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Juan García-Gallardo dinamita el pacto PP-Vox para mantener un perfil bajo hasta el 19-J
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Juan García-Gallardo dinamita el pacto PP-Vox para mantener un perfil bajo hasta el 19-J

Mañueco y Feijóo dilataron las leyes más pantanosas del acuerdo con Abascal para que su alianza no perjudicase a Juanma Moreno. Ahora, el vicepresidente de Castilla y León ha dinamitado ese acuerdo

Foto: El vicepresidente de la Junta de Castilla y León, Juan García-Gallardo. (EFE/Nacho Gallego)
El vicepresidente de la Junta de Castilla y León, Juan García-Gallardo. (EFE/Nacho Gallego)
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Las polémicas declaraciones del vicepresidente de Castilla y León, Juan García-Gallardo, no solo han avivado el malestar en el seno del PP, también la preocupación. A las puertas del arranque oficial de la campaña andaluza, la izquierda se ha lanzado en bloque, no tanto contra Santiago Abascal, sino contra el partido de Alberto Núñez Feijóo, por avalar pactos con "la ultraderecha" y por buscar, dicen, replicar el modelo de Castilla y León. Los populares, que aspiran a convertir el caso de Alfonso Fernández Mañueco en algo puntual, querían evitar cualquier estridencia respecto a la alianza que firmaron con Vox en Valladolid y pidieron a los de Abascal mantener un perfil bajo hasta después de las elecciones de Andalucía, tanto en la tramitación de las leyes más pantanosas del acuerdo como en las declaraciones públicas.

"Le voy a responder como si fuese una persona como las demás". Las palabras del número dos del Gobierno de Castilla y León, en respuesta a una diputada socialista con discapacidad, provocaron instantáneamente una algarada mediática y política en plena precampaña de las autonómicas andaluzas. La bancada del PP, atónita por las palabras del dirigente de Vox, no aplaudió al vicepresidente. Mañueco, por casualidad o por reflejo, apagó y bajó el micrófono de García-Gallardo cuando este finalizó su intervención, y este jueves se ha visto forzado incluso a pedir "perdón" a quien "se haya podido sentir molesto u ofendido".

Tal y como ha podido comprobar El Confidencial de fuentes de los populares, el malestar y la desazón por las consecuencias fueron inmediatos. "Le han hecho la campaña al PSOE", coinciden, a sabiendas de que la ofensiva de la izquierda en Andalucía vuelve a pasar por agitar el miedo a las consecuencias de la entrada de Vox en las instituciones, con el reciente precedente de Castilla y León, del que Moreno se intenta despegar. En el partido apuntan, además, que las disculpas de Mañueco deberían haber venido del líder de Vox en las Cortes, algo que no se ha producido.

El vicepresidente de Castilla y León, lejos de rectificar, se defendió de las críticas alegando que la diputada agraviada, Noelia Frutos, le pidió que no la tratara con "paternalismo". "Le dije que le iba a contestar como a cualquier persona, sin condescendencia", agregó, negando cualquier falta de respeto contra la parlamentaria socialista. En cualquier caso, como lamentan en el PP, "el daño ya está hecho". En público, ningún portavoz ha entrado a valorar las palabras del mandatario de Vox por la orden implícita de Génova de no levantar más polvareda con la cuestión. "Me permitirá que no haga de comentarista de los comentarios de un vicepresidente de una comunidad autónoma", manifestó Feijóo, que solo valoró como "sorprendentes" las palabras de Gallardo.

En privado, sin embargo, las palabras que utilizan diputados y senadores del PP son "barbaridad" o "espanto" cuando son preguntados por el asunto, pero seguirán a rajatabla la orden de no entrar a hacer valoraciones para no alimentar la polémica y, sobre todo, el discurso de la izquierda a las puertas del 19-J. Si justifican las palabras de Gallardo, coinciden las fuentes consultadas, darán alas a las críticas de la izquierda y perjudicarán a Juanma Moreno en plena campaña; si las condenan, contribuirán a la campaña de "victimización" de Vox con la que "construyen" su campaña en Andalucía. "Solo nos perjudica a nosotros", comenta un senador.

Foto: Juanma Moreno, en el congreso del PP de Madrid. (EFE/Mariscal)

La incomodidad en el PP es evidente, sobre todo porque contraviene el pacto verbal que adquirió con Vox en Castilla y León cuando Mañueco y Gallardo se estrecharon la mano: apagar el foco en Castilla y León para ponerlo en Andalucía. De hecho, la tramitación de las leyes más polémicas que aparecen en el acuerdo de Gobierno de PP y Vox en la región —como la de violencia intrafamiliar o la de memoria histórica— se han dilatado a petición del PP para evitar polémicas innecesarias antes de las elecciones donde Moreno —y Feijóo— se juega el tipo.

El Gobierno, a degüello

En Moncloa, han olido la sangre y han ido a degüello contra el PP tan pronto como ha saltado la polémica. El Ejecutivo se ha volcado contra el primer partido de la oposición por pactar contra la "ultraderecha", e instan a los populares a "desautorizar" públicamente a Juan García-Gallardo y a levantar un cordón sanitario con los de Abascal. En el Congreso, una de las voces más críticas fue la de Félix Bolaños, que trazó la estrategia con la que promete hostigar a los populares en su carrera hacia la Junta de Andalucía. "¿Qué les parece, señoras y señores del PP, meter a un ultraderechista en el Gobierno de Castilla y León para insultar y humillar a una persona con discapacidad? ¡Están en el Gobierno por ustedes!", espetó.

Sobre el papel, la máxima de Juanma Moreno es lograr una mayoría lo suficientemente holgada como para frenar la entrada de Vox en las instituciones andaluzas. Tanto, que ha azuzado ya la posibilidad de una repetición electoral si Vox obstaculiza su objetivo de revalidar la Junta en solitario. Pero Macarena Olona promete no ponerle las cosas fáciles. Y como advierten voces del PP en Congreso y Senado, episodios como el de Gallardo pueden frenar su ascenso. "La campaña se nos puede hacer muy larga".

Las polémicas declaraciones del vicepresidente de Castilla y León, Juan García-Gallardo, no solo han avivado el malestar en el seno del PP, también la preocupación. A las puertas del arranque oficial de la campaña andaluza, la izquierda se ha lanzado en bloque, no tanto contra Santiago Abascal, sino contra el partido de Alberto Núñez Feijóo, por avalar pactos con "la ultraderecha" y por buscar, dicen, replicar el modelo de Castilla y León. Los populares, que aspiran a convertir el caso de Alfonso Fernández Mañueco en algo puntual, querían evitar cualquier estridencia respecto a la alianza que firmaron con Vox en Valladolid y pidieron a los de Abascal mantener un perfil bajo hasta después de las elecciones de Andalucía, tanto en la tramitación de las leyes más pantanosas del acuerdo como en las declaraciones públicas.

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