Génova planta cara a Ayuso y se resiste a un congreso de alfombra roja en Madrid
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DIRIGENTES PIDEN EVITAR LA COLISIÓN

Génova planta cara a Ayuso y se resiste a un congreso de alfombra roja en Madrid

Tras ensayar una paz ficticia antes del verano, Ayuso y la dirección nacional retoman el pulso por el control del partido. Casado asegura que no tiene por qué ser la única candidata. Dirigentes del PP avisan del riesgo de abrir grietas internas

Foto: Isabel Díaz Ayuso asistió ayer al desayuno informativo del Fórum Europa, protagonizado por Pablo Casado. (EFE)
Isabel Díaz Ayuso asistió ayer al desayuno informativo del Fórum Europa, protagonizado por Pablo Casado. (EFE)

El pulso entre la dirección nacional del PP y la Puerta del Sol sobre el control del partido en Madrid no pierde fuelle e incluso ha encendido las alarmas en otros territorios, que dudan de los beneficios que pueda tener abrir un melón interno de tanto calado, especialmente ahora que la formación lidera las encuestas y necesita unidad absoluta. El último encontronazo empezó cuando Isabel Díaz Ayuso lanzó su aspiración a presidir el partido en Madrid aprovechando el arranque del curso político. La idea no sorprendió entre las filas populares, que lo daban por hecho. Pero en Génova sentaron mal las formas “y las prisas”.

En la cúpula, insisten en ser minuciosos con el cumplimiento del calendario interno, que sitúa el congreso de Madrid en el primer semestre de 2022. “Cuando faltan nueve meses, parece absurdo y precipitado abrir ya el debate”, afirma un dirigente del entorno de Casado. Los ecos del pulso también llegan a algunas comunidades autónomas, que coinciden en que la fortaleza de Ayuso después del 4 de mayo merma la capacidad de maniobra de Génova. La preocupación generalizada en el PP pasa por evitar cualquier choque de trenes.

Primero, porque asumen que “todo lo que pasa en Madrid acaba afectando al resto” en un momento crucial para el próximo ciclo electoral. “No sirve de nada hacernos daño internamente”, apuntala un dirigente autonómico de peso, insistiendo en que Génova tiene que emplearse a fondo con su mano izquierda. “Ayuso no es de frenar. Llegará hasta el final”, advierte otro importante barón, con la intención de que la dirección nacional tome nota y reconduzca la situación en todo momento para no perjudicar al partido. También coinciden dirigentes autonómicos en que la presidenta debe calcular sus decisiones y evitar aparentar impaciencia.

Foto: Pablo Casado junto a Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida. (EFE)

En la Puerta del Sol, sin embargo, defienden que Ayuso informa continuamente de sus pasos a Casado y que el presidente conocía su intención de arrancar el curso con ese objetivo, en el que se centrará de lleno cuando pase la convención nacional de octubre. Las tiranteces de los dos equipos se suceden en casi todos los asuntos importantes, pero el del liderazgo madrileño entraña riesgos muy superiores. El anuncio de Ayuso también coincide con algunas demandas de alcaldes de la comunidad madrileña, que reconocen cierta incertidumbre sobre el futuro del partido al desconocer la fecha exacta de su celebración. Y nadie esconde la inquietud al ver que ningún dirigente nacional respalda por completo a la presidenta a pesar de su éxito electoral.

La primera vez que el secretario general, Teodoro García Egea, lo hizo fue un mes después del 4-M. En una entrevista televisiva, aseguró que Ayuso tendría su “total apoyo” si él fuera afiliado al PP de Madrid. Las aguas se calmaban. Pero en posteriores intervenciones sus palabras han vuelto al origen, sin respaldo concreto, y dejando entrever que el camino es largo y que no tendrá por qué ser un paseo militar para la presidenta.

La sorpresa mayúscula, reconocen distintos dirigentes, llegó ayer cuando Pablo Casado no solo no dio su respaldo (aunque fuera ambiguo) a Ayuso, sino que incluyó en la ecuación a José Luis Martínez-Almeida. Y lo situó al mismo nivel. "Hay dos candidatos muy cualificados que tendrán 'peso' en la decisión que tomen los afiliados en el futuro". Jarro de agua fría en el entorno de la presidenta y sorpresa también en distintos sectores del PP: “Puede salir escaldado. Es incomprensible que se arriesgue a una batalla que puede debilitarle el liderazgo”, resumía un dirigente autonómico de peso.

