Las tres crisis de agosto comprometen la remontada electoral de Pedro Sánchez
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PRECIO DE LA LUZ, CEUTA Y AFGANISTÁN

Las tres crisis de agosto comprometen la remontada electoral de Pedro Sánchez

El presidente acabó julio con un barómetro del CIS que apuntaba al inicio de una remontada electoral, después dos meses cayendo. Las tres crisis de este mes pondrán a prueba esta inercia y, por extensión, la de Pablo Casado

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)

Para la clase política, agosto es un mes tan deseado como temido. Quieren y necesitan agosto para descansar. Lo temen por la repercusión de sus crisis. Si explota un asunto delicado durante estos 31 días de playas y escapadas rurales, los asesores suelen consolar a sus jefes con eso de "la gente está a otra cosa", aunque sepan que decir algo así, en la época de los móviles, es una quimera. Si en vez de una crisis, acechan tres, a los asesores pocos consuelos les quedan.

Al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, las tres crisis de agosto de 2021 no le han hecho gracia, pero en una de ellas ha encontrado el territorio en el que se siente más cómodo: el protagonismo europeo. La irrupción este sábado en la 'ciudad afgana' de Torrejón de Ardoz junto a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el máximo representante del Consejo, Charles Michel, ha logrado desplazar esa vitola que iba engordando a toda velocidad, la de unas vacaciones larguísimas, y ha sembrado el campo para una planificación política exitosa, pues, al fin y al cabo, la gestión va de derechos humanos y solidaridad.

A la espera de que el Congreso recobre el protagonismo que merece y con la precaución de que en Kabul no suceda nada trágico, Sánchez ha volcado ya sus esfuerzos en el "centro de distribución" de la base aérea que Defensa tiene cerca de Madrid. Las otras dos crisis, la del precio de la luz y las devoluciones a Marruecos de menores migrantes, ahora con el volumen en descenso, volverán. Al presidente le preocupan ambas.

Foto: Pedro Sánchez en su conversación telefónica con Joe Biden. (EFE)

Siempre estará ese recurso extremo del "pudo ser peor", pero la realidad es que luz, Ceuta y Afganistán han confluido en un lapso de tiempo muy estrecho y amenazan con debilitar la base de crédito del nuevo Gobierno y, de paso, con aguar las expectativas de remontada electoral. Lo primero era algo con lo que se contó en Moncloa en su momento, lo de sopesar cuándo hacer la remodelación del Ejecutivo, y por ello se barajó anunciarla durante la última semana de agosto o la primera de septiembre; así se empezaría el nuevo curso con vigor e iniciativa, argumentaban. Pero también se barajó situar los cambios en julio porque en septiembre hay que ir a toda velocidad con los presupuestos y los fondos europeos. Tras un mes entero cavilando, Sánchez se decantó por la segunda opción, a sabiendas de los riesgos, por supuesto.

Aprovechar desde ya el dinero de la UE, sobre todo tras la liberación de 9.000 millones de euros hace unos días, está garantizado, pues los ministros y ministras recién nombrados han tenido tiempo de examinar los ámbitos en los que inyectarlo. Sin embargo, quedan en entredicho los destellos de remontada de las tendencias demoscópicas que trajo julio. Los sondeos de finales de agosto y del inicio de septiembre darán las primeras pistas.

El recorrido electoral de 2021. PSOE: cara A

Un repaso por los barómetros del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de este año permite dibujar una 'X' en mayo, a raíz de las elecciones madrileñas que auparon a Isabel Díaz Ayuso a una mayoría amplísima y a una suerte de fenómeno fan en la derecha, que aún dura. Recurrir a los sondeos de la entidad que preside José Féliz Tezanos entraña algunos problemas, dados los cambios metodológicos hechos, pero al menos se aprecia continuidad de enero a julio y, sobre todo, son encuestas que provienen de alrededor de 3.800 entrevistas cada mes. Las muestras son muy grandes.

Como una representación romana del dios Jano, este periplo muestra dos caras. Por un lado, la trayectoria del PSOE, que era ascendente y se revierte en mayo, e incluso en abril, y por otro la del PP, que era decadente hasta ese mismo mes, hasta que el 4-M le propulsa.

El Partido Socialista comenzó fuerte el año con una estimación de voto del 30,7, pero febrero y marzo mejoraron incluso la tendencia, debido esencialmente a la campaña electoral de Cataluña y al resultado del 14 de febrero, que da la victoria a Salvador Illa. En abril alcanzó la cima al registrar un 31,5 por ciento en estimación, 11 puntos por delante del Partido Popular. Estado de gracia en las salas de máquinas de Pedro Sánchez, que es un dirigente que escruta los sondeos, incluidos los datos más recónditos.

Ahora bien, el fenómeno Ayuso detiene la inercia y la empuja hacia abajo, ya que los socialistas registraron en mayo y en junio un 27,9 y un 27,4, respectivamente. Saltan las alarmas en Ferraz y en Moncloa porque la caída aterriza incluso por debajo del 28,3 obtenido en las elecciones generales del 10 de noviembre.

