El 11-S de Basardah, de Guantánamo a Logroño: "Bin Laden ha logrado su objetivo"
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El 11-S de Basardah, de Guantánamo a Logroño: "Bin Laden ha logrado su objetivo"

Este exmiembro de Al Qaeda, acogido hace 10 años por España, narra su experiencia dos décadas después del atentado que cambió el mundo: "He perdido 21 años de mi vida"

Foto: El expreso de Guantánamo Yasin Basardah. (A. Requeijo)
El expreso de Guantánamo Yasin Basardah. (A. Requeijo)

Yasin Basardah era un veinteañero cuando llegó a Afganistán para enrolarse en las filas de Al Qaeda. Estuvo seis veces con Bin Laden y luchó junto a los talibanes en el norte del país. Allí se enteró por la radio del atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York. Aquel día cambió el mundo y él culminó su particular descenso a los infiernos. A los pocos meses, estaba con un mono naranja recluido en la cárcel de Guantánamo. Pasó allí 10 años de aislamiento, malos tratos, intentos de suicidio e interrogatorios interminables. Acabó acogido por España, pero sigue sin sentirse libre. No tiene trabajo, vive con pocos recursos y ha tenido algunos problemas con la policía.

“¿Al final qué ha ganado América? A pesar de todo, Bin Laden ha conseguido su objetivo. EEUU ha gastado todos sus recursos en Afganistán sin ningún resultado”. Basardah pasa por un ciudadano que comenta la actualidad. Perfectamente afeitado, viste una camisa azul y unos pantalones tejanos. Toma café en una terraza céntrica de Logroño, ciudad a la que llegó en 2010 fruto de un acuerdo de la Administración de Obama con países europeos para recibir presos de Guantánamo. En ese penal libró Estados Unidos su particular guerra contra el terror al margen de los derechos humanos. Antes de llegar a Europa, Basardah tuvo que firmar 50 folios de condiciones, desde no poder conducir camiones a la prohibición de vivir en Madrid o Barcelona.

Foto: Lawrence Wright.

Nació en Arabia Saudí en el seno de una familia humilde que emigró de Yemen. De hecho, él se considera yemení. Dice tener 47 años, pero no está del todo seguro de su edad. Su tarjeta de residencia, expedida por España, dice que tiene 44. Nadie repara en su presencia, pero no es un ciudadano cualquiera opinando sobre las últimas novedades que llegan de Kabul. Él conoce el terreno y a los talibanes. Recuerda bien cuál era el proyecto de Bin Laden cuando hace 20 años lanzó el mayor ataque que se recuerda en el corazón de la primera potencia militar del mundo.

"Decía que no es una guerra militar, sino de desgaste, para debilitar a los americanos"

“Contaba cosas [Bin Laden] sobre los americanos y sus locuras. Decía que no es una guerra militar, que es una guerra de desgaste, para debilitar a los americanos. No hacerles daño militar, sino desgastarles. Hacerles gastar dinero”, explica. Basardah, tez morena, no sonríe y parece cansado. Casi espalda con espalda tiene a un joven que si afina el oído podría escuchar perfectamente su historia. También un hombre que lee el periódico un poco más allá. Pero este exterrorista apenas habla castellano, tan solo palabras sueltas, por lo que la conversación transcurre en árabe.

Afganistán

“A finales del año 2000, en Arabia Saudí. No tenía recursos y me puse a vender hachís. Después me arrepentí y lo dejé y abracé la religiosidad. Me puse en contacto con personas religiosas de barba larga y les acompañaba todo el día, iba con ellos a la mezquita. Se notó el cambio en mi conducta, en mi forma de ser, mi religiosidad y la gente con la que iba me animaron a hacer la yihad. Me lavaron la cabeza y me animaron a ir a Afganistán. En 2001 viajé allí y empecé a notar contradicciones. Lo que decían no era lo mismo de lo que hacían”.

placeholder Basardah, en otro momento de la entrevista. (A. Requeijo)
Basardah, en otro momento de la entrevista. (A. Requeijo)

Los datos que tienen los Servicios de Inteligencia españoles dicen que fue reclutado en marzo de 2001 por un viejo amigo y que la motivación de Basardah también era económica. Hizo su peregrinación a la Meca y dos meses después voló a Sanaa (Yemen). Desde ahí se desplazó hasta Karachi (Pakistán), donde fue citado junto a otros aspirantes a integrar Al Qaeda. Dos días después, le llevaron a la ciudad de Quetta y pernoctó en un edificio gestionado por talibanes. Finalmente llegó a Kandahar, a la casa de huéspedes Al-Nebras.

