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No, Pedro, no vas a pasar a la historia
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Mala fama

No, Pedro, no vas a pasar a la historia

Las palabras del presidente sobre la exhumación de Franco eran improvisadas y es bastante cutre que pretenda estar en los libros de Historia por mover un cadáver de sitio

Foto: Pedro Sánchez durante una intervención en la COP27 a principios de noviembre. (Getty/Sean Gallup)
Pedro Sánchez durante una intervención en la COP27 a principios de noviembre. (Getty/Sean Gallup)
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Pocas veces asoman en la esfera pública las motivaciones reales de nuestros políticos, y normalmente lo hacen mediante una imputación por corrupción. Salvo estos avistamientos judiciales del oscuro afán de enriquecimiento de uno u otro cargo público, el discurso general sobre los intereses íntimos de un político se circunscribe a su deseo de servir humildemente al bienestar y progreso de sus conciudadanos.

Pedro Sánchez nos ha dado una frase humanísima hace poco, que debemos sopesar en toda su sinceridad: “Una de las cosas por las que pasaré a la historia es por haber exhumado al dictador de un gran monumento como el que construyó en el Valle de los Caídos”. La frase se entiende mejor leída al revés: “Uno de los motivos por los que exhumé al dictador del Valle de los Caídos fue por mi deseo de pasar a la historia”. Curiosamente, en aquellos días de airear despojos y dinamizar el franquismo residual, nadie habló de pasar a la historia: se exhumaba a Franco por todos los motivos bonitos. Dignidad, recuerden; homenaje, apunten; justicia, mucha.

Foto: Pedro Sánchez en el homenaje a Almudena Grandes. (EFE/Zipi)

Es bastante cutre que uno pretenda pasar a la historia por mover un cadáver de sitio. Eso habla demasiado bien del cadáver. El cadáver es tan importante, tan —él sí— historia, que ya solo manosearlo, alzarlo por los aires y retransmitirlo todo cinematográficamente le hace a uno pensar que está entrando en la historia. Resulta espeluznante que alguien deseé pasar a la historia como una nota a pie de página de una dictadura y no por gobernar con sabiduría e incontestable beneficio social 50 años después del fin de esa dictadura.

A lo mejor es más fácil mover un cadáver de sitio que gobernar un país, qué sé yo.

Foto: Pedro Sánchez tras ser elegido presidente de la Internacional Socialista. (EFE/Chema Moya)

Las palabras de Pedro Sánchez eran improvisadas, como se percibe en el hecho de que haga una pausa casi en cada sílaba. Está buscando el modo de decir algo que, en realidad, no quiere decirnos: lo que quiere es que suceda. En este sentido, no le habla al público reunido en el homenaje a Almudena Grandes, ni a todos los españoles que luego encontrarán esas palabras en un titular de prensa. Le habla al mañana, a los historiadores e historiadoras, que quizá no encuentren sitio en el gran libro crónico del mundo para meter que una mañana de no sé cuándo un helicóptero llevó cuatro huesos un poco más allá de donde estaban. A lo mejor las guerras, la pobreza, los Mundiales de Fútbol, el Ave fatal a Santiago, el 11-M y el 15-M, la declaración unilateral de independencia de Cataluña y dos mil cositas más así de irrelevantes generarán tal confusión en la labor historial que nadie se acordará de que fue con Pedro Sánchez cuando un ataúd recorrió 60 kilómetros por vía aérea. Yo, la verdad, no lo veo, Pedro; perdóname.

Foto: El secretario general del PSOE y presidente del Ejecutivo central, Pedro Sánchez. (EFE/Miguel Ángel Molina)

Es verdad que el presidente dice que “una de las cosas” por las que pasará a la historia será esa. Pero no tenemos noticia (ni una pista siquiera) de qué otras cosas tiene en mente Pedro Sánchez que le hagan beneficiario de cuatro renglones en la memoria de los tiempos. Sacar a violadores de las cárceles a mí me parece un gran motivo para pasar a la historia, aunque no muy aseado.

A lo mejor es que hay más fachas muertos a los que mover los huesos y por ahí vamos sumando puntos.

Lo cierto y demoledor es que Franco ha pasado a la historia, y que Felipe González ha pasado a la historia sin necesidad de Franco. Que el presidente del país en 2022 necesite a Franco para pasar a la historia ya nos indica la ambición totalmente minúscula y sin duda en nuestra contra que anima su mandato.

Pocas veces asoman en la esfera pública las motivaciones reales de nuestros políticos, y normalmente lo hacen mediante una imputación por corrupción. Salvo estos avistamientos judiciales del oscuro afán de enriquecimiento de uno u otro cargo público, el discurso general sobre los intereses íntimos de un político se circunscribe a su deseo de servir humildemente al bienestar y progreso de sus conciudadanos.

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