De la foto fallida con ERC, al 3-0 y la 'oferta trampa' al PP: así preparó Moncloa la moción
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UNA ELABORADA ESTRATEGIA

De la foto fallida con ERC, al 3-0 y la 'oferta trampa' al PP: así preparó Moncloa la moción

"Una moción es dinámica, así que no hay nada seguro", vaticinaban desde el entorno del Gobierno, justificando ciertos ajustes en función de cómo evolucionó el debate

Foto: De la foto fallida con ERC, al 3-0 y la 'oferta trampa' al PP: así preparó Moncloa la moción
De la foto fallida con ERC, al 3-0 y la 'oferta trampa' al PP: así preparó Moncloa la moción

La atención, el esmero, el tiempo de dedicación y la concentración de recursos que desplegó el Gobierno —y los grupos parlamentarios que lo sostienen— para preparar la moción de censura presentada por Vox, dan cuenta de la importancia estratégica que Moncloa le otorgó a este evento parlamentario. No se quería desaprovechar lo que definieron como "una oportunidad" y que, como finalmente ha sucedido, ha marcado un punto de inflexión en varias direcciones. Su alcance todavía está por determinar, pero apunta ya a varios efectos: la cohesión del bloque de la investidura a escasos días de que el Consejo de Ministros apruebe el proyecto de Presupuestos, el incremento de la presión al PP para que Pablo Casado se avenga a negociar con el Gobierno las renovaciones pendientes, principalmente la del CGPJ, y una mayor estabilidad de la legislatura disipando el fantasma de la convocatoria de elecciones que la oposición hizo sobrevolar como consecuencia de la gestión de la pandemia.

Todo se coordinó desde el gabinete de la presidencia con varias semanas de antelación, bajo la supervisión de Iván Redondo con la colaboración del responsable de comunicación de Unidas Podemos, Juanma del Olmo. En función de cómo fue evolucionando la moción se fueron realizando algunos ajustes. Así, estaba previsto por ejemplo que Pablo Iglesias interviniese en la primera jornada, después de que lo hiciese Pedro Sánchez. Se acordó un "reparto de papeles", sin embargo en Moncloa cantaron '3-0' en referencia a las réplicas y contrarréplicas entre Santiago Abascal y Sánchez, por lo que decidieron aplazar la intervención del vicepresidente segundo para que contestase la intervención de Pablo Casado en la jornada del día siguiente. '3-0' era el minuto y resultado que anotaban desde Moncloa, según su impresión, cuando la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, ordenó el primer receso de la moción de censura.

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"Una moción es dinámica así que no hay nada seguro", vaticinaban desde el entorno del Gobierno, que justificaron ciertos ajustes en función de cómo evolucionara el debate. Nadie dice que no se pueda improvisar, añadían estas mismas fuentes, aunque lo cierto es que tanto Sánchez como Iglesias prepararon a conciencia sus discursos el fin de semana anterior a la moción. Fue el lunes cuando se comunicó al resto de ministros del Gobierno, tras la reunión de maitines en la que participa el núcleo duro del Ejecutivo junto a sus asesores de confianza y responsables de comunicación, que además del presidente, Pablo Iglesias también se volcaría en la moción y que intervendría junto a Sánchez.

En ese momento, la dirección del grupo parlamentario de Unidas Podemos ya había decidido que apostaría, como en todos los grandes debates parlamentarios —investidura o Presupuestos— por distribuir los tiempos entre sus confluencias. La novedad, en esta ocasión, que lo harían solo diputadas para resaltar su alternativa a la ultraderecha "feminista y plurinacional". Desde la "república feminista" y el "país de países".

"Una moción es dinámica así que no hay nada seguro", vaticinaban desde el entorno del Gobierno, que justificaron los ajustes en función del debate

Por parte de los 'comuns' intervino Aina Vidal, que contó casi con el doble de tiempo de sus compañeras de grupo y que volvió al Congreso por primera vez desde la investidura de Pedro Sánchez, tras varios de meses de lucha contra el cáncer. "La última vez que pisé este hemiciclo elegíamos al presidente del Gobierno. Ese día fue un día bonito. Pese al ruido que intentó instalar la derecha fue un día luminoso, de esperanza. No solo porque se constituía un gobierno de izquierdas que tanto habíamos peleado, también porque este hemiciclo mostró su humanidad", arrancó para pedir que "demostremos que hay cosas que están por encima de todo: como la vida y la solidaridad".

El protagonismo de los 'comuns' no se redujo a la intervención de Vidal, sino que fue mucho más allá. Durante todo el fin de semana, Jaume Asens, también presidente del grupo confederal, estuvo negociando con todos los grupos de la Cámara para firmar un manifiesto conjunto en favor de la democracia y en rechazo a Vox. Encabezado por Unidas Podemos y PSOE, Asens logró sumar hasta diez partidos, que juntos suman 193 diputados, ensanchando así el bloque de la investidura frente a un rival común. Se buscaba que el manifiesto tuviese una clave más propositiva, pero el simple hecho de cohesionar los apoyos al Gobierno y atraer a más fuerzas fue considerado como un éxito.

