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Ciudadanos entra en fase autodestructiva y la brecha ideológica interna se ensancha
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Guerra total por liderar los restos

Ciudadanos entra en fase autodestructiva y la brecha ideológica interna se ensancha

La indisimulada animadversión entre Arrimadas y Bal se trasladó ayer a los corrillos con periodistas del Congreso. El abogado del Estado quiere "independizarse" del PP y girar hacia postulados más progresistas

Foto: El portavoz parlamentario de Ciudadanos, Edmundo Bal, junto a dos diputados del partido. (EFE/Kiko Llaneras)
El portavoz parlamentario de Ciudadanos, Edmundo Bal, junto a dos diputados del partido. (EFE/Kiko Llaneras)

Hacía años que Ciudadanos no levantaba tanta expectación mediática. A su llegada al Congreso de los Diputados este martes, donde tenían lugar los actos del Día de la Constitución, tanto a Inés Arrimadas como a Edmundo Bal les rodeó una nube de periodistas. No cruzaron una palabra en toda la jornada. Ni en la plaza de las Cortes, donde Meritxell Batet presidió el homenaje a la Carta Magna, ni en la recepción posterior del Salón de Pasos Perdidos. Pero la tensión podía cortarse con cuchillo. Los dos mandatarios han bajado al barro, y la posibilidad de reconciliación es hoy una utopía. La guerra abierta en Ciudadanos va más allá de una pugna por el liderazgo de un partido que ha iniciado el itinerario hacia la extinción, y entraña una pugna ideológica que, en realidad, siempre ha estado presente.

El entorno de Arrimadas sitúa el origen de la disputa en la ley del solo sí es sí, una "discrepancia ideológica" por la que Edmundo Bal abrió fuego contra ella. En el sector liderado por el abogado del Estado, sin embargo, niegan la mayor y apuntan que la todavía presidenta de Ciudadanos actúa como un "apéndice" del PP. "Cada vez que se votaba algo que va en contra de lo que dice Feijóo, había bronca con ella", desvelan en el grupo parlamentario, comandado precisamente por el abogado del Estado. Solo un diputado de Ciudadanos, Guillermo Díaz, permanece fiel a la líder en el banco naranja.

Cuando dio el paso al frente, Edmundo Bal ya avanzó que su decisión no solo respondía al deterioro de su relación personal con Inés Arrimadas, sino a su intención de inclinar el partido hacia postulados más "progresistas" que da por extinguidos bajo el mando de la jerezana. El abogado del Estado se define "de centro, centro", una cualidad que cree que ha perdido su compañera de filas. Por ese motivo, defienden en su entorno, cuestiones sociales como la ley trans o la del solo sí es sí han levantado tantas ampollas en la dirección. El desmantelamiento de unas chabolas en la M-30 también enfrentó públicamente a Begoña Villacís, que se posiciona con Arrimadas en la pugna, con la diputada Sara Giménez, que respalda a Bal.

El partido naranja se ha abierto en canal también desde el punto de vista programático. Pero no es la primera vez. Albert Rivera ya firmó el divorcio con la socialdemocracia en la asamblea general de 2017, el ideario original con el que nació el partido en 2006. El expresidente de Ciudadanos fundó entonces un ala más conservadora que heredó Inés Arrimadas cuando él dio un paso al lado, tras el hundimiento de las generales de noviembre de 2019. Uno de los errores que siempre se han achacado al expolítico es que centrase sus últimos meses en política en tratar de sustituir al PP y se negase a condicionar un Gobierno del PSOE desde dentro para mantener al margen a los nacionalistas.

Foto: Albert Rivera ofrece una conferencia en Madrid. (EFE/Zipi)

En marzo de 2020, cuando Inés Arrimadas se enfrentó a Francisco Igea, exvicepresidente de Castilla y León, por el control del partido, este último trató de recuperar esa ala socialdemócrata, integrando en su lista a algunos críticos con la deriva conservadora en que veían que se había embarcado el partido con Albert Rivera, que tras las últimas elecciones autonómicas y municipales ungió al PP como "socio prioritario", por delante del PSOE. Arrimadas barrió a su contrincante, y se hizo con una presidencia que ahora, casi tres años después, se resquebraja. Igea, de hecho, se ha posicionado con Edmundo Bal, quien insiste en "independizarse" de una vez de los populares para dar una oportunidad al partido.