Saltan las alarmas porque no es solo la estimación el parámetro más dañado. En la conjugación del voto y la simpatía, que es un factor importante en la cocina de las expectativas electorales, la curva se va hundiendo también. El 26,5 por ciento logrado en abril dibujó el punto más alto, en coincidencia con la estimación de voto más elevada del año en curso. Hasta llegar a dicho dato, el PSOE bailaba entre el 25 y el 26. Después de ese dato, el desplome de junio, cuando obtuvo un 21,5.

Junio, de hecho, es un mes fatídico porque acumula los peores registros electorales de Sánchez y de su partido en lo que va de 2021. Por ejemplo, el porcentaje de ciudadanos que se decantan por el líder socialista para ejercer la Presidencia del Gobierno se precipitó a un 19,3 a pesar de que entre enero y abril se movió por el 25, el 26 y el 27 por ciento. Y si el CIS pregunta a los encuestados a qué formación votarían si las elecciones se celebraran "mañana" (es una respuesta espontánea), un 17,3 citó al PSOE, cuatro puntos menos que las cifras que manejaban en Ferraz y Moncloa al comenzar el curso anual.

Cara B: el PP

El Partido Popular se apropió del 21 por ciento de los votos en las elecciones del 10 de noviembre. El CIS no ha contribuido a estimular una visión optimista en Génova, si bien es cierto que en la dirección de Pablo Casado no miran a las tendencias que muestra el Centro de Tezanos, sino a las que enseña GAD3, la empresa de Narciso Michavila. Las encuestas hechas por esta entidad para diferentes medios de comunicación ponen al PP en ventaja respecto al PSOE. En la empresa sociológica pública no ocurre lo mismo.

Los populares, en sentido inverso al PSOE, empezaron mal el año, en porcentajes de estimación que en marzo, a rebufo de los comicios catalanes, tropezaron en el 17,9. Se confirmaba una trayectoria de declive al seguir durante el primer trimestre esta secuencia: 20,5-18,8-17,9.

Foto: El ministro de la Presidencia, Félix Bolaños. (EFE)

Pero en abril se produce el punto de inflexión y en mayo, la catapulta. El 20,6 por ciento registrado antes del 4-M salta al 23,4 después. Es indudable que la victoria de Ayuso ha propiciado en el ánimo del votante conservador una catarsis. El reto de Pablo Casado es que esa corriente de energía renovada le salpique. En eso está y en eso está volcado su partido. Junio, además, fue aún mejor: el PP se va al 23,9 y estrecha al máximo la distancia que le separa del PSOE.

También en voto+simpatía los populares han evolucionado favorablemente, pues del 12 por ciento que experimentaron en febrero se van al 18,4 de mayo y al 18,8 de junio. Los ciudadanos subieron al líder del PP a esta ola y fue creciendo el número de los que quieren verlo de presidente. Nuevamente, el 4-M sirve aquí de revulsivo porque en abril Casado era el preferido para estar en la Moncloa para un 9,5 de los encuestados, mientras que en mayo los es para el 12,5. Ahora bien, sigue lejos de Sánchez en este medidor.

Julio y el enigma de agosto

El barómetro de julio ha dejado en suspenso el cambio de tendencia. Expuso una inercia de mejora y remontada en el PSOE y otra de estancamiento en el PP. Los socialistas de Pedro Sánchez subieron al 28,6 y los populares contrajeron el crecimiento y se quedaron en un 23,4. Ferraz observa el dato con ilusión renovada al comprobar que mejora el resultado de las elecciones de noviembre. Génova, siempre dentro de la desconfianza que le inflige el CIS, tampoco evita la ilusión, pues ese 23,4 es mucho mejor que el 21 del 10-N.

Es más positivo el porcentaje de voto+simpatía del PSOE (23,9), así como el de los ciudadanos que prefieren a Sánchez de presidente (22), pero siguen lejos de los que registraban en ambos, en los meses de enero a abril. Además, al mandatario socialista le ha salido una competidora muy dura por la izquierda, Yolanda Díaz, que lleva dos barómetros superando a Casado en la predilección ciudadana sobre su presidente/a. Por el contrario, el PP se queda atrapado en los dos indicadores.

Las tres crisis de agosto pondrán a prueba la inercia de uno y otro. A partir de este lunes, vuelven las direcciones de ambos partidos al trabajo. Se acerca un otoño más que interesante.

Para la clase política, agosto es un mes tan deseado como temido. Quieren y necesitan agosto para descansar. Lo temen por la repercusión de sus crisis. Si explota un asunto delicado durante estos 31 días de playas y escapadas rurales, los asesores suelen consolar a sus jefes con eso de "la gente está a otra cosa", aunque sepan que decir algo así, en la época de los móviles, es una quimera. Si en vez de una crisis, acechan tres, a los asesores pocos consuelos les quedan.

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