el miedo de una COMARCA EMPOBRECIDA

Campo de Gibraltar: no quieren ni hablar de él... pero el Brexit les arruinará (más) la vida

Trabajadores y empresarios del Campo de Gibraltar (muchos de ellos empleados en el Peñón que a diario cruzan la valla) viven con zozobra la 'huida' de Reino Unido de la Unión Europea

Foto: El empresario Lorenzo Periáñez, dueño de una tienda de motos de La Línea. (Toñi Guerrero)
El empresario Lorenzo Periáñez, dueño de una tienda de motos de La Línea. (Toñi Guerrero)

—Cuando Gibraltar se resfría, nosotros cogemos una pulmonía.

A 10 minutos andando de la frontera, Lorenzo Periáñez regenta un negocio fundado por su abuelo. Ahora está en proceso de liquidación de muebles. El público está ‘ikeizado’ y no quiere diseños clásicos. Vendrán más modernos. La parte de los muebles conecta con su despacho (interior y con la misma decoración que dejó su padre, fallecido hace tres años) y de ahí a las motos. La pasión de un hombre resfriado que lucha para que la cosa no vaya a peor.

En este lugar, en el centro de La Línea, Periáñez, presidente de los comerciantes del municipio gaditano, ha visto cómo el Brexit le está pasando por encima. Como a muchos otros (no solo empresarios, sino también trabajadores), no le apetece oír ni hablar de la ruptura con Reino Unido… Pero no tiene más remedio. El Brexit le está arruinando la vida.

Una idea "equivocada"

El 95% de las ventas de Motos Periáñez depende del Peñón. “El linense mira cada vez más el mercado laboral gibraltareño. Hay una idea equivocada fuera de aquí. El trabajador de la frontera entra en bici o andando. El hospital está lleno de médicos de la comarca. Hay abogados, arquitectos…”, apunta el empresario, de la cosecha del 62.

Es muy diferente La Línea actual de La Línea de la posguerra española, en plena ebullición comercial con Gibraltar. Su abuelo vino de Olvera, un pueblo de la serranía de Cádiz. Su padre no dejó el negocio del mueble y lo amplió al de las motos. Fue de los concesionarios de Derby más antiguos de España (desde 1954) hasta que desapareció como marca y Piaggio se quedó con el mercado de la mítica moto española.

Lorenzo Periáñez, en el despacho de su negocio de La Línea. (Toñi Guerrero)
Lorenzo Periáñez, en el despacho de su negocio de La Línea. (Toñi Guerrero)

Lorenzo padre siguió con los muebles, impulsó las motos y se dedicó también a la construcción. Si preguntas en La Línea dónde está la barriada San José, pocos sabrán ubicarla. En cambio, si dices dónde está Periáñez, nadie duda de su lugar. Eran edificios de cuatro plantas. Financiaba estas VPO de 1968 con 60.000 pesetas dando 1.700 pesetas de entrada y 200 pesetas al mes en letras (mensualidades de las hipotecas).

El negocio de promoción inmobiliaria se extendió a la Costa del Sol hasta que llegó la crisis de 1992. Se centró en las motocicletas y aporta un dato que confirma la importancia de las dos ruedas: es uno de los municipios de España con más motos por habitante. El 95% de sus ventas está relacionado con los trabajadores fronterizos o bien gibraltareños que llegan hasta su tienda a comprar la moto, “un elemento de trabajo, no un artículo de lujo”, asegura.

“Nos veíamos a través de la Verja. Aquello fue peor que el Muro de Berlín”, lamenta. Aquello provocó cada vez más desconocimiento del castellano

Lo que sí era un lujo era mantener el contacto con sus tíos y sus primos ‘llanitos’ (y su abuela gibraltareña) cuando Franco cerró la frontera en 1969. “Nos veíamos a través de la Verja. Aquello fue peor que el Muro de Berlín”, lamenta. Aquella desfragmentación social provocó cada vez más desconocimiento del castellano entre los gibraltareños. Solo los hijos de las clases pudientes ‘llanitas’ hablan ahora un español perfecto “gracias a los amigos de Madrid y Pamplona que hacen en el veraneo en Sotogrande o La Alcaidesa [San Roque]”.