“Allí conocí a Bin Laden. A la gente nueva que llega le pasan a un tipo de alojamiento de bienvenida. Allí se quedan una semana y después pasan a un campamento militar. Mientras, otros realizaban investigaciones sobre nosotros para asegurarse de que no éramos espías”. Basardah no oculta detalles ni dulcifica su pasado. Dice que resultó herido luchando en el norte de Afganistán por un accidente con un misil propio: “Estaba en el coche y con el movimiento se lanzó y explotó”. En ese escenario le cogió el 11-S.

Foto: Un bombero de Nueva York pide refuerzos entre los escombros del World Trade Center, el 15 de septiembre de 2001. (Reuters)

“Estábamos avisados de que iba a haber algo fuerte, pero cuando pasó eso estuvimos todo el día alrededor de la radio para escuchar la noticia. En mi grupo había un somalí que hablaba muy bien inglés y nos explicó todo. Recibimos la noticia por la noche. Yo estaba muerto de miedo. Sabía que los americanos vendrían con sus aviones a arrasarnos”. Efectivamente, Estados Unidos lanzó una operación militar contra el Gobierno talibán en Afganistán, al que acusaba de dar cobijo a Al Qaeda. A los pocos días, tuvieron que replegarse y refugiarse en las montañas.

El historial de este vecino de Logroño dice que tras el atentado de las Torres Gemelas fue evacuado del frente de Taloqan hasta Kabul, de ahí a Jalalabad y por último a Tora Bora. En ese escondite integró una brigada que se llamaba Mecea Group. Allí volvió a coincidir con Bin Laden. “Estaba haciendo una visita de rutina a varios grupos y el último que visitó fue el mío. Era una persona muy humilde. Siempre que hablaba con los demás lo hacía con la cabeza agachada, escuchaba a todo el mundo. Algunas veces se iba por las noches solo, sin seguridad, para saber cómo estaban los grupos”.

"Veinte años después, los americanos han dejado a los talibanes donde estaban"

No termina de creerse que el fundador de Al Qaeda fuese ejecutado por EEUU, pero en cualquier caso dice que es cuestión de tiempo que alguien le suceda. Basardah denuncia que a él no le arrestaron, sino que fue vendido por los servicios secretos de Pakistán y que Bin Laden era un agente más de ellos. “Cuando yo llegué a la casa de huéspedes en Afganistán, vino un grupo de personas con Bin Laden y una persona me dijo que esa gente eran de los servicios secretos de Pakistán y que Bin Laden iba con ellos. La persona que me lo dijo fue apartada, la quitaron de en medio”.

placeholder Neoyorquinos observan el ataque contra las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001. (Reuters)
Neoyorquinos observan el ataque contra las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001. (Reuters)

A su juicio, el 11-S “cambió muchas cosas, desde el plano jurídico internacional al juego entre países”. “Pero el problema es ahora mismo. Veinte años después, los americanos han dejado a los talibanes donde estaban y eso va a aumentar más el yihadismo. Va a tener mucho impacto sobre el mundo y va a haber muchos actos de terrorismo, y el próximo será Irán”, vaticina.

Guantánamo

“Cuando llegamos a Cuba, nos cortaron la ropa y nos quedamos desnudos. Era un espacio sin techo. Cuando llegamos, nos dieron con un chorro de agua que no era ni una ducha y después pasamos a las celdas: dos metros por tres metros y dos cubos, uno con un poco de agua y otro para las necesidades. Todo el día chillidos. Intenté suicidarme varias veces. Estaban usando una guerra psicológica. Algunos militares, de forma personal, te pegaban y humillaban y luego se reían. Otros te decían en privado que rechazaban esas prácticas y que Estados Unidos no debería hacer eso. De los 10 años, pasé siete solo, sin contacto con nadie”.

Foto: Mohamedou Ould Slahi. (YouTube)

De su experiencia en Guantánamo recuerda nombres como el de Barbara Johnson, una agente de origen panameño a la que llamaban 'Mama'. Basardah dice que salió de allí gracias a ella porque fue la única que creyó en él. “Durante tres años me investigó de forma continua, la entrevista que menos duraba era de seis horas. Ella me facilitó las condiciones de vida en Guantánamo, me puso una tele, café, comida, una Play Station…”. Esto, en cambio, le reportó problemas con el resto de presos, que le tacharon de traidor y de chivato. Cuando le querían castigar, le juntaban con el resto de reclusos. “Siempre dije lo que sabía, no mentí ni dije nada que no supiera”.