Foto: La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. (EFE)

Almeida nunca ha dado señales de querer disputar la presidencia autonómica, pero tampoco ha escondido su visto bueno al sistema actual en el que el poder institucional (comunidad y ayuntamiento) se distingue del poder orgánico (hoy en manos de una gestora que dirigen Pío García Escudero y Ana Camins). El primer edil no despeja la incógnita de si realmente se podría presentar o a quién daría su apoyo, pero tampoco ha querido confirmar a Ayuso como mejor opción. En la dirección nacional, comparten esta postura: “Por mucho que Ayuso ya haya dicho que quiere presentarse, el asunto no está en absoluto zanjado. Queda mucho tiempo”.

Mal momento, mal lugar y mal destinatario

Las dudas que suscita a la interna este enfrentamiento cobran más sentido teniendo en cuenta el momento que viene. La cena en la que Casado reunió a sus barones en Salamanca antes del verano sirvió como conjura contra Pedro Sánchez. Los dirigentes autonómicos y el líder nacional coincidieron en la necesidad de aunar fuerzas y mensajes para conseguir la victoria en todos los retos electorales que se avecinan. Los comicios andaluces (en 2022), los autonómicos y municipales (mayo de 2023) y los generales (finales de ese año) son las cruces del calendario estratégico del PP, que incluye también la fecha que elija Ximo Puig en la Comunidad Valenciana. Las agendas y los argumentarios se unificarían con el objetivo último de instalar a Casado en la Moncloa.

El "acuerdo tácito", en palabras de una fuente que estuvo presente, conlleva obligatoriamente una serie de condiciones, entre ellas, la ausencia de injerencias en las estructuras orgánicas. Ni Génova olfatearía por las direcciones de las autonomías en las que gobierna el PP, ni las direcciones autonómicas olisquearían lo que se cociera en la séptima planta de la aún sede del partido en Madrid.

placeholder Casado y los barones del PP. (David Mudarra)
Casado y los barones del PP. (David Mudarra)

A eso se suma, reflexionan distintos dirigentes autonómicos, la fuerza que tiene el partido en Madrid. De enero a mayo de este año, el PP madrileño recibió más de 800 afiliaciones, una cifra que superaba lo registrado al cabo de todo 2020. Más de 80.000 militantes tienen los populares madrileños. Además de este músculo de base, la estructura orgánica en la comunidad es la más importante y más influyente de la organización en toda España. Casado conoce a la perfección el PP de Madrid, igual que Ayuso, pues ambos se criaron en él. La amistad que han labrado y que mantienen nace aquí. "Pero Isabel es un fenómeno imparable y Casado todavía no", recuerda un dirigente.

Por ello, cuestionar las aspiraciones de la presidenta madrileña o poner en solfa sus pretensiones, aunque sea una cuestión meramente formal, de plazos y calendario, es "muy arriesgado". Y por eso algunas fuentes entienden que lo inteligente en una situación así es eludir el enfrentamiento, enterrar posibles rencillas, simular compenetración y entendimiento si no existen vínculos o intereses comunes. Es lo que hizo Mariano Rajoy con Esperanza Aguirre. Como recuerda un veterano: "Esperanza no le caía bien, pero eludió la pelea antes de las autonómicas y municipales de mayo de 2011. Rajoy sabía que necesitaba a Aguirre para ganar y salió en su apoyo todo lo que pudo. Públicamente, por supuesto".

El pulso entre la dirección nacional del PP y la Puerta del Sol sobre el control del partido en Madrid no pierde fuelle e incluso ha encendido las alarmas en otros territorios, que dudan de los beneficios que pueda tener abrir un melón interno de tanto calado, especialmente ahora que la formación lidera las encuestas y necesita unidad absoluta. El último encontronazo empezó cuando Isabel Díaz Ayuso lanzó su aspiración a presidir el partido en Madrid aprovechando el arranque del curso político. La idea no sorprendió entre las filas populares, que lo daban por hecho. Pero en Génova sentaron mal las formas “y las prisas”.

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