Miedo. Es la palabra que más repite. Periáñez temía que no se pudieran firmar los memorandos, firmados para un año de plazo tras la puesta en marcha del Brexit, para así admitir la cualificación profesional de los trabajadores. “Si no se reconociera, muchos se tendrían que volver. La fluidez y el diálogo son claves para el desarrollo de Gibraltar y de toda la comarca. En el Peñón hay, por ejemplo, cientos de bares que viven del turismo”.

Tercera renta per cápita del mundo

Las cifras del territorio gibraltareño (32.000 residentes en 6,8 kilómetros cuadrados) no pueden ser más opuestas a las de La Línea. Con el 6% de crecimiento económico anual (“eso ya no lo tiene ni China”, aclara), se sitúa como la tercera renta per cápita del mundo.

“Gibraltar era hasta ahora un paraíso fiscal para los españoles. Había acuerdos sobre transparencia fiscal y capitales con todos menos con España”, detalla. En el Peñón, el impuesto de sociedades cuenta con un tipo del 10% y un IRPF del 25%; el paro es del 1%, frente al 32% del municipio linense.

Un informe de 2015 de la Cámara de Comercio de Gibraltar, con datos de 2013, ya reflejaba cómo la economía gibraltareña representaba un 0,761% del PIB andaluz (tuvo un impacto cifrado ese año en más de 846 millones de libras) y del 24,4% del PIB del Campo de Gibraltar.

Lorenzo Periáñez es de carácter vital, pero no puede evitar ser realista. Tiene ocho empleados en su negocio. Le agobia el presente, y mucho más lo que está por llegar. “Me preocupa el futuro incierto”, confiesa.

"Nos tenemos que buscar la vida aquí. Si encima sale el Brexit y nos quitan el poquito trabajo... ¿qué hacemos? ¿De qué comemos?"

Son de La Línea y caminan lento en la mitad de Main Street. Van camino de la frontera. “Esto se tiene que arreglar para ellos y para nosotros”. Habla Ignacio Espinosa, de 57 años. Junto a su hijo Jonathan, de 31 años, se dedica a la pintura de brocha. “Bueno, a la construcción en general”, apunta el joven.

—Es que La Línea está muerta. No hay trabajo y lo buscamos en un país diferente al nuestro.

El hijo lanza un discurso con una mezcla de rabia e impotencia. “Esto [Gibraltar] está en España, pero es Inglaterra. Tenemos que venir a Inglaterra a trabajar porque en nuestro país no hay nada. Nos tenemos que buscar la vida aquí. Si encima sale el Brexit y nos quitan el poquito trabajo... ¿qué hacemos? ¿De qué comemos?”.

Espinosa padre lamenta la identificación de La Línea con el narcotráfico. “No es para tanto”, dice. “Nos hubiéramos buscado la vida en otro país. Hemos tenido ofertas para trabajar en Francia, pero ya tienes que dejar a tu familia y es un problema, vamos”.

Francisco y Jonathan Espinosa, en Main Street, de Gibraltar. (Toñi Guerrero)
Francisco y Jonathan Espinosa, en Main Street, de Gibraltar. (Toñi Guerrero)

Jonathan recuerda que su educación le impide dedicarse al narco. “Yo jamás me voy a ver envuelto ahí, pero también comprendo a las criaturas. Llega un momento en que como padres de familia no encuentran un trabajo; se quedan en paro, sin ayuda, y tienen que comer. ¿Y quién paga sus casas?”.

Al municipio gaditano le faltaría un plan concreto de inversiones o más inversión hotelera. O un puerto marítimo frente a la zona de la Atunara, el barrio más conflictivo del narcotráfico. “Dan a La Línea cuatro o cinco millones y se dedican a arreglar cuatro calles y cuatro parques. Y en vez de contar con empresas de La Línea, trabajan con empresas de otros municipios”.

"Mi vida no va a cambiar"

—El pueblo está ‘esmayao’— dice Ignacio sobre los linenses.

Cristina tiene 41 años y está a punto de tomar el autobús. No quiere hablar. “¿Para qué?”, se pregunta. “Yo no tengo ni idea. ¿Y sabes una cosa? Salga lo que salga, mi vida no me la van a cambiar. Yo me dedico a cuidar niños”.

—No hay nada como Gibraltar. Es chiquitito, pero tiene de todo.

Cristina toma el autobús para el centro. El Brexit espera y la pulmonía está a punto de diagnosticarse.

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