Cuenta que en el mismo Guantánamo había un tribunal que le declaró inocente. “Tengo la documentación”, sostiene. Con eso terminaron los interrogatorios. “Los americanos me prohibieron volver a Yemen. Vino un comandante y otros cuatro militares y me dijeron que si firmaba un papel salía y si no, no. Me avisaron de que iban a venir comisiones de Bélgica, Portugal y España y que les iban a mostrar mi dosier para ver si aceptaban acogerme”.

"El profeta dice que el mejor yihad es el que se ocupa de su familia y de sus padres"

Los españoles fueron los segundos en entrevistarse con él. “Estaban el cónsul, un traductor marroquí, un consejero de Interior llamado Julio y una psicóloga llamada Mónica. Hablaron conmigo 15 minutos. Me preguntaron qué quería hacer si llegaba a España. Pedí un trabajo y aprender castellano. Me dijeron que a los 10 años me darían la nacionalidad, pero no han cumplido. No han llegado ni la nacionalidad ni la libertad. No han cumplido”.

Logroño

Basardah permite que le fotografíen para esta entrevista porque dice que necesita ayuda, está desesperado y tiene poco que perder. Cruz Roja le paga los 475 euros mensuales que cuesta el alquiler de su casa. Además, le da 350 euros con los que tiene que pagar la luz, el gas, el agua, comida y ropa. Achaca sus problemas a que no puede trabajar. Muestra su documento de residencia en España. Es válido hasta el 30 de abril del año que viene y dice: “Residencia temporal. No autoriza a trabajar”.

“¿Quién me va a contratar?”, se pregunta. Fuentes de su entorno confiesan a este periódico que Basardah ha sido detenido alguna vez por la Policía por “trapichear” con drogas. No llegó a ingresar en prisión y el castigo se quedó en una condena a realizar trabajos sociales. Huir de España dice que le serviría de poco porque le terminarían retornando a Logroño. "Tampoco puedo ir a Madrid, Barcelona o País Vasco porque dicen que son zonas de conflicto". En una ocasión se marchó a hacer un viaje por Francia, Alemania y Bélgica, pero le pillaron.

placeholder Varios presos supuestamente relacionados con Al Qaeda, en Guantánamo.
Varios presos supuestamente relacionados con Al Qaeda, en Guantánamo.

“Tengo relación con dos inspectores de Policía de Madrid. Aquí hay uno que se llama Alberto, del servicio de Información. Los de aquí solo reciben instrucciones. Me han dicho que me quieren ayudar, pero no saben cómo porque hay limitaciones. El último contacto que tuve con los americanos fue en 2013, a través de la embajada de EEUU. Investigadores y un traductor. Me estaban preguntando sobre un recluso de Guantánamo por videoconferencia. Cuando vine, firmé 50 papeles con compromisos. Si quería salir, tenía que firmar”.

Ahora quiere traer a España a su hijo. Tiene casi la edad que tenía él cuando se marchó a Afganistán y vive en Yemen, un país en guerra. Él está tratando de que la Media Luna Roja le proporcione una salida a Egipto desde donde tenga más facilidades de llegar a Europa. En Logroño, mantiene una relación con una mujer marroquí, pero tampoco puede formalizar su matrimonio porque necesita documentación que no tiene tras media vida en un limbo legal en cuanto a su nacionalidad.

Cuando se le pregunta qué le diría ahora a un joven que estuviese barajando hacer la yihad, contesta que le pediría que lo “pensara bien”. “Le diría que todo son intereses geopolíticos y que iba a ser una víctima de esos intereses. El profeta dice que el mejor yihad es el que se ocupa de su familia y de sus padres. Yihad en árabe significa esfuerzo. Yo he perdido 21 años de mi vida. No he aprovechado nada. Mis hermanos se casaron, tuvieron hijos y yo estoy aquí”.

Yasin Basardah era un veinteañero cuando llegó a Afganistán para enrolarse en las filas de Al Qaeda. Estuvo seis veces con Bin Laden y luchó junto a los talibanes en el norte del país. Allí se enteró por la radio del atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York. Aquel día cambió el mundo y él culminó su particular descenso a los infiernos. A los pocos meses, estaba con un mono naranja recluido en la cárcel de Guantánamo. Pasó allí 10 años de aislamiento, malos tratos, intentos de suicidio e interrogatorios interminables. Acabó acogido por España, pero sigue sin sentirse libre. No tiene trabajo, vive con pocos recursos y ha tenido algunos problemas con la policía.

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