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Tanto es así, que se quiso llevar más allá y visibilizar esta unidad entre todas las tendencias políticas que no fuesen "la foto de Colón", con otra foto. En este caso, de los representantes de todos los grupos firmantes en la Puerta de los Leones. La foto de la unidad en la diversidad, de la mayoría plurinacional frente a la foto de Colón. Los socialistas mostraron gran interés en visibilizarlo, y quizá precisamente por ello hubo un grupo que se negó a hacerse la foto: ERC. Todos los demás firmantes estaban dispuestos, pero se decidió dar marcha atrás para evitar la sonora ausencia y por respeto a los republicanos catalanes que sí habían firmado el texto.

La obsesión de Moncloa desde el primer momento pasaba por confrontar proyectos políticos y deslegitimar la alternativa representada por Vox. Nada de cordones sanitarios. De hecho, esa fue la propuesta de Gabriel Rufián, que sondeó a PSOE, Unidas Podemos y otros grupos afines para no intervenir durante la moción de censura y dejar al bloque de la derecha solo en el Congreso. De ninguna manera, le respondieron desde Moncloa, que ya tenían su estrategia preparada. Bildu se mostró partidario y el PNV no lo vio con malos ojos. De hecho, Aitor Esteban sintetizó la moción de censura de Vox con una intervención de 80 segundos, de los 30 minutos de los que disponía. La "despachó", según fuentes del grupo vasco. "El PNV no contribuirá a dar protagonismo a esta patochada", zanjó desde el estrado.

El portavoz del PNV, Aitor Esteban. (EFE)
El portavoz del PNV, Aitor Esteban. (EFE)

A pesar de la negativa de Moncloa de avenirse a este silenciamiento, sí tomó nota de que el silencio es el mensaje. Se decidió, y así lo trasladaron las direcciones de los grupos a los diputados en la reunión previa a la moción, evitar las interrupciones mientras Santiago Abascal u otros oradores estuviesen en la tribuna. No caer en ninguna provocación por muy gruesas que fuesen las acusaciones. Dejar de lado la imagen de crispación en el Congreso o, más concretamente, vincularla a la bancada de la derecha y la ultraderecha. "No todos somos iguales" y "dejar claro quiénes son los que crispan" era su intención. Silencio total cuando, por ejemplo, Iván Espinosa de los Monteros acusó a Unidas Podemos de "traer la violencia física".

Confrontar proyectos políticos, por tanto, en el fondo pero también en las formas. Pero no solo con Vox, de ahí la intención de obligar al PP a moverse o a situarse en el rincón de la ultraderecha. Europa también estaba mirando a Pablo Casado, como pudo constatar el vicepresidente segundo en una reunión que mantuvo el pasado lunes con los embajadores de todos los países europeos en la sede de la vicepresidencia. Iglesias no dudó en utilizarlo durante el debate.

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"Los liberales europeos no les van a avalar y no van a ayudarles a que puedan volver al Consejo de Ministros porque son la puerta de entrada de la ultraderecha", argumentó desde la tribuna dirigiéndose a Casado, a pesar de que este último ya había anunciado que votaría que no con un duro discurso de ruptura con Santiago Abascal, tanto en lo personal como en lo político. El día antes, Casado había mantenido un encuentro telemático con el vicepresidente de la Comisión Europea, Valdis Dombrovskis.

Ese movimiento de Casado, y siguiendo la línea 'monclovita' de que "nadie dice que no se pueda improvisar" en una moción de censura, propició que Pedro Sánchez subiese su apuesta. Desde Moncloa trasladaron a los medios que Sánchez intervendría a continuación y que realizaría un "anuncio importante". El anuncio fue que pararía el reloj de la reforma de la ley del Poder Judicial con la pretensión de que el PP se aviniese a negociar. Fue la guinda con la que Moncloa encajó la moción de censura. Un mensaje que se vendió como una "oferta" y una concesión para calibrar si Casado estaba verdaderamente dispuesto a recuperar su papel de "oposición de Estado".

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la moción de censura. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la moción de censura. (EFE)

Solo unas horas antes, el comisario europeo de Justicia había hablado telefónicamente con la ministra de Asuntos Exteriores para solicitarle detalles sobre la reforma. Si en la primera jornada de la moción de censura desde Moncloa se cantó 3-0, en la segunda celebraron haber parado un penalti. "El bloque de la investidura sale claramente reforzado, para los Presupuestos y para la estabilidad de la legislatura", aseguraba una ministra minutos después de que se votase la fallida moción de censura que ha aislado a Vox. Siguiente estación, los Presupuestos Generales del Estado, que el Gobierno pretende aprobar en el Consejo de Ministros del próximo martes, aprovechando el 'efecto cohesión' generado por la moción de censura.

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