Arrimadas y Bal se apuñalan

Pero Ciudadanos no es ni sombra de lo que era. Y la realidad que se asume en la cúpula del partido es que la lucha intestina que se ha desatado entre sus dos últimos grandes activos no hará sino acelerar la desaparición de la marca. El Observatorio Electoral que este miércoles publica El Confidencial avala esa tendencia. Arrimadas y Bal pelean por liderar una fuerza política que está lejos de cualquier posibilidad de obtener algún escaño a nivel nacional, y se quedaría en una estimación del 1,3%. Según estos datos, los liberales solo retendrían el 17% de los votantes que optaron por la papeleta de Albert Rivera en 2019, un resto vegetativo de unos 280.000 votos.

Los dos dirigentes se reunieron en la tarde del lunes en el Congreso para tratar de llegar a un acuerdo, sin éxito. La única posibilidad de entendimiento es el impulso de una tercera vía, una lista que no lideren ni Bal ni Arrimadas. Los focos se sitúan en el eurodiputado Adrián Vázquez, el dirigente que sustituyó a Luis Garicano tras su salida del Parlamento Europeo y que se ha mantenido al margen de la batalla campal de Madrid. Fuentes cercanas al abogado del Estado reiteran, sin embargo, que esa posibilidad solo sería posible si Inés Arrimadas se borra del mapa y deja paso a un liderazgo renovado, también de cara a las próximas elecciones generales. Dependerá también de las personas que estén en esa lista. "Si coloca a sus afines, no habrá acuerdo", observan. En ese cupo de vetos sitúan, entre otros, a la vicealcaldesa de Madrid, Begoña Villacís.

Foto: La líder de Ciudadanos, Inés Arrimadas. (EFE/Fernando Alvarado) Opinión

La ruptura es total. En el entorno del portavoz de Ciudadanos en el Congreso censuran el "tono" con que Inés Arrimadas reaccionó el pasado lunes a su candidatura, cuando quiso destacar la traición de su "mano derecha" y "amigo" por hacerse con las riendas del partido. Dijo que no entendía el movimiento de Bal cuando se venía trabajando en las últimas semanas en una "lista de unidad". El equipo del abogado del Estado desmiente tal afirmación, insiste en que el proceso de refundación se llevó a cabo con total "opacidad" y desliza que el objetivo último de la mandataria era "apoltronarse en el poder".

Voces cercanas a la mandataria naranja, por contra, exigen a Edmundo Bal que "abandone esta locura" y advierten de que, en unas eventuales primarias, "tiene las de perder". Si no depone las armas, insisten, habrá guerra. "Si la opción es dejar el partido en manos de alguien que ha apoyado que se saquen violadores a la calle, no se va a permitir", opinan, de nuevo en alusión al apoyo de Bal a la ley del solo sí es sí. Los dos han bajado al barro. Ciudadanos entra en fase de autodestrucción.

Hacía años que Ciudadanos no levantaba tanta expectación mediática. A su llegada al Congreso de los Diputados este martes, donde tenían lugar los actos del Día de la Constitución, tanto a Inés Arrimadas como a Edmundo Bal les rodeó una nube de periodistas. No cruzaron una palabra en toda la jornada. Ni en la plaza de las Cortes, donde Meritxell Batet presidió el homenaje a la Carta Magna, ni en la recepción posterior del Salón de Pasos Perdidos. Pero la tensión podía cortarse con cuchillo. Los dos mandatarios han bajado al barro, y la posibilidad de reconciliación es hoy una utopía. La guerra abierta en Ciudadanos va más allá de una pugna por el liderazgo de un partido que ha iniciado el itinerario hacia la extinción, y entraña una pugna ideológica que, en realidad, siempre ha estado presente.

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