, Moreno se ha centrado en su papel de presidente pero no en el de barón. Si tiene algo que decirle a Casado, desde luego no lo dice en público. Ni siquiera en las reuniones del partido. Quizás le hable aparte, al oído, sobre su visión de un PP de centro moderado, donde quepa desde el liberal hasta el conservador y que no se mimetice con Vox. Está centrado en el Gobierno andaluz, en vestirse de presidente más que de barón del PP. Un cargo que le ha sentado bien. Ya nadie se ríe ni se acuerda del hombre que le susurró a una vaca en la campaña electoral. Ahora prima el presidente que se reúne con los sindicatos y aguanta los tirones de oreja con talante e incluso, con autocrítica.

Andalucía

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