Jordi Sànchez, la mano que mece la negociación... y que puede complicarla
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Jordi Sànchez, la mano que mece la negociación... y que puede complicarla

Sànchez y Joan Canadell, expresidente de la Cámara de Comercio de Barcelona, se han aliado en la defensa de posiciones más duras. La negociación avanza, pero puede romperse en cualquier momento

placeholder Foto: El secretario general de JxCAT, Jordi Sànchez. (EFE)
El secretario general de JxCAT, Jordi Sànchez. (EFE)

Las dificultades que están teniendo JxCAT y ERC para pactar un Gobierno tienen mucho que ver con las disidencias internas de JxCAT. Fuentes cercanas a esta formación explican que el secretario general de Junts, Jordi Sànchez, que cumple condena en la cárcel, es uno de los que están a favor de endurecer la negociación: su estrategia pasa por poner en aprietos a ERC, y si los republicanos no se pliegan a sus condiciones, provocar la repetición de elecciones. “Si se repiten las elecciones, JxCAT saldría beneficiada. Es difícil que ERC vuelva a ganarle otra vez”, relata a El Confidencial una fuente cercana al partido independentista, que considera que Esquerra no ha sabido gestionar los resultados electorales.

Fuentes conocedoras de las conversaciones aseguran a El Confidencial que el acuerdo ya está prácticamente cerrado, pero faltan algunos ‘flecos’ por cerrar, aunque no menores: habrá más consejerías a repartir y, prácticamente, se intercambiarán las carteras entre JxCAT y ERC, a excepción de alguna consejería, como Políticas Digitales o Territorio, que podrían seguir en las mismas manos y que incluso podrían perder algunas competencias de las que tienen para no alterar el equilibrio de poder entre las dos formaciones.

Dos de las áreas sensibles pertenecen al ámbito de la comunicación: la Secretaría de Difusión y las cúpulas de la televisión y la radio públicas

Dos de las áreas más sensibles sobre las que aún no está cerrado el acuerdo pertenecen al ámbito de la comunicación: la Secretaría de Difusión (que reparte las ayudas y las subvenciones a los medios de comunicación) y las cúpulas de la televisión y la radio públicas (TV3 y Catalunya Ràdio). También algunos flecos en el área de Exteriores y en el área económica, “pero que no supondrían ningún escollo importante”.

Foto: Reunión entre ERC y JxCAT en Lledoners. (EFE)

Pese a todo, el acuerdo se resiste, en gran parte debido a las tensiones internas dentro de Junts. El sector oficialista de JxCAT quiere llegar a un acuerdo, pero otro sector no. El propio Carles Puigdemont, que reclama un reconocimiento expreso de la importancia de su Consell per la República, es consciente de que no podrá integrar este órgano (que rechazan tanto ERC como la CUP) dentro de las estructuras del Govern, por lo que daría por bueno tener en sus manos la Consejería de Exteriores (que previsiblemente llevará su hombre de confianza, Josep Rius), para utilizarla como ariete paralelo a la acción de su Consell. Al margen de ello, el reparto del poder con ERC no contempla grandes escollos.

Una cultura política diferente

Pero hay un sector de JxCAT que es mucho más extremista en este sentido. Se da la circunstancia de que Jordi Sànchez, secretario general del partido, no proviene de la antigua estructura de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), como la mayor parte de la cúpula de JxCAT, empezando por el propio Puigdemont. Desde las filas posconvergentes, se advierte de que Sànchez “tiene una cultura política diferente y, sobre todo, no siente responsabilidad alguna respecto a compañeros de partido”, relatan fuentes de esta formación. Otra fuente exclama: “Claro, como no tiene a nadie dependiendo de él…”. Se refieren las fuentes a unos 300 altos cargos de confianza colocados a dedo en la estructura de la Generalitat.

Foto: El candidato de ERC a la presidencia de la Generalitat, Pere Aragonès. (EFE)

Estos altos cargos no solo tienen una responsabilidad política: el hecho de formar parte de la estructura del Govern hace que JxCAT pueda garantizar esos puestos de trabajo a los suyos, que no solo se ganan muy bien la vida (sus salarios, en la mayoría de los casos, superan los 70.000 euros anuales), sino que además tienen la posibilidad de otorgar contratos menores a personas o empresas ‘amigas’. Por si fuera poco, donan una media de entre el 3 y el 5% de sus sueldos al partido (algunas fuentes hablan incuso de que, en determinados casos, la cotización se eleva al 10%), lo que es un chorro de dinero para JxCAT cada mes. Si no hay empleo en la Administración, el partido dejaría de ingresar ese dinero extra.

Ajeno a estas circunstancias, un sector de JxCAT ha puesto a ERC en su punto de mira. Varias fuentes coinciden en señalar a El Confidencial que ese sector está liderado por Jordi Sànchez, pero, en realidad, el apoyo externo con que cuenta es la Asamblea Nacional Catalana (ANC), una organización que había presidido el propio Sànchez antes de entrar en la política activa. “Lo que pretende es que salte todo por los aires”, subraya una fuente. Es más: afirma que “los 300 altos cargos que tiene JxCAT en la Generalitat no han tenido contacto alguno con Jordi Sànchez y a él le va de fábula que no estén, porque no son de su cuerda. A nadie le debe extrañar que le interese que salten, porque no son de su confianza”. Y otra fuente añade que por esa actitud obstruccionista “hay mucha gente molesta con Jordi en JxCAT en estos momentos”. La conclusión es sencilla: “Jordi Sànchez es un mercenario que no sirve a los intereses de quien le puso ahí”.

Los ‘escuderos’ de Sànchez

En algunos círculos, se habla de “estrategia bélica” de Sànchez, que ha encontrado un aliado natural en Joan Canadell, expresidente de la Cámara de Comercio de Barcelona (que se afilió a JxCAT a mediados del mes de abril), defenestrado durante la campaña electoral por la estructura oficialista de Junts, pero apuntalado ahora en el Parlament como la voz disidente y dura del partido. También cuenta con la labor de zapa del exvicepresidente del Parlament Josep Costa, que rechazó la cartera de Justicia porque su meta era presidir la Cámara autonómica. Puigdemont prefirió poner en el Parlament a Laura Borràs, para así tener las manos libres en el Govern con gente de su total confianza, y Josep Costa no se lo ha perdonado.

Foto: El presidente de la Cambra de Barcelona, Joan Canadell. (EFE)

Costa y Canadell son los muñidores de una gran campaña anti-ERC que repite cada día que el diálogo con el Estado español es imposible y la mesa de diálogo que impulsa Esquerra no tiene futuro. En ese empeño, este sector duro de Junts es apoyado fervientemente por la ANC, que continuamente también lanza mensajes con esa máxima. El propio Canadell ya dejó sentenciado que “si vamos a elecciones, será porque no cumplimos con lo que nos piden nuestros votantes, así de fácil”. En todo caso, siempre hay quien asegura que “a Puigdemont ya le va bien que haya estas voces disidentes para llegar luego él como el salvador del pacto y firmar el acuerdo final con Esquerra”.

En ERC, no queda otra opción que llevar la negociación con paciencia estoica. Le quedan menos de tres semanas para intentar negociar. Hay quien dice que el acuerdo se hará esperar y que apurarán hasta el último minuto para presentar el acuerdo de Govern. Y hay quien dice que ERC intentará una maniobra final intentando una investidura con los votos a favor de la CUP y apelando a que el PSC opte por la abstención. Nada está atado todavía.

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